Mucho antes del turismo, de los hoteles y de la transformación económica del sur de Gran Canaria, decenas de mujeres aprovechaban cada bajamar para adentrarse en las rocas de la costa y recoger algas marinas. Era un trabajo duro, poco reconocido y hoy prácticamente olvidado, pero durante décadas constituyó una importante fuente de ingresos para numerosas familias pesqueras de la isla.
La historia de estas mujeres, conocidas como "algueras", centrará la conferencia Mareas de mujer: tras las huellas de las algueras, que ofrecerá el próximo 16 de julio el historiador e investigador de Ingenio Javier Adonay Cruz dentro del Campus de Etnografía y Folclore de Ingenio, impulsado por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).
Un papel desconocido
Según explica Cruz, la presencia de las algueras en el litoral del sureste grancanario puede documentarse, al menos, desde el siglo XIX.
Estas mujeres y niñas no solo participaban en la economía vinculada al mar, sino que desempeñaban un papel fundamental dentro de las comunidades pesqueras de la isla.
"La participación activa de las mujeres en las labores asociadas al mar ha sido una constante histórica de notable relevancia en Gran Canaria", señala el investigador.
Aunque tradicionalmente se recuerda a las mujeres relacionadas con la venta de pescado, la recolección de algas fue otra actividad esencial para la supervivencia de muchas familias costeras.
La costa de El Burrero
Uno de los principales enclaves de esta actividad se encontraba en la playa de El Burrero, en Ingenio.
Según la investigación desarrollada por Cruz, existían varias zonas específicas destinadas a la recogida de algas alrededor del Roque del Burrero, aprovechando los depósitos naturales que dejaban las mareas y el mar de fondo.
Las extensas plataformas rocosas y los charcos intermareales convertían este tramo del litoral en uno de los lugares más productivos para la denominada "alguería".
Mucho más que algas
Las algueras recogían diferentes especies con usos muy distintos.
La llamada "seba amarilla" era utilizada para conservar el pescado antes de su venta y también formaba parte de algunas recetas tradicionales.
Las conocidas como algas pardas tenían aplicaciones medicinales según la tradición popular y eran utilizadas para tratar heridas. Algunos testimonios recopilados por el investigador incluso apuntan a posibles usos abortivos asociados a determinadas infusiones elaboradas con estas especies.
Por otro lado, las algas verdes se empleaban para una técnica tradicional de pesca conocida como salemiar, utilizada para capturar pequeños peces costeros.
Un sustento económico
La recolección de algas no era una actividad secundaria.
Durante los periodos de mar de fondo, cuando las embarcaciones no podían salir a faenar, la alguería se convertía en una importante fuente de ingresos para las familias vinculadas a la pesca.
En esas jornadas participaban hombres, mujeres y niños, que trabajaban conjuntamente para recoger grandes cantidades de seba.
Posteriormente, las algas podían venderse a empresas farmacéuticas o intercambiarse por productos agrícolas y ganaderos, contribuyendo a complementar la economía doméstica.
El turismo cambió todo
La desaparición progresiva de esta tradición comenzó a acelerarse durante la década de 1960.
Según Cruz, dos factores fueron determinantes. Por un lado, la llegada de los frigoríficos y nuevos sistemas de conservación de alimentos redujo la necesidad de utilizar algas para preservar pescado y carne.
Por otro, la expansión turística del sur de Gran Canaria abrió nuevas oportunidades laborales mucho más rentables y menos exigentes físicamente.
La construcción de hoteles y el crecimiento del sector servicios provocaron que muchas familias abandonaran progresivamente actividades tradicionales como la alguería.
Una memoria que se pierde
Para reconstruir esta historia, Javier Adonay Cruz ha tenido que entrevistar a una veintena de personas, la mayoría mujeres, ante la escasez de documentación escrita sobre esta práctica.
El investigador trabaja actualmente en una tesis vinculada al área de Patrimonio Histórico, Cultural y Natural de la ULPGC, con el objetivo de rescatar del olvido una actividad que durante generaciones formó parte del paisaje humano del litoral grancanario.