El campeón olímpico de decatlón Ashton Eaton explicó una vez que llegó un momento en el que comprendió la verdadera naturaleza de su deporte: "No compito realmente contra los otros; compito contra mí mismo". El rival era su propia marca. El hombre que había sido ayer. La frontera que había alcanzado hasta entonces. Para avanzar no necesitaba mirar al atleta de la calle de al lado, sino preguntarse cuánto más podía exigirse a sí mismo.
La frase podría servir para explicar una parte importante de la vida de Jacinto Artiles Ramírez, fundador y presidente de la Universidad del Atlántico Medio. No porque haya sido nunca decatleta, sino porque los tres deportes que han ocupado distintas etapas de su vida tienen algo en común. Primero fue la vela. Después llegó el maratón. Ahora es el golf. Tres disciplinas en las que, aunque existen rivales, clasificaciones y competiciones, buena parte de la batalla sucede en un territorio mucho más íntimo: uno mismo.
Educación
Quizá por eso tampoco resulta demasiado difícil encontrar un paralelismo con su trayectoria profesional. Artiles lleva más de tres décadas intentando mover la misma frontera en otro terreno: Educación. Primero ESCOEX, después el Instituto Internacional Bravo Murillo y finalmente la Universidad del Atlántico Medio. Proyectos diferentes que, contemplados con perspectiva, parecen estaciones de un mismo viaje.
El nombre de la universidad tampoco es casual. Artiles lleva años defendiendo una idea que inicialmente podía parecer excesivamente ambiciosa: Canarias debe aspirar a convertirse en la capital del Atlántico Medio, un espacio económico, cultural y educativo que no termina en las ocho islas y que mira hacia la costa occidental africana. Esa concepción terminó dando nombre al proyecto universitario que hoy preside. Su propia institución explica su estrategia desde esa posición geográfica: Canarias como puente entre Europa y África y la educación como una de las herramientas para ejercer ese papel.
Pero para entender a Jacinto Artiles quizá haya que alejarse durante un momento de los despachos y regresar al mar.
El viento
Su relación con la vela comenzó en la juventud, navegando en la Escuela de Puerto Rico. Cuando se trasladó a Málaga para estudiar Ciencias Económicas empezó a navegar en la clase Finn, una embarcación individual especialmente exigente. El regatista está solo frente al viento, el mar y sus propias decisiones. No hay compañero al que entregar la responsabilidad cuando algo sale mal.
A su regreso a Gran Canaria continuó vinculado a la navegación y ejerció como monitor en la escuela de vela de Puerto Rico. Llegó además a navegar como proel de Joaquín Blanco Torrent, uno de los nombres fundamentales de la historia de la vela canaria. La Real Federación Canaria de Vela conserva precisamente la referencia de Artiles entre los hombres que navegaron junto a Blanco.
Lanzarote
El tiempo cambió muchas cosas, pero no consiguió apartarlo del mar. La vela permanece ahora asociada a algo bastante más importante que cualquier regata: su familia.
Todos los años intenta reservar entre diez y quince días para reunirse con los suyos en Lanzarote. La familia, a estas alturas, necesita espacio. Su mujer, sus seis hijos, nueras, yernos y nietos forman una pequeña expedición que durante esos días cambia las obligaciones cotidianas por la costa conejera. Alquilan un barco y salen a navegar.
Puede que esa sea una de las imágenes que mejor expliquen el paso del tiempo. El joven que aprendió a gobernar un Finn terminó construyendo una familia numerosa a la que todavía reúne alrededor del mar. Ya no importa demasiado llegar primero a ninguna boya. Basta con juntarse con la familia y navegar.
Amerizaje
Aunque hubo una ocasión, muchos años antes, en la que el Atlántico dejó de ser escenario deportivo o familiar para convertirse en pista de aterrizaje.
