Óscar Domínguez estaba en el nombre, pero el museo, actualmente conocido como TEA, nunca estuvo pensado exclusivamente para Óscar Domínguez, según afirma Sergio Rubira, director artístico del TEA, a Atlántico Hoy.
Cuando a mediados de los años noventa comenzó a concebirse el Instituto Óscar Domínguez de Arte y Cultura Contemporánea (IODAC), la figura del surrealista tinerfeño sirvió, según explica Rubira, como una "justificación necesaria" para que Tenerife contara con un museo dedicado al arte contemporáneo.
El proyecto inició entonces un largo recorrido institucional. En 2002, cuando se concedió la licitación, la denominación IODAC todavía figuraba en la documentación, pero el centro no abriría sus puertas hasta 2008, ya como Tenerife Espacio de las Artes (TEA). Ahora, casi dos décadas después de aquella inauguración, el museo vuelve a colocar a Domínguez en el centro de una investigación que pretende alejarse de los lugares más transitados de su biografía.
Uno de esos territorios conduce a la Segunda Guerra Mundial y a sus vínculos con la Resistencia, un periodo que Rubira considera insuficientemente estudiado y que permite adentrarse incluso en las falsificaciones realizadas por el artista, cuyo dinero, asegura, sirvió "en muchos casos" para sostener actividades de estos movimientos clandestinos en Francia.
TEA trabaja ya sobre esta etapa con la mirada puesta en 2028, año en el que se cumplirá el vigésimo aniversario de su apertura, cuando plantea organizar una gran exposición sobre Domínguez, la Resistencia y el contexto parisino que rodeó al artista.
Central pero no exclusivo
La historia comienza mucho antes de que TEA existiera bajo su denominación actual. Rubira cuestiona una idea que, a su juicio, se ha asentado alrededor del nacimiento de la institución: que el Instituto Óscar Domínguez fue concebido fundamentalmente como un espacio dedicado al pintor.
"Yo creo que es un mito que el Instituto Óscar Domínguez se dedicara solo a Óscar Domínguez", sostiene el director artístico. Según afirma el propio Rubira, su interpretación parte también de las conversaciones que ha mantenido con algunas de las personas que participaron en los comités vinculados al primer proyecto de este museo de arte contemporáneo.
"De algún modo se utilizaba a Óscar Domínguez como una excusa para poder tener un espacio dedicado al arte más contemporáneo", añade. El artista funcionaba así como la figura central capaz de justificar institucionalmente la creación de un centro que, desde sus primeros pasos, comenzó a reunir obra de otros autores, tanto canarios como de fuera de las islas.
Rubira insiste en que incluso las primeras incorporaciones a la colección desmienten una concepción estrictamente monográfica del proyecto. El objetivo estaba vinculado a una corriente mucho más amplia que se extendió por España después de la Transición: la aparición de instituciones dedicadas al arte moderno y contemporáneo.
El director artístico sitúa aquel proceso en un contexto en el que habían aparecido centros como el IVAM o el Centro Atlántico de Arte Moderno, ambos inaugurados en 1989, a los que posteriormente se sumarían otros espacios. Para Tenerife, explica, existía también una lógica identitaria detrás de la creación de una institución de estas características y una voluntad de "construir una idea de modernidad diferente".

La necesidad de renovar el relato
De la premisa de construir una nueva idea sobre la modernidad, TEA tiene bien claro que es uno de sus principales objetivos. Para Rubira, la tarea pendiente no consiste únicamente en seguir mostrando a Domínguez, sino en "renovar el relato" construido alrededor de su figura.
La intención es dirigir la investigación hacia "aspectos mucho más concretos" o cuestiones que hasta ahora no hayan recibido la misma atención. "Algo en lo que estamos trabajando tiene que ver con el periodo de la Segunda Guerra Mundial y sus vínculos con la Resistencia", señala el director artístico.
Rubira considera que se trata de una etapa que "aquí no se ha estudiado tanto" y que resulta fundamental para comprender determinados episodios de la vida del pintor. La investigación introduce una dimensión de Domínguez que se aleja de la imagen más extendida del artista surrealista para situarlo en el contexto político de la Europa de aquellos años.
Falsificaciones y surrealismo clandestino
Entre esos "aspectos que no se han contemplado tanto" hay uno al que Rubira concede especial importancia: los años de la Segunda Guerra Mundial. "Algo en lo que estamos trabajando tiene que ver con el periodo de la Segunda Guerra Mundial y sus vínculos con la resistencia", adelanta. Es, según explica, un periodo apenas se ha estudiado en Canarias pese a resultar clave para entender ciertos episodios de la biografía del pintor.
Uno de ellos son las falsificaciones que realizó Domínguez durante la ocupación nazi de París. "En muchos casos, el dinero iba para sostener actividades de la resistencia", apunta Rubira, un dato que conecta directamente con la implicación del pintor en La Main à Plume, el grupo surrealista clandestino en cuyas publicaciones participó junto a otros artistas e intelectuales perseguidos por el régimen nazi.
TEA trabaja también para ampliar su centro de documentación sobre Óscar Domínguez y el surrealismo, con el objetivo de facilitar el acceso a materiales que actualmente resultan difíciles de consultar y favorecer nuevas investigaciones sobre el pintor.
Esa búsqueda de un Domínguez menos conocido ya tiene reflejo en el gabinete que TEA dedica al artista. La exposición actual 'Óscar Domínguez. Cartas a Marcelle Ferry' se adentra en su correspondencia personal a través de las cartas que envió a una de sus amantes, un material que buscar mostrar una faceta más íntima del artista tinerfeño.
Sin embargo, y según afirma el propio director artístico, este archivo todavía está incompleto: el museo conserva las misivas de Domínguez, pero no las respuestas. “Lo que nos faltaría ahora es encontrar las cartas que ella le enviaba”, señala Rubira.

