Hubo un tiempo, coincidiendo con el cambio de milenio, en el que Rosi Sánchez vivía el baloncesto desde la velocidad, la técnica y la competición. Se formó en las canchas canarias, construyó una carrera sólida, logró un palmarés brillante y terminó convirtiéndose en una referencia del deporte en Canarias, especialmente del femenino. Aquella etapa definió su carácter y su forma de entender el baloncesto como una herramienta de crecimiento personal, aunque todavía no sabía que años después el juego le llevaría a disputar uno de los partidos más importantes de su vida, lejos de los marcadores y de las estadísticas.
Hace aproximadamente diez años, su madre, Carmen Luján, falleció a causa de un cáncer de mama. Aquella pérdida dejó en Rosi una inquietud profunda que durante mucho tiempo permaneció en silencio. La vivencia personal, el contacto directo con la enfermedad y la sensación de vacío más allá del entorno sanitario marcaron el origen de lo que vendría después. “Yo sabía que quería hacer algo. En los hospitales hay apoyo psicológico y de médicos y enfermeros, que hacen una labor increíble, pero después queda un vacío enorme que viven los pacientes y también las familias. Ese vacío es brutal”, recuerda.
Una aventura nacida desde el empeño personal
Desde hace nueve años, Rosi es la coordinadora de los equipos femeninos del Granca. Fue dentro del propio club, poco después de que Sitapha Savané se convirtiera en presidente -marzo de 2023, cuando aquella inquietud encontró forma. Así nació el Proyecto Carmen, en colaboración con la Asociación Española Contra el Cáncer, una iniciativa que utiliza el baloncesto como espacio de encuentro, movimiento y apoyo emocional.

El proyecto comenzó centrado en mujeres con cáncer de mama, pero con el paso del tiempo ha ampliado su alcance. Hoy está abierto a cualquier paciente oncológico, sin distinción de género ni de tipo de cáncer, con un objetivo claro: que nadie atraviese el proceso en soledad.
El origen fue íntimo y sencillo. No surgió como un programa estructurado, sino como una necesidad personal. “Le dije al club que me gustaría hacer algo con esto. Incluso preparé yo el logo. Me dijeron que adelante, que lo revisáramos con la AECC… y así nació. Empezamos poco a poco, sin saber realmente hasta dónde podía llegar”, rememora la exjugadora internacional.
Una compañera perfecta para el viaje
En ese proceso apareció una figura clave: Margarita Ramírez. No es paciente oncológica, pero su papel ha sido esencial en la construcción del proyecto. Margarita es la presidenta del histórico Pitufos Basket, un club emblemático del baloncesto isletero cuya historia está vinculada a nombres como Manolo Hussein, Orlando Brito o Willy Villar, entre muchos otros. Rosi, que hoy le muestra un enorme agradecimiento, se la llevó a uno de sus campus de verano, y desde ahí, cuando comenzó el Proyecto Carmen, tuvo claro que Margarita sería la entrenadora perfecta. Su implicación aportó experiencia, cercanía y una dimensión humana que ayudó a consolidar el espíritu del grupo desde el inicio.
Lo que ha ocurrido en estos casi tres años ha superado cualquier previsión. El grupo reúne a una veintena de personas que entrenan dos veces por semana en el pabellón del club en San Cristóbal, aunque el baloncesto es solo el punto de partida. “Lo que más me ha sorprendido no es el deporte, sino la familia que se ha formado. No solo se ven en los entrenamientos. Después nos vamos a tomar un café, hacemos excursiones, celebramos cumpleaños, incluso fines de semana juntas. Se apoyan unas a otras en momentos muy duros”.

Despedidas llenas de dolor
El proyecto también ha atravesado momentos difíciles. En este tiempo han fallecido dos integrantes del grupo, una experiencia que marcó profundamente al colectivo. Y Rosi lo cuenta con dolor pero rescatando también un lado poderoso y amable: “Eso es lo duro. Hemos estado con ellas hasta el final. Ya somos parte de sus familias. Cuando se va alguien, duele muchísimo, pero también nos recuerda por qué estamos aquí. Nos dijimos: hay que seguir aprovechando el día a día, vivir al máximo cada momento”.
El entrenamiento no siempre es deporte en sentido competitivo. Muchos participantes atraviesan tratamientos agresivos, y el objetivo no es el rendimiento, sino el movimiento, la compañía y la vida. Y la líder del Proyecto Carmen lo relata con precisión: “Hay personas a las que les cuesta levantarse. Están con medicamentos muy duros. Algunas ni siquiera cogen el balón, pero caminan, hablan, se acompañan. Ya no están solas. El baloncesto es casi una excusa perfecta”. El impacto emocional del proyecto es profundo. “Cuando estás en una enfermedad como esta no sabes qué va a pasar mañana. Cada día es un éxito. Quieres vivirlo todo. Aquí sienten apoyo, ocupan la cabeza, se animan unas a otras”.
Integradas en la familia ‘Granca’
Con el tiempo, el grupo se ha integrado en la vida del club, asistiendo a partidos, presentaciones y actividades. El baloncesto profesional se ha convertido para muchos de ellos en un espacio de pertenencia. “Se han metido de lleno en el club. Van a casi todos los partidos del Gran Canaria. Eso también les da vida”, cuenta Sánchez dejando escapar una sonrisa.
El Proyecto Carmen es hoy una iniciativa singular dentro del deporte español por su carácter estable y su enfoque humano. Rosi mira al futuro con una mezcla de ambición y realismo. “Somos pioneras. Me encantaría expandir el proyecto, que hubiera grupos en otros lugares de España, hacer convivencias. Estas personas quieren vivir, viajar, aprovechar cada momento”.
Pero también mantiene una mirada crítica sobre el contexto sanitario y social, mostrando el deseo de que se pudiera “cerrar el proyecto mañana mismo” porque no hubiera más cáncer, pero “no va a pasar todavía”. Por eso reclama “más investigación, más apoyo económico”, y subraya que “cada vez hay gente más joven con cáncer y eso debería hacernos reflexionar”.
Reconocimiento
El Proyecto Carmen ha sido seleccionado dentro de la Cancha Solidaria de Endesa, una iniciativa de la compañía eléctrica, la ACB y la Federación Española, que destina 50.000 euros a los cinco proyectos sociales más votados. Solo quedan diez finalistas de entre los más de 200 que fueron presentados, y el voto popular continúa abierto hasta el 16 de febrero. El apoyo permitiría mejorar el material, el equipamiento y el desarrollo del programa. “Todo lo que llegue se invertirá directamente en las participantes, pero más allá de lo económico, sería un regalazo para ellas”, dice con ilusión la grancanaria.
Tres años después, el marcador del Proyecto Carmen no se mide en puntos ni en victorias. Se mide en comunidad, en dignidad y en vida compartida. Rosi Sánchez lo resume con sencillez: “Esto no va solo de baloncesto. Va de que nadie esté sola. Va de vivir”.