El Cabildo de Tenerife ha aprobado la contratación del diseño, seguimiento científico y ejecución de un sistema agroecológico para la ganadería semiextensiva en el Parque Rural de Teno, una intervención enmarcada en el proyecto RENATURMAC (2026-2028) con una inversión de 427.290 euros y un plazo inicial de 25 meses que puede prorrogarse hasta 2028 más dos años adicionales.
La iniciativa nace con la ambición de transformar el pastoreo tradicional de Teno en un modelo de sostenibilidad y economía circular que aproveche la flora autóctona y nuevas tecnologías de captación de agua, tras una fase previa de monitorización científica de las llamadas infraestructuras verdes.
El objetivo oficial persigue, por un lado, mejorar la viabilidad productiva de las explotaciones y, por otro, reforzar la conservación de los ecosistemas del parque.
Innovación sobre el terreno
Según la consejera de Medio Natural, Sostenibilidad, Seguridad y Emergencias, Blanca Pérez, la medida pretende que el ganado se alimente, en la medida de lo posible, de lo que ofrece la propia tierra, reduciendo la dependencia de forrajes importados y, con ello, la huella de carbono de las explotaciones.
En la práctica, eso significa desarrollar sistemas agroecológicos con especies vegetales nativas de potencial forrajero, evaluar su efecto en la salud animal y comprobar si influyen en la calidad organoléptica y comercial de la leche y los quesos locales.
Crear valor añadido
Además, el proyecto incorpora pruebas experimentales, entre ellas captadores de niebla para abastecer puntos críticos y tecnología de recuperación de subproductos ganaderos: suero lácteo y lixiviados de vermicultura se utilizarían para elaborar biofertilizantes que enriquezcan los suelos volcánicos del parque.
El planteamiento no es sólo técnico, puesto que también busca cerrar ciclos productivos y crear valor añadido local a partir de residuos que hoy se gestionan de forma limitada.
Ciencia y tradición en diálogo
El modelo propuesto por la corporación insular incluye un seguimiento científico sistemático de la infraestructura verde, que permitirá medir la capacidad del sistema para retener carbono y mejorar la biodiversidad del suelo, además de verificar los beneficios directos sobre el ganado y los productos derivados.
Esa combinación de vigilancia científica y prácticas tradicionales pretende dar respuesta a un doble reto: adaptación al cambio climático y sostenibilidad económica de las explotaciones.
Transformar pastizales y paisaje
Entre las acciones previstas figura el enriquecimiento de pastizales con variedades frutales locales para avanzar hacia una especie de “dehesa” en Teno Alto, una configuración que podría diversificar la producción y reforzar la resiliencia del territorio frente a condiciones extremas.
Para los ganaderos, estas medidas ofrecen la promesa de mayor autonomía forrajera y de opciones comerciales con mayor valor añadido, si los análisis demuestran mejoras en la calidad de la leche y el queso.
Vivir en Teno
Más allá de lo técnico y productivo, el proyecto se plantea como herramienta de política territorial, fijando población en los caseríos, haciendo viable la vida y el trabajo en Teno y proteger un patrimonio cultural y ecológico que define buena parte de la identidad local.
La intención anunciada es que una ganadería modernizada y sostenible sirva como ancla económica y social para los núcleos rurales.
