Cada año, cuando el invierno avanza y el calendario deja atrás la Navidad mientras el Carnaval empieza a tomar protagonismo en Canarias, Tenerife vive uno de esos momentos silenciosos que no salen en los programas oficiales, pero que muchos esperan con paciencia. Es entonces cuando los almendros despiertan y tiñen de blanco y rosa las medianías del oeste de la isla. Y hay un lugar donde este espectáculo se vive de forma especialmente intensa: Santiago del Teide.
Durante unas pocas semanas —normalmente entre finales de enero y febrero— el municipio cambia de ritmo. Lo que el resto del año es calma, altura y paisaje volcánico, se convierte en punto de encuentro para senderistas, fotógrafos, vecinos y curiosos que saben que la floración del almendro no espera a nadie.
Paisaje que se transforma
Santiago del Teide no destaca por su tamaño. Apenas supera los 10.000 habitantes repartidos entre varios núcleos, y su casco histórico no llega al medio millar de vecinos. Está situado a unos 930 metros de altitud, en el oeste de Tenerife, rodeado por municipios como Buenavista del Norte, Garachico, Icod de los Vinos o Guía de Isora. Esa altura, unida a su clima y a su tradición agrícola, es clave para entender por qué aquí los almendros florecen con tanta fuerza.
El resto del año, el paisaje es sobrio: bancales, monte bajo, piedra volcánica y senderos que se pierden entre laderas. Pero cuando llega la floración, el contraste es inmediato. Los campos se llenan de árboles cubiertos de flores delicadas que parecen desafiar la dureza del terreno en el que crecen.
Senderos
Una de las grandes particularidades de Santiago del Teide es que no hace falta planificar grandes rutas para disfrutar de los almendros en flor. Muchos de los senderos parten prácticamente desde el propio casco urbano y atraviesan zonas agrícolas donde estos árboles forman parte del paisaje cotidiano.
Entre los recorridos más conocidos está el Camino de la Virgen de Lourdes, una ruta sencilla que comienza cerca de la iglesia del pueblo y asciende suavemente por la ladera. Es un camino corto y accesible, reconocible por elementos muy concretos: pequeñas cruces blancas alineadas, un puente modesto y vistas abiertas hacia el entorno rural. No es una ruta exigente, pero sí lo suficientemente evocadora como para entender por qué se ha convertido en una de las más transitadas durante estas semanas.

Un fenómeno breve
La floración del almendro en Santiago del Teide dura lo justo. Un cambio de temperatura, una semana de viento o una lluvia inesperada pueden acortar el espectáculo. Por eso, cuando empieza, el municipio se prepara para recibir a miles de visitantes.
El alcalde, Emilio Navarro, ha señalado en distintas ocasiones que se trata de uno de los paisajes más llamativos del invierno en Tenerife. Durante estas semanas, el Ayuntamiento impulsa una programación paralela que incluye mercadillos, música, rutas gastronómicas y actividades culturales, pensadas tanto para quienes llegan de fuera como para los propios vecinos.
Naturaleza, calma y espectáculo efímero
La floración de los almendros no tiene horarios ni entradas. No hay gradas ni escenarios. Solo un paisaje que se transforma durante unas semanas y recuerda que, incluso en una isla tan visitada como Tenerife, todavía existen rituales naturales que marcan el calendario sin necesidad de grandes anuncios.
Quienes llegan a tiempo lo saben: ver los almendros en flor en Santiago del Teide es uno de esos planes sencillos que se disfrutan sin prisas y que siempre dejan ganas de volver el próximo invierno.