Diseñador, director artístico, creativo y amante de los retos complejos. Así se define Kilian Betancor, un grancanario que ha logrado hacerse un hueco en el exigente mundo del Carnaval desde su faceta más creativa. Formado en Bellas Artes en Tenerife y diseño en Barcelona, con una trayectoria previa en el marketing de grandes marcas, Kilian encontró en el Carnaval el espacio perfecto para fusionar todas sus pasiones.
Su historia en las fiestas comenzó en 2016 diseñando a su pareja, Drag Chuchi, hasta que en 2019 alcanzó la victoria en esa categoría. A partir de ahí, centró su mirada en las galas de reinas, presentándose prácticamente todos los años hasta conseguir el ansiado primer premio en 2025 con 'Bohemia' y la candidata Coral Gutiérrez. Un triunfo que, según confiesa, no fue una explosión de alegría inmediata, sino "un sentimiento de alivio" tras años de intentos y una "carrera de fondo".
Una mirada desde dentro del Carnaval
Pero Kilian es mucho más que un diseñador de fantasías. Desde 2023 ha ejercido como director artístico de los carnavales de Telde y Mogán, una faceta que le ha permitido conocer el Carnaval desde otra perspectiva. Ahora, tras un 2026 sin presentar candidata por problemas de patrocinio, el creativo se toma un respiro, agradece el parón y sueña con dar el salto a Tenerife: "No creo que exista un solo diseñador que no piense un día en estar en el Recinto Ferial de Santa Cruz".
En esta entrevista, Kilian habla de las diferencias entre diseñar para una reina o para un drag —"el drag es incluso más complejo"—, critica la falta de herramientas para atraer patrocinadores y lanza un mensaje de defensa del Carnaval como fiesta identitaria canaria. Porque, como bien dice, "deberíamos mimarlo mucho más entre todos".
[Pregunta] Kilian, ¿has pertenecido a algún grupo de carnaval o te dedicaste al carnaval diseñando?
[Respuesta] No, la verdad que no. De hecho, de las cosas que yo más me arrepiento de los cuatro años que estuve estudiando Bellas Artes en Tenerife es que no aproveché para meterme en ningún grupo de carnaval. Ahora ya me veo un poco mayor para meterme en una agrupación. El mundo murga nunca me llamó así mucho la atención —sí a nivel de diseño—, pero no me llamó nunca la atención. En comparsas y en algún taller de algún diseñador en Tenerife perdí la oportunidad, la verdad. Nunca he participado activamente en un grupo.
Tras el éxito de Bohemia, ¿cómo recuerdas aquel momento dos años después?
Pues mira, me lo estás diciendo y se me ponen los pelos de punta, porque fue muy emocionante. Me lo han preguntado varias veces y para mí ese momento tampoco fue como yo me lo esperaba, de ganar y de repente que todo suceda maravilloso. Fue más bien un sentimiento de alivio, como que llevaba muchos años intentándolo y era una carrera de fondo. Cuando llegué es como "uff, llegué". No fue una alegría de ganar, sino una alegría de llegar. Para mí era una meta, un objetivo. La verdad que fue muy emocionante. Cuando llevas un traje que tú crees ganador y que encima llega al backstage y tus compañeros lo ven y todo el mundo te dice que tienes posibilidades de ganar, son tres o cuatro días desde que empiezas a montar el traje de nervios, de tensión. Cuando gané, al final es un sentimiento de alivio. Luego a posteriori me han venido un montón de cosas súper positivas. Tener ese reconocimiento te abre puertas para hacer otros trabajos, para acoger otros proyectos. Aunque en el 2026 no presenté —la verdad que fue misión imposible encontrar un patrocinador—, al final fue un año de reconocimiento que me alegro por haberlo vivido así.
Un paréntesis para repensar el Carnaval
Este paréntesis de no estar, ¿te sirve para plantearte nuevos objetivos?
