Imagen del rodaje de 'Manantial'./ El Viaje Films
Imagen del rodaje de 'Manantial'./ El Viaje Films

José Alayón, director de ‘La Lucha’: "La ficción es una herramienta muy poderosa para construir la identidad"

El director de 'La Lucha' y productor de El Viaje Films repasa el estreno de 'Las islas afortunadas' en Toronto, antes de competir en la Seminci, y adelanta un nuevo proyecto sobre el sur de Tenerife

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Las islas afortunadas llevaba entre cuatro y cinco años gestándose cuando José Alayón subió al escenario del Festival de Toronto junto a Samuel Delgado y Helena Girón, sus directores. "La idea de exponerte ante el público es muy bonita, y un público tan especializado como el de Toronto, de un festival de clase A, es muy especial", resume José Alayón a Atlántico Hoy.

Alayón no solo produce la película a través de El Viaje Films: también firma su fotografía, un doble papel que ya ha repetido en otras cuatro ocasiones. Es el mismo equipo que está detrás de La Lucha, la película canaria más vista de los últimos años y que el propio Alayón ha dirigido, que acaba de sumar los premios a Mejor Producción Canaria Autóctona y Mejor Interpretación Masculina Canaria en la primera edición de los Cinerama Canarias del Festivalito de La Palma.

La conversación no se queda solo en Toronto. Alayón adelanta también un proyecto propio, todavía sin cerrar, sobre cómo el turismo cambió el sur de Tenerife, la tierra donde nació —en La Camella, Arona— y que ha visto transformarse muy de cerca.

Un público de festival de clase A

Alayón ya había estado antes en Toronto, pero como visitante: presentando La Lucha como proyecto, en formato de pitching, antes de que existiera la película. Esta vez era distinto. "Es la primera vez que pones tu película ante un público que tiene mucha experiencia de años", cuenta. Las críticas y la respuesta del público, sin embargo, fueron buenas: "Hubo una conexión muy grande con la película a nivel emocional".

El siguiente destino de este nuevo proyecto se encunetra muy cerca y es la Seminci de Valladolid, en sección oficial internacional, donde será una de las dos películas españolas que aspirarán a la Espiga de Oro este año. Es, además, la primera vez que El Viaje Films compite allí con un largometraje: antes solo habían estado con Aitana, un cortometraje de Marina Alberti.

El equipo de la película 'Las islas afortunadas' en el Festival de Toronto./ CEDIDA POR JOSÉ ALAYÓN
El equipo de la película 'Las islas afortunadas' en el Festival de Toronto./ CEDIDA POR JOSÉ ALAYÓN

Actores no profesionales

Las islas afortunadas mezcla actores profesionales franceses y de gran recorrido (Lou Castel y Grégoire Colin) en el papel del marqués que domina la isla, con actores no profesionales canarios, incluida Luisa Ahl Laabiad, actriz saharaui que debuta en el cine, en el papel de los habitantes.

No es una elección casual: "Nos gustaba mucho la idea de que los actores profesionales fueran los poderosos, y los no actores fueran la gente de la isla", explica Alayón. Es la misma lógica que ya usaron en La Lucha, con luchadores y luchadoras reales en pantalla: quienes tienen el relato, dice, suelen ser siempre los marqueses, los propietarios, y esa mezcla aporta algo al propio relato.

Detrás está Cendrine Lapuyade, directora de casting francesa afincada en Marsella, especializada en street casting (una tradición mucho más asentada en Francia que en España), con la que ya trabajaron en La Lucha.

El proceso no se limita a elegir caras: "Vemos a cientos de personas, incluso miles", y a partir de ahí reescriben los personajes para adaptarlos a quienes encuentran, en lugar de buscar a alguien que encaje en un papel ya cerrado. Ese trabajo de casting, dice, también les sirve para seguir escribiendo la película y para entenderla mejor antes de rodar.

El resultado, sostiene Alayón, es un naturalismo que a los actores profesionales les cuesta más alcanzar, precisamente porque llegan con más oficio y más "manías": "Hay algo espontáneo, algo muy vivo con ellos". Antes de empezar a rodar ya se ha generado un vínculo con el reparto no profesional, fruto de ese proceso de pruebas e improvisación, que luego se nota en pantalla.

Dos oficios en un mismo rodaje

Esta es la quinta película en la que Alayón combina producción y dirección de fotografía, algo que asumió casi por necesidad: estudió dirección en la escuela de cine de Cuba y nunca pensó dedicarse a la imagen, pero empezó a hacerlo cuando su amigo Mauro Herce (ganador de dos premios Goya, por O que arde y Sirât) no podía encajar el rodaje en su agenda, primero en Blanco en blanco y después en La ciudad oculta.

