La vida de los ucranianos Ivan y Oleksandr cambió por completo a causa de la guerra y la invasión rusa rompió todo a su alrededor, incluso su físico, tras perder un brazo y una pierna en combate, respectivamente. Durante la última semana han participado en un proyecto para conocer más su mente y su nuevo cuerpo, mientras navegan con otros soldados por Canarias.
La ONG Titans Under Sails ha organizado este año por segunda vez esta iniciativa que tiene su punto de partida en Tenerife y que se alargará durante todo el mes de enero, con cuatro expediciones en las que participarán cerca de un centenar de militares ucranianos que sufren las consecuencias de permanecer bajo cautividad en Rusia o que perdieron una o varias extremidades en el frente de batalla.
Proyecto
El objetivo, ha explicado a EFE una de las cofundadoras de la organización, Iryna Puryk, es llevar a cabo un “proyecto de rehabilitación en un entorno desconocido” para la gran mayoría de ellos como es el océano abierto, donde no solo se enfrentan a retos físicos, sino también psicológicos y consiguen crear un vínculo con otros veteranos de guerra con los que comparten el trauma de lo vivido.
“En el caso de los defensores que pasaron por las cárceles rusas, las condiciones son muy malas. Muchos estuvieron meses encerrados en una habitación solos sin comida, sin agua y bajo constante propaganda. Pero cuando están en el medio del océano, cuando solo ven la línea del horizonte, pueden respirar más profundamente. Pueden sentir que no tienen ninguna barrera”, ha indicado Puryk.

Ivan, un nuevo reto tras perder una pierna
Ivan, quien perdió su pierna derecha y la sensibilidad en el brazo izquierdo, se ha mostrado agradecido a Titans Under Sails por su dedicación y por afrontar el reto de llevar a un grupo de personas con discapacidad adquirida a un viaje en barco entre Tenerife, La Gomera y La Palma, mientras desarrollaban diferentes responsabilidades de navegación y recorrían por tierra la escarpada orografía de las islas. Para él, uno de los “momentos más importantes” ocurrió un día al desplazarse hasta el baño sin ayuda, ya que en ese momento pasaban por una zona con muchas olas y la gente estaba mareada descansando, por lo que decidió bajar solo las escaleras de la embarcación mientras todo se movía.
Al descender, Ivan sintió que se caía, pero su mano izquierda reaccionó y logró agarrarse de la barandilla de la escalera, lo que ha confesado que le resultó “realmente sorprendente” porque “nunca había sucedido antes”, aún menos en esas condiciones, lo que le hace sentir “muy orgulloso de si mismo”. “Durante esta semana hemos creado una nueva familia en el barco. Además, estuvimos hasta 24 horas con las prótesis puestas, mientras navegábamos o cuando recorríamos las islas. Fue desafiante, pero gracias a eso entendemos cuánto podemos hacer. Aquí tuve más posibilidades y motivación que al estar en casa para aprender sobre mi nuevo cuerpo, trabajando junto con el entorno y la naturaleza”, ha explicado.
Oleksandr, una experiencia que ayuda a olvidar
Mientras que para Oleksandr, quien perdió su brazo izquierdo a la altura del codo, esta experiencia le ha ayudado desde el primer día, ya que ha conocido a “mucha gente buena” que le ha ayudado a “olvidar un poco todo lo que ha pasado”, en especial a otro veterano de su misma ciudad con el que coincidió en el frente y con el que ahora pudo compartir “cosas en común” y “experiencias positivas”.
“La experiencia ha sido genial, tengo muchas ganas de vivirla de nuevo junto a mi familia. Después de estar aquí voy a organizar un viaje de navegación con ellos este año (…) Lo que más disfruté fue cuando practicábamos manejando el catamarán, porque sentía que tenía el control sobre algo. Cuando estoy en Ucrania, donde no puedo controlar nada de lo que está pasando, es muy difícil”, ha dicho Oleksandr.
Esta oportunidad ha sido nueva para ambos, ya que nunca habían navegado, pero también les ha enseñado cosas sobre su propia mente, lejos de Ucrania, donde siguen viviendo a día de hoy, gracias a la cual han podido darse cuenta de que “el cuerpo puede hacer de todo”, pero que depende “de lo que hay en tu cabeza”.
Idea
Una idea que repite Taras Opyr, otro de los cofundadores de la ONG y el piloto de una de las embarcaciones, quien ha reconocido que varios de los participantes le han confesado que, tras pasar por muchos procesos de rehabilitación, esta semana de viaje fue como recibir “meses de terapia en un psicólogo”, algo que para él se traduce en una “misión especial” para con sus compatriotas.
Opyr ha explicado que tras la primera experiencia realizada en 2025 tuvieron claro que debían continuar y han organizado más rutas durante el año en Grecia y Croacia, que se financian gracias a los voluntarios, quienes costean el alquiler de las embarcaciones pagando su pasaje y el de un soldado al que acompañan durante la travesía, lo que permite también la convivencia entre civiles y militares, otra cuestión fundamental.
Y es que, una vez concluido el viaje, rodeados de la diáspora ucraniana que reside en Tenerife, que los agasajó con comida local en un encuentro íntimo y lleno de agradecimiento por ambas partes, Opyr ha contado que cuando estaban en altamar tuvieron la oportunidad de pasar varios días juntos hablando “de la vida y de la guerra”, mientras disfrutaban del paisaje y hasta de ver delfines nadando en libertad. Una imagen que Ivan nunca olvidará y que le “ha llenado de felicidad”, un hecho que le ha hecho pensar sobre la gente, sobre sí mismo y sobre el mundo, que “es realmente hermoso”.