Las Palmas de Gran Canaria se ha convertido en un plató de cine asiduo. Estas semanas lo hace con la ópera prima de Clara Santaolaya, una película que adapta y amplía el universo de su cortometraje Alegre y Olé y que ha comenzado su rodaje en la capital grancanaria con Mireia Oriol como protagonista.
El salto al largometraje llega después de varios años de trabajo sobre una historia que, según cuenta la directora vallisoletana, fue creciendo casi de forma natural. “Estoy muy contenta, muy orgullosa y muy agradecida de empezar aquí en Canarias”, explica Santaolaya, señalando que en la ciudad se está rodando la parte vinculada a “los buenos recuerdos”, ese pasado feliz al que todos quieren volver alguna vez de veranos, playa, la infancia, los padres, los abuelos y esa memoria familiar que permanece incluso cuando todo lo demás se tambalea.
Del corto al largo
Tras el cortometraje, la protagonista, Lena, es en esta película una estudiante de cine que, al regresar a casa, se reencuentra con las cintas grabadas por su abuelo: cumpleaños, viajes y momentos cotidianos que forman parte de la memoria familiar. A través de ese archivo doméstico, la película reflexiona sobre los orígenes, la identidad y el propio cine.
La historia también sigue la búsqueda de una cinta perdida que podría contener el recuerdo del día en que los abuelos de Lena se enamoraron. Ese viaje íntimo por la memoria familiar será una forma de reconciliación con el pasado y, también, con la pasión por mirar y contar historias.

Qué pasa después
La directora explica que, al escribir el corto, descubrió que el personaje tenía “un universo muy complejo en su interior” y que necesitaba saber qué pasaba después. Ese “después” es una de las claves de la película. Santaolaya apunta que, cuando se habla de salud mental o de intentos de suicidio, muchas veces la mirada se queda en las razones o en el momento en el que ocurre, pero no tanto en el acompañamiento posterior.
La película aborda la salud mental, la culpa, los silencios familiares y la dificultad de ayudar a alguien que atraviesa un momento límite. Pero la directora insiste en que no quería quedarse solo en el dolor. Para ella, la historia tiene “un prisma esperanzador” y habla también de la posibilidad de salir adelante, de pedir ayuda y de encontrar luz en medio de un momento oscuro.
Santaolaya considera que todavía queda mucho por naturalizar y por hablar, pese a que este tema ocupa cada vez más espacio en la conversación pública. Y, en este sentido, Lena y su abuelo, los protagonistas, pertenecen a “dos generaciones de las más maltratadas por la salud mental ahora mismo”, las personas jóvenes y las mayores.
Una protagonista incómoda
Para Mireia Oriol, volver a esta historia ha sido “un regalo”. La actriz recuerda que rodó el corto hace cuatro años y que, desde entonces, ha mantenido el contacto y la amistad con Santaolaya. Por eso, saber que la película salía adelante y que la directora quería volver a contar con ella ha sido “muy especial”.
La actriz define a Lena como una protagonista “muy compleja”, una joven que vuelve a la vida después de un intento de suicidio y que se relaciona con el mundo desde la rabia, la vergüenza y la sensación de no pertenecer. Precisamente por eso, destaca que no es un personaje fácil ni evidente: “Me gusta que sea una tipa que está lejos de poder ser victimizada, ella no se deja victimizar”.

La familia como refugio y herida
La familia ocupa un lugar central en la película. Santaolaya la entiende como un espacio que construye la identidad “para bien y para mal”. En esta historia, todos los personajes intentan acercarse a Lena, pero no siempre saben cómo hacerlo.
La directora resume esa tensión como una incomprensión que duele especialmente porque nace entre personas que se quieren. “Todos mis personajes se sienten culpables, pero todos quieren ayudar”, señala. Para Santaolaya, ahí está una de las partes más interesantes de la película: la frustración que aparece cuando el amor existe, pero no basta para saber cuidar al otro.
Las Palmas, el lugar de la memoria feliz
En Las Palmas de Gran Canaria se rueda la parte más luminosa de la historia. Santaolaya explica que la ciudad, no será solo un decorado, sino que representa ese pasado idealizado de vacaciones, playa y familia. “Qué mejor sitio que aquí para esta luz, estas playas”, apunta la directora sobre el papel de la capital grancanaria en la película.
Aunque, también es el escenario del clímax de la historia, que se grabó el primer día de rodaje. Para Oriol fue un comienzo fuerte con una escena de gran carga emocional que obligó a la actriz a entrar de lleno en el personaje desde el principio.
La intérprete reconoce que el papel es exigente porque obliga a medir mucho cada emoción. Para ello, el equipo ha contado con la coach Natalia Barrientos y con semanas de ensayo previas, algo que Oriol valora especialmente, al igual que la confianza con Santaolaya y la energía del equipo canario.

Canarias como punto de partida
El equipo rodará en la isla durante unas dos semanas, aunque ya había trabajado antes en tareas de localización y preproducción. Para Santaolaya, comenzar aquí tiene sentido no solo por lo que aporta visualmente la ciudad, sino también por el crecimiento de la industria audiovisual en Canarias.
“No me ha sorprendido el nivel porque ya había trabajado aquí como productora”, señala. Santaolaya recuerda que en Canarias se ruedan cada vez más proyectos y valora tanto la calidad de los equipos como el apoyo institucional y la implicación de las ciudades. Para ella, Las Palmas de Gran Canaria es “un muy buen lugar para arrancar este viaje”.
Una película sobre volver
La ópera prima de Clara Santaolaya habla de una joven que vuelve a casa sin saber muy bien cómo seguir adelante, pero también de una familia que aprende a acompañar, de un abuelo que conserva la memoria en sus grabaciones y de una ciudad que encarna los recuerdos felices.
En ese cruce entre salud mental, familia, cine y memoria, Alegre y Olé da el salto del corto al largometraje con una historia íntima que empieza a tomar forma en Las Palmas de Gran Canaria. Una película sobre el dolor, sí, pero también sobre la posibilidad de mirar hacia atrás para encontrar una forma más luminosa de seguir.