Imagen del cartel anunciante de 'Mientras seamos salvajes' ./ CEDIDA POR TEA
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El TEA busca en el guanche y el mago las raíces coloniales de la identidad canaria con su nueva exposición

'Mientras seamos salvajes' abre con obras, películas y documentos de más de ochenta autores, y el museo ya prepara para el próximo año otra muestra sobre el turista y el migrante, una continuación del pensamiento del antropólogo Fernando Estévez

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El museo TEA Tenerife Espacio de las Artes inaugura este sábado, 3 de octubre, Mientras seamos salvajes, una exposición colectiva con obras, películas, fotografías, documentos y objetos de más de ochenta artistas y autores. Entre ellos están Leonardo Torriani, Manolo Millares, César Manrique, Ana Mendieta y Susan Hiller.

La muestra parte de la oposición entre civilización y barbarie para analizar cómo esa división sirvió, sobre todo en contextos coloniales, para establecer jerarquías entre cuerpos, territorios y culturas. En ese relato, Canarias aparece como uno de los primeros laboratorios de la modernidad colonial, conectado con África, el Caribe y América Latina.

Este viernes, varios artistas y comisarios guiaron un pase previo por una muestra fruto de año y medio de trabajo. El acto inaugural, de entrada libre, empezará a las 12:00 horas con la conferencia performativa Fortunatae, de Javier Estupiñán. A las 12:30 horas le seguirá Antes de que el susurro desaparezca, de Oumaima Manchit Laroussi. La exposición podrá visitarse gratis hasta el 24 de enero de 2027 en la Sala B.

Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ CEDIDA POR TEA
Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ CEDIDA POR TEA

Cuatro mitos, dos exposiciones

El punto de partida es el pensamiento del antropólogo canario Fernando Estévez, cuya biblioteca está depositada en el TEA. Estévez sostenía que la identidad canaria se construye en torno a cuatro figuras: el guanche, el mago, el turista y el migrante. Esta exposición se centra en las dos primeras.

Al inicio de la visita, Sergio Rubira, director artístico del TEA, avanzó que el próximo año el museo trabajará sobre el otro par: el turista y el migrante.

Rubira también marcó la diferencia con el antropólogo: "Él trabajó sobre todo a partir de textos; nosotros hemos trabajado a partir de imágenes". Estévez defendía que el imaginario del guanche se construyó a partir del que Europa ya tenía del indígena americano. También relacionaba al guanche y al campesino con el norte de África y la cultura amazigh, conexiones que la muestra desarrolla.

El proyecto tiene siete comisarios: Alejandro Castañeda, Néstor Delgado, Katya García-Antón, Roberto Gil, Joel Peláez y Narelys Hernández (Onda Corta) y el propio Sergio Rubira. En una entrevista con este medio, Rubira ya defendía este trabajo a varias manos: "Creo mucho en el pensamiento compartido. Poner todo eso en diálogo ayuda a generar relatos mucho más ricos y también más abiertos".

Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ CEDIDA POR TEA
Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ CEDIDA POR TEA

Caníbales y conquista

El recorrido arranca con la conquista. Javier Estupiñán recupera textos históricos sobre ella y sobre el papel de Canarias como uno de los centros del tráfico de personas esclavizadas en el Atlántico.

Junto a los grabados de Torriani hay un vídeo de 2007 del dúo Dias & Riedweg que superpone el canibalismo descrito por el alemán Hans Staden tras naufragar en Brasil, en el siglo XVI, con el funk de las favelas de Río de Janeiro, 450 años después.

El artista Mauricio Dias explicaba durante la visita que aquel relato de Staden contribuyó a inaugurar en Europa el mito del salvaje y del trópico, y a legitimar la violencia colonial.

Por otro lado, una pictografía de Millares lleva a una reflexión sobre los propios museos: convertir un objeto en símbolo de toda una cultura. "Es algo que los museos tendemos mucho a hacer: coger un fragmento y convertirlo en un todo", señaló Rubira.

Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ AH
Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ AH

Misioneros y silbo

El lenguaje ocupa una sala propia, porque fue una de las herramientas de la colonización para separar lo "civilizado" de lo "bárbaro".

