Mientras sobre la glorieta se celebra la gran obra de ingeniería de la pasarela peatonal Anchieta, bajo ella persiste una herida abierta en el monumento y así lo comentan seguidores y estudiosos de José de Anchieta y de la talla que le recuerda, lamentando que no se haya hecho “ni una mención, ni una palabra, ni un gesto hacia el jesuita lagunero que sigue siendo considerado apóstol y patrón de Brasil”
“Me da pena que una figura tan solemne, tan importante para la historia de La Laguna, que la venimos descubriendo hace tan poquito, quede relegada de esta manera”, confiesa Antonio Hernández, lagunero, estudioso y profundo conocedor de la vida y legado de Anchieta.
Una escultura mal reparada
La escultura de José de Anchieta, obra del escultor brasileño Bruno Giorgi, fue concebida como un caminante que “levanta vuelo” hacia el puerto, sin dejar de mirar hacia atrás, a La Laguna, su ciudad natal. Ese impulso, ese gesto de avance y regreso al mismo tiempo, se expresa también en la base de granito brasileño sobre la que se eleva el bronce.
Esa base es, precisamente, el origen del conflicto. Durante uno de los traslados de la pieza, vinculados a las distintas obras en el entorno, una pala rompió la peana original. “En uno de esos traslados, la peana de granito brasileño, que hace el propio escultor, recibe el golpe de una pala y se rompe”, recuerda Hernández.
Camuflar la rotura
Explica el entrevistado que lo que vino después, lejos de reparar el daño, lo camufló. “Como solución, en lugar de arreglarla, es decir, en lugar de añadirle el cascote que la rompieron y restaurarla, lo que hacen es ponerle una estructura metálica para que no se caiga la estatua de bronce”, relata y añade que esa base terminó escondida bajo ladrillos y mampostería.
Hoy, el monumento se alza sobre una pilastra de varios metros de altura, “elevado casi como un almirante”, pero bajo esa nueva imagen monumental, el problema de origen persiste, según Hernández. “Han vuelto a ocultar lo que rompieron y no han tenido la decencia de dedicar un poco del presupuesto millonario a arreglarla y respetar lo que significa esta escultura’”, lamenta.

Migajas para el patrimonio
La crítica de Hernández no se queda en lo estético. Apunta directamente a las prioridades. Mientras la gran actuación en la glorieta y la pasarela ha supuesto una inversión cercana a los 14 millones de euros, en palabras de Hernández, la restauración de la base de granito brasileño sería, en comparación, casi simbólica.
“El gasto del granito de Brasil apenas son 3.000 dólares”, subraya. Calcula que, incluyendo trabajos especializados y tecnologías actuales, “la obra no llega ni a 60.000 euros”. Y se pregunta cómo es posible que, dentro de una intervención millonaria, no se haya encontrado esa pequeña parte para restituir la obra a su estado original.
Un BIC que no avanza
A esa “apatía” hacia el monumento se suma la larga espera por la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC). Hernández, que lleva décadas investigando y difundiendo la figura de Anchieta, impulsó hace dos años la solicitud formal ante el Cabildo de Tenerife.
“Lo presenté hace dos años porque merece que se respete”, relata, señalando que la iniciativa responde a su estudio sobre los pasos de Anchieta y, a partir de ese trabajo, elaboró el proyecto de declaración. Hoy, a sus 80 años, confiesa sentir más tristeza que sorpresa: “Todo lo que uno recibe es que te ignoran, llamas, no te contestan…”.
El lagunero que el mundo reconoce
Cuando habla de Anchieta, Antonio Hernández abandona la queja y se emociona. Reconstruye, casi de memoria, la vida del niño lagunero que se convertiría en figura clave de la historia de Brasil. “Es el hombre y también el niño que salió de La Laguna, que naciera donde hoy está el convento de las Claras y que, desde allí a los 14 años saliera hacia Coimbra”, destaca
En Coimbra estudió “el equivalente a un magisterio" de los años 60” y desde ese lugar partió hacia Brasil, enfermo, para desarrollar una labor que lo convertiría en referente espiritual e intelectual de un país entero. “Que sea el apóstol del Brasil, patrón del Brasil, fundador de Río Janeiro, dramaturgo…”, enumera, exponiendo su importancia como figura clave de la cultura brasileña, mientras su ciudad natal sigue debatiéndose entre el reconocimiento y el olvido.
Intelectual
Hernández insiste en el nivel intelectual de Anchieta y recuerda que “creó una gramática para el tupí-guaraní cuando en España no se conocía la gramática castellana”. A su juicio, estamos ante “un personaje por encima de San Juan de la Cruz”.
“Es un personaje trascendental como intelectual, al margen de su posición religiosa y casi no se habla de él, no se estudia”, subraya
Muchos lo quieren, pero pocos lo cuidan
Explica el experto que la escultura que se alza sobre la glorieta trata de condensar todo ese viaje, desde el adolescente que inicia su camino, el caminante que avanza, la sotana, el bordón en la mano y hasta la peana inclinada que simboliza el vuelo. “Es como quien eleva el vuelo. Así comienzo el camino”, resume, citando el sentido artístico de la obra.
Por eso le duele especialmente que, con la excusa de “no quedar feo”, se haya cubierto la base y alterado la composición. “No es que lo hagan con mala intención, pero están en otra cosa. No es el arte lo que les mueve, a pesar de que hablan de la magnífica obra que se hace”, señala.
Glorieta del Brasil
En la inauguración de la pasarela, dice, Anchieta estuvo “como un testigo mudo”. Ni se nombró el motivo que da nombre a la glorieta, ni se recordó el acuerdo que la originó como símbolo de unión entre Brasil y La Laguna, expone
“En el proyecto del ingeniero ni siquiera aparece la denominación Glorieta del Brasil, que es el topónimo con el que el Ayuntamiento de La Laguna aprobó la colocación del monumento en 1960”, explica. “Posteriormente, ya popularmente conocida como rotonda del Padre Anchieta”, añade, subrayando la diferencia entre la memoria oficial y la memoria popular.
