José Miguel Álamo tiene entre sus libros favoritos La civilización del espectáculo. No deja de resultar curioso para alguien que acaba de asumir la presidencia de un club profesional de baloncesto. Mario Vargas Llosa dedica algunas páginas de ese ensayo a reflexionar sobre el lugar que ocupa el deporte en nuestras sociedades y rescata una vieja idea griega: el cultivo del cuerpo y el del espíritu no debían enfrentarse, sino enriquecerse mutuamente.
Álamo lleva buena parte de su vida moviéndose entre ambos. A veces con un libro entre las manos; otras, sobre un tatami. También detrás de un banquillo, delante de una clase universitaria, sentado en un pleno del Cabildo o metido en un despacho. Ahora le toca hacerlo desde el palco del Gran Canaria Arena, probablemente el lugar donde más difícil resulte mantener el equilibrio. El CB Gran Canaria acaba de descender después de 31 temporadas consecutivas en la élite y su nuevo presidente tiene una misión que no necesita demasiadas palabras: devolverlo a la Liga Endesa.
Para conocer a José Miguel Álamo, sin embargo, conviene empezar por una palabra que no aparece en su currículum. Cuando jugaba al fútbol en Cruz de Piedra no era el doctor, el profesor universitario, el consejero ni mucho menos el presidente del Granca. En el barrio lo conocían como “Biri”.
Biri
Biri Biri fue un delantero gambiano que llegó al Sevilla FC en los años setenta y terminó convertido en un futbolista de culto. Al muchacho de Cruz de Piedra le encontraron cierto parecido en la manera de jugar con aquel atacante africano y el barrio hizo lo que suelen hacer los barrios: le puso un apodo. José Miguel pasó a ser Biri durante aquellos partidos en los que el fútbol ocupaba una parte importante de sus tardes.
Aunque nunca tuvo la pelota en exclusiva. Leoncio Castellano le descubrió el balonmano y Álamo quedó prendado de aquel deporte. También apareció la lucha canaria, disciplina inevitable en unas Islas donde los terreros conservaban entonces una presencia cotidiana mucho mayor. Y, por el camino, llegó el judo. De todas las modalidades que probó fue esta última la que practicó durante más tiempo y con mayor intensidad.
Equilibrio
Quizá no sea casual que terminara enganchándose precisamente a un deporte en el que importa tanto la fuerza como saber administrarla, donde el equilibrio puede resultar más útil que la potencia y en el que muchas veces se vence aprovechando el movimiento del contrario. No hace falta buscar metáforas donde probablemente no las haya, aunque resulta tentador hacerlo ahora que Álamo se sienta en el sillón más expuesto del baloncesto canario.
Porque el hombre que tiene que levantar al Granca no descubrió el deporte desde los despachos. Creció con él en el Polígono de Cruz de Piedra, en Las Palmas de Gran Canaria, y estudió primero en el Colegio Alcalde José Ramírez Bethencourt, entre Cruz de Piedra y Lomo Apolinario. Después pasó por el Instituto Social de la Marina y por el Pérez Galdós. Mucho antes de convertirse en doctor y profesor titular de Universidad, su educación deportiva había comenzado fuera de las aulas.
Los libros
También existe un Álamo que necesita silencio. Es un gran lector de ensayo y, cuando tiene que escoger entre los libros que más le han marcado, aparecen dos títulos que dicen bastante sobre sus inquietudes: Las culturas fracasadas, de José Antonio Marina, y La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa.
No son precisamente dos libros escogidos para matar el tiempo. Marina reflexiona sobre la inteligencia colectiva, la educación, los sistemas de valores y las razones por las que determinadas sociedades progresan mientras otras terminan atrapadas en dinámicas que las perjudican. Vargas Llosa mira con preocupación una sociedad en la que divertirse ha adquirido un peso extraordinario y donde el pensamiento, la cultura y el esfuerzo intelectual corren el riesgo de quedar relegados.
Recopilacíón propia
Entre esos dos libros se puede encontrar bastante del universo intelectual de Álamo. Educación, cultura, sociedad y deporte son asuntos que aparecen una y otra vez en su trayectoria profesional y también en aquello que lee y escribe. En 2018 publicó Con la palabra se ven las cosas más claras, una recopilación de artículos en la que reunió reflexiones sobre educación, deporte, política social y sociedad.
La elección de sus lecturas también ayuda a entender que terminara convirtiendo el deporte que había practicado desde niño en objeto de estudio. Es doctor y profesor titular del área de Educación Física y Deportiva de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Su tesis doctoral estuvo dedicada al deporte escolar en Gran Canaria y su carrera investigadora ha abordado los procesos de enseñanza y aprendizaje, la formación deportiva y la actividad física.
Actualmente ocupa el Vicerrectorado de Cultura, Deporte y Sociedad de la ULPGC. La denominación del cargo parece hecha a medida de una biografía que lleva décadas cruzando esos mismos territorios.