Pues sí. La verdad que al principio lo gestioné mal, porque volvía, en teoría continuaba con mi antiguo patrocinador, pero es una empresa familiar. Tuvieron un pequeño conflicto familiar y al final, a mitad del proceso, decidieron no continuar con el patrocinio. Yo ya había comprado bastantes cosas para el proyecto de 2026 y al final se quedó truncado. Ya era demasiado tarde para buscar un nuevo patrocinador, aunque lo intenté. Al principio me lo tomé bastante regular, tirando a mal, y ahora con el tiempo casi que lo agradezco. Agradezco haber cogido ese tiempo de respiro y de aire para repensar los diseños, para replantear otros objetivos, saltar a otros carnavales, quién sabe. Al final yo creo que lo agradecí. Este año de momento no tengo nada cerrado, pero soy optimista.
Te ves compitiendo en el próximo 2027. ¿dando el salto a Tenerife?
Sí, la verdad que siempre ha sido mi ilusión poder estar en Tenerife. Ya no con el ansia de ganar, sino de vivir esa experiencia. Al final la Gala de la Reina de Santa Cruz de Tenerife es referente. No creo que exista un solo diseñador, sea de la provincia que sea, que no piense un día en estar en ese recinto y ver su fantasía desfilar por ese escenario. Evidentemente para mí es un objetivo. A día de hoy no tengo patrocinador ni para Gran Canaria ni para Tenerife, pero soy optimista. Me doy todavía un tiempito más de margen para ver si conseguimos ese ansiado patrocinio, que parece que se resiste estos años.
El mundo drag y la complejidad del diseño
Si te hemos visto en el pasado carnaval es ligado, como siempre, al mundo drag queen. ¿Qué te aporta esta experiencia?
Pues mira, muy poca gente —solo los diseñadores que hacemos las dos cosas— entendemos quizás lo complejo que es diseñar a un drag. Yo casi que lo veo hasta más complejo que diseñar a una reina, porque al final no solo diseñas al drag, sino que diseñas a sus bailarinas o bailarines y al resto de componentes. Tienes que pensar como en una muñeca rusa: diseñar un vestuario que tiene que esconderse debajo de otro, que tiene que tener mucha complejidad. A mí diseñar cosas fáciles nunca me ha gustado, siempre me ha gustado diseñar cosas complejas. Diseñar un drag te aporta eso: romperte la cabeza para ver cómo encaja esto sobre esto, cómo hago el casco para que luego se lo quite y luego se ponga otro. Ese tipo de cosas me parecen súper interesantes. Es verdad que ya me llegan muchas propuestas de diseños drag e intento elegir a alguien que realmente me vaya a aportar, que me sienta cómodo y que encaje sobre todo con mi manera de diseñar. Este año para el 2027 yo creo que no cogería ningún drag; en todo caso a lo mejor uno. Me aporta esa parte de complejidad que a mí me gusta, pero no creo que haga mucho más. Estoy más centrado en hacer vestuarios de espectáculos o vestuarios para Drag Chuchi, mi pareja. No estoy tan enfocado en diseñar un drag de competición tal cual para el 2027.
Consideras entonces que el drag es incluso un poco más exigente que una reina.
Sí. A mí lo que me pasa con los proyectos es que, cuando diseño una reina, estoy diseñando para mí. Es verdad que tengo que tener en cuenta a la chica que vamos a elegir para defender la fantasía y la opinión del patrocinador, pero al final la decisión es más unánime, lo decido yo. Cuando estás diseñando para un drag, tienes que tener en cuenta las necesidades de esa persona. Es más complejo: si se va a tirar de algún sitio, si va a abrirse de piernas, si solo baila, si se va a desmontar, si tiene pelo, si se pone una peluca, si se la quita. Hay un montón de cosas que te complican el proceso y el diseño. Es interesante, pero evidentemente a mí personalmente me parece más complejo que el de una reina, que siempre es una propuesta muy personal.
Patrocinadores y defensa del Carnaval
Hemos hablado de la falta de patrocinador. ¿Crees que el carnaval sigue siendo igual de atractivo para las empresas patrocinadoras? ¿O no ven esa rentabilidad publicitaria que otros años?