Una gran exposición para 2028
El trabajo que ahora desarrolla el museo tiene ya un horizonte. TEA piensa en 2028 para organizar una gran exposición de Óscar Domínguez centrada precisamente en su relación con la Resistencia y en el contexto parisino que rodeó al artista durante aquellos años, una exclusiva que ha adelantado Sergio Rubira a Atlántico Hoy.
Esta fecha coincide con el vigésimo aniversario de la apertura del centro y otorgaría a la exposición un significado particular. El museo que comenzó a concebirse en 1995 bajo el nombre de Instituto Óscar Domínguez regresaría tres décadas después de aquellos primeros pasos a la figura que sirvió como una de sus principales justificaciones.
Pero lo haría desde una posición distinta. No para transformarse en el museo monográfico que nunca llegó a ser, sino para investigar aquello que todavía permanece en los márgenes de la biografía de Domínguez.
A ella se sumarían otros proyectos en marcha, como el trabajo sobre el llamado "triple trazo" —la etapa final del pintor— o la colaboración con MOD UNO en torno a los esmaltes que Domínguez realizó junto a este proyecto y que también forman parte de la colección de TEA.
El precio de coleccionar a Domínguez
La revisión de la figura de Domínguez tiene, además, un límite mucho más prosaico: el dinero. El elevado precio que han alcanzado algunas de sus obras obliga al museo a seleccionar con precisión qué piezas podrían incorporarse a sus fondos.
Rubira cita la diferencia de cotización entre las obras de la década de 1930 —su periodo más celebrado— y las de los años cuarenta en adelante: de los cinco millones de euros que puede llegar a alcanzar una pieza como 'La máquina de coser electrosexual' a los 140.000 o 60.000 euros de otras obras posteriores.
Ese desnivel de mercado tiene, además, una traducción muy concreta para el propio museo. "Todo el presupuesto de TEA es lo que se pagó por la máquina de coser electrosexual", resume Rubira, una cifra que ilustra hasta qué punto algunas piezas del artista han quedado ya fuera del alcance de la propia institución.
Por eso, matiza, la estrategia de la colección "no consiste en comprar Óscar Domínguez, sino en comprar los Óscar Domínguez adecuados", los que todavía resultan asumibles y aportan algo nuevo al relato.

¿Y si pensamos en un nuevo museo?
Por otro lado, Rubira sitúa al tinerfeño entre las figuras fundamentales del surrealismo y, al hablar de los grandes nombres españoles ligados al movimiento, lo coloca junto a Salvador Dalí y Joan Miró. "El tercero sería Óscar Domínguez, sin duda", afirma.
Una relevancia que le lleva incluso a plantear una posibilidad que trasciende la función del propio TEA: "A lo mejor lo que hay que plantearse es que hay que hacer un museo específico de Óscar Domínguez".
Mientras ese debate permanece abierto, TEA ha escogido su camino: regresar al artista desde la investigación, revisar los episodios menos transitados de su trayectoria y completar las lagunas que todavía persisten alrededor de su figura.
Es, quizás, la mejor metáfora de todo el trabajo que Rubira describe a lo largo de la entrevista: el de un museo que, casi setenta años después de la muerte de Domínguez, sigue encontrando piezas —literales y simbólicas— con las que completar el retrato de uno de los grandes nombres del surrealismo español.
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