El interés, sin embargo, ya estaba ahí de antes, aunque fuera de forma intuitiva: en sus propios cortometrajes y proyectos pequeños ya se había encargado él mismo de la cámara. "De alguna forma natural he ido cogiendo la cámara, encargándome un poco de la luz de las películas, hasta ya creérmelo un poco, que soy fotógrafo también", admite entre risas.

Compaginar ambos papeles, asegura, ya lo lleva con naturalidad, apoyado en un equipo de producción de confianza (Marina Alberti, Jairo López, José Miguel y Jaime Becki) al que delega por completo durante el rodaje: "Cuando me meto a hacer la foto, desconecto".

El director de cine tinerfeño José Alayón posa en el terrero insular de lucha Pancho Suárez. / EFE - ALBERTO VALDÉS
El director de cine tinerfeño José Alayón posa en el terrero insular de lucha Pancho Suárez. / EFE - ALBERTO VALDÉS

Apuesta por la mirada

Con veinte años de trayectoria en El Viaje Films, Alayón resume así el criterio para elegir proyectos: "Nos importa mucho la visión del director sobre el mundo, y sus trabajos anteriores. Más que la historia en sí misma". Es lo único que conecta películas tan distintas como La Lucha y Las islas afortunadas: una forma ética y política de acercarse a la gente y a los temas que filman, más que un tema compartido.

Esa misma idea define su forma de dirigir. "El cine es imagen. Me interesa mucho más construir las historias desde ahí que desde la palabra", afirma, en lo que describe como una reacción contra la influencia de la televisión en el cine comercial actual. El guión, insiste, "no es la película ni mucho menos": es solo el punto de partida para convertir una idea en imágenes.

Cerca de los lugares que filma

Su primer largometraje, Líbano, hablaba de chicos inmigrantes marroquíes que salen de los centros de menores a los 18 años y quedan en una especie de limbo. Después llegaron diez años en Madrid, trabajando sobre todo como productor, en los que apenas dirigió. "Creo que va vinculado a que tengo que estar cerca de los lugares", explica: solo al volver a Canarias sintió de nuevo la necesidad de ponerse detrás de una cámara.

Esa cercanía es también una postura ética, no solo geográfica. Alayón rechaza la jerarquía habitual de un rodaje —el director como jefe, el productor, y luego el resto del equipo por debajo— y dice pensar constantemente en por qué se hace una película y por qué se coloca la cámara en un lugar concreto: "Eso es un posicionamiento ético".

En La Lucha, dice, ese cuidado significó acercarse con respeto a una tradición ancestral canaria, preguntándose de qué forma contarla para sentirse a gusto con el resultado, tanto él como la propia comunidad de la lucha.

Las ideas, además, tardan años en convertirse en película. El proyecto sobre el sur de Tenerife lleva rondándole cerca de dos décadas, desde un documental que rodó hace tiempo sobre las galerías de agua de la zona. "Siempre pienso con una mano en algo que no entiendo, pero que sí intuyo", resume sobre ese proceso, más intuitivo que planificado.

El equipo detrás de la película 'Las Islas Afortunadas' en Toronto./ CEDIDA POR JOSÉ ALAYÓN
El equipo detrás de la película 'Las Islas Afortunadas' en Toronto./ CEDIDA POR JOSÉ ALAYÓN

De La Lucha al sur de Tenerife

La Lucha nació de un redescubrimiento casual: Alayón volvió a ver la lucha canaria años después en Gran Canaria, junto al cineasta David Pantaleón, y se preguntó por qué nadie había hecho antes una película sobre ella. El éxito posterior, dice, le ha dado algo más importante que el reconocimiento: la sensación de haber aportado algo a la construcción de la identidad canaria a través de la ficción.

Su siguiente proyecto propio, todavía en fase de escritura y del que prefiere no dar más detalles hasta tenerlo cerrado, vuelve a sus orígenes: el sur de Tenerife, donde nació, en Arona, y cómo se construyó allí el modelo turístico.

Esta se trata de una idea que lleva casi veinte años rondándole, desde que rodó un documental sobre las galerías de agua de la isla, esos túneles excavados para extraer agua que hicieron posible convertir un sur árido en el destino turístico que conocemos actualmente.

Ahora mismo rueda un cortometraje sobre esas mismas galerías, como paso previo a la película. "La verdad, hacía tiempo que no me pasaba que me pusiera a escribir un guion y me salieran tantas ideas tan rápido", concluye Alayón.

 

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