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Imagen de una balsa de Tenerife. / CABILDO DE TENERIFE

¿Por qué Tenerife no tiene tantas presas como otras islas para aprovechar el agua de la lluvia?

En Tenerife existen más de mil galerías excavadas, algunas con varios kilómetros de longitud, destinadas a interceptar los acuíferos interiores. El más importante es el de Las Cañadas, que mantiene caudales estables

Tenerife apenas cuenta con grandes presas pese a ser una isla marcada por la escasez hídrica. La explicación no está en decisiones recientes, sino en la propia naturaleza volcánica del territorio, que condicionó desde hace más de un siglo la forma en que se buscó y aprovechó el agua.

Según explica Eustaquio Villalba Moreno, autor de Historia del conocimiento hidrogeológico de Tenerife, en conversación con Atlántico Hoy, el desarrollo hidráulico insular se orientó hacia el subsuelo desde finales del siglo XIX, cuando el aumento de población y la demanda obligaron a buscar nuevas fuentes mediante perforaciones cada vez más profundas y la construcción de galerías.

El origen del modelo

Las primeras galerías surgieron para aumentar el caudal de nacientes ya existentes, especialmente en zonas como Arafo. Con el tiempo, estas infraestructuras evolucionaron hasta atravesar macizos completos para captar agua y abastecer núcleos urbanos como Santa Cruz, donde la escasez era un problema grave. La perforación permitió acceder a grandes volúmenes gracias a la presión natural del agua infiltrada en el interior de la isla.

Durante décadas, incluso se debatió el origen de esas aguas. Mientras algunos ingenieros defendían que procedían del mar evaporado por el calor volcánico, estudios posteriores demostraron que su origen era la lluvia infiltrada en terrenos volcánicos altamente permeables.

Un acuífero dentro de la roca

La investigación científica confirmó que el agua no forma grandes lagos subterráneos, sino que impregna los poros de la roca volcánica. Este sistema dio lugar al concepto de aguas basales, masas de agua dulce que flotan sobre el agua salada y alimentan nacientes y galerías cuando se produce una diferencia de presión.

El avance del conocimiento hidrogeológico durante el siglo XX permitió comprender cómo funcionaba el acuífero insular. Estudios impulsados en los años sesenta analizaron la capacidad de infiltración de las rocas y contribuyeron además al desarrollo del mapa geológico moderno de Tenerife.

Por qué las presas no funcionaban

La razón principal por la que Tenerife no desarrolló grandes embalses está en su permeabilidad. Villalba señala que construir una presa en la isla implicaba que el agua desapareciera rápidamente, ya que el terreno volcánico filtra el agua con facilidad.

Además, el agua superficial representa una proporción muy pequeña frente a la que se infiltra. Las lluvias generan escorrentías irregulares y poco abundantes, con años muy húmedos y otros secos, lo que reducía la eficacia de almacenar agua en presas convencionales.

Más de mil galerías bajo la isla

Ante estas condiciones, el modelo hidráulico se basó en captar el agua subterránea. En Tenerife existen más de mil galerías excavadas, algunas con varios kilómetros de longitud, destinadas a interceptar los acuíferos interiores. El más importante es el de Las Cañadas, que mantiene caudales estables gracias a la recarga lenta procedente de la lluvia.

Sin embargo, la explotación no ha sido uniforme. En determinadas dorsales de la isla se produjo una extracción intensiva que redujo el nivel del acuífero, mientras que otras zonas mantienen un equilibrio mayor entre recarga y consumo.

Del crecimiento poblacional

El aumento demográfico y económico transformó el sistema hídrico. Tenerife pasó de decenas de miles de habitantes en el siglo XIX a cerca de un millón en la actualidad, incrementando la demanda agrícola, turística e industrial. El máximo aprovechamiento del agua subterránea se alcanzó en los años sesenta, cuando se superaron los 200 hectómetros cúbicos extraídos anualmente.

Hoy la extracción es menor y el debate se centra en la gestión. Villalba señala que uno de los principales problemas es la pérdida de agua en las conducciones, junto a la ausencia de políticas de ahorro y el elevado consumo por habitante.

Alternativas al modelo tradicional

Entre las opciones planteadas figuran la reutilización de aguas residuales, la desalación, limitada por su alto consumo energético, y la captación adicional de recursos subterráneos manteniendo el equilibrio para evitar la salinización de los pozos.

Según el autor, el aprovechamiento del agua en Tenerife ha estado siempre condicionado por su geología: mientras en otras islas las presas pudieron ser útiles, en Tenerife el agua terminó buscándose bajo tierra, donde permanece almacenada tras filtrarse lentamente desde la lluvia.