A ver, yo esto ya lo he dicho y lo he comentado muchas veces en las reuniones que tenemos los diseñadores con Promoción de Las Palmas, que es quien gestiona el Carnaval de Las Palmas. Creo que hay una falta de, cuando termina un carnaval, un resumen medianamente inmediato de un mes o mes y medio del alcance. Yo que también vengo del marketing entiendo un poco más de eso. A mí me falta tener los datos reales del alcance de cada una de las galas, de las acciones, porque al final necesito herramientas para darle al patrocinador para que vea el patrocinio como algo rentable a nivel de visibilidad. Me falta esa parte, que creo que también se ha ido perdiendo un poco por parte del Carnaval de Las Palmas y también por parte del Carnaval de Santa Cruz. Creo que ya el logotipo no sale en televisión por derechos de publicidad. Necesitamos herramientas, creo que los diseñadores necesitamos herramientas o plataformas que nosotros podamos vender, entre comillas, al patrocinador para que lo vea atractivo.
Luego también hay una segunda parte: toda la mala fama o todas las malas noticias que ocurren durante el año, que muchas veces son inventadas y otras veces se fomentan desde algunos periodistas o algunos medios a los que les encanta un clickbait. Eso no beneficia de cara a encontrar un patrocinio, porque un patrocinador lo que ve es lo que relaciona inmediatamente: mala publicidad. Llevo tantos meses viendo noticias de "los vecinos se quejan del carnaval", "el carnaval no encuentra su lugar", "la ubicación del carnaval está en la cuerda floja". Todo ese tipo de noticias, para un patrocinador que aporta dinero y no es poco, hace que se lo piense dos o tres veces. Creo que entre todos, incluidos los periodistas y los medios, deberíamos mimar un poco más el carnaval para que realmente sea atractivo y defenderlo como algo nuestro.
El otro día lo hablaba no me acuerdo con quién. Al final en Canarias están la fiesta de la Virgen de la Candelaria, la fiesta de la Virgen del Pino, la bajada de la Virgen de los Reyes, la bajada de la Virgen de las Nieves, y luego están los carnavales. Es de las fiestas, si no la fiesta más importante que sucede en Canarias durante el año. Es identidad propia de nuestro pueblo, no es una fiesta que nos hayamos inventado hace cuatro días. Es algo identitario que tenemos que defender a capa y espada y que tenemos que mimar al máximo: la participación de los grupos, de las murgas, de las comparsas, de los drag y evidentemente de los diseñadores. Sin concursos de carnaval y sin galas, tendríamos al final un mogollón con un artista muy famoso que viene y nos canta y ya, no tendríamos nada más. Creo que deberíamos cuidarlo y mimarlo mucho más, todos en general, en lo cual me incluyo también.
Un nuevo camino
El próximo 2027, hemos visto que en los últimos años has estado ligado a la dirección artística de Telde y Mogán. ¿Tienes previsto dirigir algún carnaval?
Pues mira, normalmente cuando suceden esas cosas, las direcciones de galas un poco más pequeñas —el carnaval de Santa Cruz o el de Las Palmas— se cierran casi muy cerca de navidades o de carnaval. De momento es muy pronto para saber si voy a dirigir alguno. Desde luego me encantaría. Es una faceta mía que he descubierto —bueno, que estoy trabajando en ella desde el 2023— y me encanta. Coordinar un carnaval donde integras todos los grupos, donde tienen la participación ciudadana, es súper bonito. Es una parte del carnaval que yo no conocía hasta el 2023 y la verdad que me gusta mucho. No me importaría seguir trabajando por ahí.
¿Y te ves en un futuro lejano, o no muy lejano, dirigiendo el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria o el de Santa Cruz de Tenerife?
Pues mira, me lo han preguntado muchas veces y siempre digo lo mismo. A ver, yo no le pongo puertas al campo, nunca se sabe. Pero es verdad que la carga de trabajo y la carga psicológica —más que de trabajo, la carga psicológica, la presión— que tiene el director artístico de Santa Cruz de Tenerife —en este caso Daniel Pagés o Enrique Camacho—, o aquí en Las Palmas Israel Reyes que estuvo 18 o 19 años, o Josué Queveso, es una carga, una presión que yo no sé si a día de hoy estoy dispuesto a sufrir. Porque al final es mucha presión. No envidio para nada ese puesto. Me parece un trabajo importante, súper bonito, que no me importaría asumir en algún momento. Pero a día de hoy creo que, psicológicamente, no sé si estoy tan preparado para soportar la carga que requiere.