El entrenador
Hay otra pieza menos conocida que resulta especialmente útil para entender por qué el nombramiento de José Miguel Álamo como presidente del Granca no supone simplemente colocar a un político al frente de un club de propiedad pública. Álamo conoce los banquillos porque también ha entrenado y lo ha hecho dentro de la propia estructura amarilla.
Pasó por las categorías de formación del CB Gran Canaria y formó parte del cuerpo técnico de un equipo infantil que alcanzó un subcampeonato de España. Esa experiencia permite conocer una parte de cualquier club que rara vez se observa desde un palco: entrenamientos, niños, padres, viajes, vestuarios, técnicos y esas derrotas que en categorías inferiores pueden durar hasta la mañana siguiente mientras las victorias parecen prolongarse durante semanas.
Consejero de Deportes
También conoce el otro extremo de la entidad. Hace más de veinte años que su nombre aparece relacionado con la estructura institucional del Gran Canaria. Cuando en 2003 asumió, tras formar parte de la lista del Partido Popular, la Consejería de Deportes del Cabildo entró en el Consejo de Administración del club. También estuvo vinculado al nacimiento de la Fundación Canaria del Deporte, propietaria de las acciones de la entidad, y en 2023 regresó nuevamente al Consejo.
Resulta difícil, por tanto, decidir cuál de todos esos Álamos llega ahora a la presidencia. Seguramente haya algo de cada uno: del entrenador de cantera y del gestor público, del profesor universitario y del hombre que conoce desde dentro una estructura singular, la de un equipo profesional que compite en el mercado del deporte de élite pero continúa ligado institucionalmente al Cabildo de Gran Canaria.
El profesor
En una cancha se puede gritar; en una clase hay que explicar. Álamo escogió convertir el deporte que había practicado desde niño en materia de estudio y comenzó su trayectoria docente e investigadora en la ULPGC en 1993. Desde entonces, Universidad y deporte han avanzado prácticamente juntos en su vida.
Ha sido vicedecano, director de diferentes áreas universitarias y vicerrector. En 2003 obtuvo la plaza de profesor titular y ese mismo año apareció con fuerza otra vertiente de su biografía: la política. Durante las dos décadas siguientes entró y salió de ella sin abandonar la Universidad.
Ha sido consejero del Cabildo de Gran Canaria en diferentes etapas y áreas, desde Deportes hasta Política Social, pasando por Educación, Universidad y Nuevas Tecnologías o Agricultura, Ganadería y Pesca. También fue concejal en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Es probablemente la parte más conocida de su trayectoria pública, aunque no necesariamente la que mejor explica al personaje.
El hilo que atraviesa casi todo lo demás es el deporte. Está en el niño de Cruz de Piedra y en aquel Biri que corría detrás de una pelota; en el balonmano que le enseñó Leoncio Castellano, en la lucha canaria y en el judo; en la elección de sus estudios, en su tesis doctoral, en las investigaciones universitarias, en los banquillos de formación y en sus diferentes etapas dentro del Granca. La presidencia no rompe ese hilo, sino que lo lleva hasta el lugar de mayor responsabilidad.
El palco
Los palcos tienen el inconveniente de estar bastante lejos de los barrios. Desde arriba el baloncesto incluso puede parecer sencillo: cinco contra cinco, una pelota, dos canastas y cuarenta minutos. El Granca que recibe José Miguel Álamo tiene muy poco de sencillo.
El descenso a Primera FEB cerró de golpe una etapa de 31 temporadas consecutivas en la máxima categoría. Sitapha Savané presentó su dimisión y el club tuvo que comenzar una reconstrucción mientras asumía una realidad desconocida para varias generaciones de aficionados acostumbrados a mirar hacia la Liga Endesa y las competiciones europeas.
Sin cobrar
Álamo ha aceptado presidir la entidad sin cobrar por el cargo y ha anunciado su salida de sus responsabilidades políticas, mientras mantiene su actividad universitaria. El profesor tendrá que convivir ahora con el presidente y descubrir una diferencia importante entre estudiar el deporte y gobernarlo: las teorías tienen tiempo para madurar, pero los resultados llegan cada fin de semana.
Quizá entonces le venga bien recordar el judo. No porque dirigir un club se parezca demasiado a combatir sobre un tatami, sino porque buena parte de su vida ha consistido en aprender distintas maneras de relacionarse con el deporte. Lo ha practicado, estudiado, enseñado, investigado, entrenado y gestionado. Ahora tendrá que responder por él.
Vargas Llosa escribió en La civilización del espectáculo sobre aquella vieja aspiración griega de cultivar al mismo tiempo el cuerpo y el espíritu. José Miguel Álamo encontró ambos bastante antes de leer al Nobel. Uno estaba en los libros y el otro comenzó a descubrirlo en las calles y las canchas de Cruz de Piedra, cuando todavía nadie podía imaginar que aquel muchacho al que llamaban Biri acabaría ocupando, décadas después, la presidencia del Club Baloncesto Gran Canaria.
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