Una videoinstalación de Rosângela Rennó trata la figura del padre Anchieta, el jesuita evangelizador de Brasil, y la vincula con el silbo gomero: imagina que podría haber llevado ese lenguaje a la costa brasileña.

A su lado, una estampita de un artista de Bahía muestra al religioso levitando mientras controla a un jaguar y a un indígena tupí. "¿Cómo podemos presentar como milagro un ejercicio de dominación?", preguntaba Rubira a los asistentes durante la visita.

Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ AH
Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ AH

Lenguas que no mueren del todo

En la siguiente sala se recogen fotografías de un instituto donde se intentaba enseñar a hablar a personas sordas mediante distintos grados de violencia. En ese mismo lugar rodó François Truffaut su película sobre un "niño salvaje".

Según explicaba Néstor Delgado, uno de los comisarios de la exposición, la pieza asocia esa idea del salvaje a las personas sordas, mientras otra obra pone en un mismo plano la extinción animal y la cultural a partir de King Kong.

En la cabina se proyecta The Last Silent Movie, de Susan Hiller, dedicada a idiomas que se dan por muertos sin estarlo del todo. Los comisarios la relacionaron con las continuidades guanches que sobreviven, por ejemplo, en la toponimia.

También aquí aparece una relectura de La bella y la bestia. Su autor remonta el cuento hasta la historia de un guanche llevado a Europa y la vuelve a contar desde su propio cuerpo de gallego.

Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ CEDIDA POR TEA
Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ CEDIDA POR TEA

La maga y el calado

La siguiente parte reivindica saberes que escapan de lo académico. Según el texto de sala de Roberto Gil, las bellas artes se superpusieron a la artesanía y las religiones canónicas a los ritos paganos, y así en todas las áreas del conocimiento.

El comisario Alejandro Castañeda fue el encargado de explicar las diversas obras de esta sala, como una alfombra del puertorriqueño Jorge González, hecha en comunidad, o un vídeo de Patricia Esquivias sobre el punto moruno.

David Baute retrata a Rosario Miranda, vecina de Garachico a la que el recorrido presentó como "la maga" por excelencia: su expresión de género cambia mientras habla, y abre la puerta a lo queer dentro de la tradición. El grancanario José Ruiz parte del calado para contar la historia de las mujeres de su familia.

Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ CEDIDA POR TEA
Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ CEDIDA POR TEA

Papas, campo y territorio

La penúltima sala, la segunda dedicada al mago, contrapone el campesino de postal, convertido en imagen de consumo turístico, con las condiciones reales del trabajo agrícola. Otra recorre la violencia ligada al monocultivo del plátano en Colombia desde la matanza de las bananeras de 1928. Una vista clásica de El Sauzal recuerda cómo la caña de azúcar o la vid transformaron el paisaje canario.

El vínculo entre cuerpo y tierra recorre las fotografías de jornaleros de Tony Gallardo, las siluetas de Ana Mendieta y las imágenes de los petroglifos de La Palma tomadas por Luis Diego Cuscoy. Millares reaparece con su viaje al Sáhara: su etapa blanca, a menudo leída como una recuperación de la luz, suponía para él destrucción.

La exposición también cuestiona las intervenciones artísticas sobre el paisaje, como el proyecto de Chillida de vaciar una montaña con carga espiritual. Junto a esa crítica se proyectan la película de Philippe Haas sobre Richard Long en el Sáhara y Simbiosis, sobre César Manrique en Lanzarote.

Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ CEDIDA POR TEA
Imagen de la exposición 'Mientras seamos salvajes'./ CEDIDA POR TEA

El museo como zoo

El cierre se vuelve contra el propio museo, el lugar donde se decide qué es historia y qué no, qué es salvaje y qué es civilizado. La sala recupera la intervención de Guillermo Gómez-Peña en El Museo Canario y la obra de Coco Fusco y Gómez-Peña sobre los zoológicos humanos del siglo XIX, que, según explicaba Rubir, "funcionan igual que un museo".

La crítica no se queda ahí. El equipo quiso acabar el recorrido reivindicando "la capacidad de agencia" de los objetos, es decir, su capacidad para contar su propia historia más allá de la etiqueta que les puso el museo.

 

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