Ocurrió en los años setenta. Artiles viajaba como copiloto en una avioneta que sobrevolaba el sur de Gran Canaria. Durante el vuelo, el piloto intentó realizar una pirueta y una avería complicó de repente lo que hasta entonces era una jornada sin mayores sobresaltos. La primera intención fue alcanzar el aeródromo de Tarajalillo, pero pronto comprendieron que el aparato no llegaría.
Así que hicieron lo único que podían hacer: amerizar frente a la playa de San Agustín. Salió bien. Y continuaron con sus vidas.
42 kilómetros
Décadas después, el desafío ya no estaba en el agua ni en el aire, sino sobre el asfalto.
A finales de los noventa y comienzos de este siglo, cuando rondaba los cincuenta años, Jacinto Artiles decidió correr maratones. Tampoco quiso hacerlo solo. Convenció a varios vecinos de Tafira y comenzó a entrenar con ellos por los alrededores de Bandama. Kilómetro tras kilómetro, aquellos entrenamientos terminaron desembocando en distintas pruebas. Hasta llegar a Boston.
La Maratón de la capital Massachusetts no es simplemente otra carrera de 42,195 kilómetros. Es una de las grandes referencias históricas del atletismo mundial y alcanzar su línea de salida ya constituye para muchos corredores populares una meta. Artiles la terminó en tres horas y seis minutos.
La cifra dice bastante más cuando se observa sin adornos: 42 kilómetros manteniendo un ritmo aproximado de 4 minutos y 25 segundos por kilómetro. Y haciéndolo a una edad en la que la mayoría de las personas no contempla precisamente empezar a enfrentarse al maratón.
Otra vez aparece el mismo patrón. La distancia, el cronómetro y uno mismo.
Desafíos profesionales
Algo parecido había ocurrido mientras construía su carrera profesional. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, auditor de empresas, máster en Dirección de Comercio Internacional y diplomado en Alta Dirección de Empresas, Artiles fue economista jefe de la Cámara de Comercio de Las Palmas y profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Pero su nombre terminó quedando especialmente ligado a la formación de empresarios y directivos.
En 1988 asumió la dirección general de ESCOEX y cinco años después, en 1993, puso en marcha el Instituto Internacional Bravo Murillo, concebido como un centro de formación y perfeccionamiento empresarial. Aquel trabajo, formando a diversos niveles a miles de estudiantes y ejecutivos, desarrollado durante décadas junto a empresarios y profesionales de las Islas, acabaría siendo uno de los cimientos de algo mucho mayor.
La propia Universidad del Atlántico Medio reconoce hoy aquella experiencia como su germen. Artiles lo ha explicado de forma muy gráfica: la "mecha" que prendió el proyecto universitario fueron ESCOEX y los programas de alta dirección desarrollados durante treinta años alrededor de Bravo Murillo.
La carrera había empezado mucho antes de que apareciera la universidad.
Una universidad
La Universidad del Atlántico Medio terminó convirtiendo en institución una idea largamente perseguida. En enero de 2015 se constituyó la Fundación Canaria Universitaria Internacional de Canarias con ese fin. El Parlamento de Canarias aprobó por unanimidad en marzo de 2015 la ley de reconocimiento de la Universidad Internacional de Canarias (luego renombrada como Universidad del Atlántico Medio) promovida por la Fundación Canaria Bravo Murillo, estableciendo que la Fundación Canaria Universitaria Internacional de Canarias pasaba a asumir las responsabilidades que le correspondían como titular de la universidad.
Tres años después, Artiles solicitó formalmente la autorización para poner en funcionamiento la universidad. La documentación oficial del Gobierno de Canarias deja constancia de aquel proceso.
Hoy figura como fundador y presidente de la institución. En diciembre de 2024, el Colegio Oficial de Economistas de Las Palmas lo distinguió como Economista de Honor por su aportación a la educación empresarial en Canarias. El reconocimiento llegaba después de más de 35 años vinculados a la formación de empresarios, directivos y universitarios.
África y los más jóvenes
La universidad representa probablemente la obra que permite observar con mayor claridad todas las anteriores. ESCOEX y Bravo Murillo no desaparecen cuando nace el nuevo proyecto: forman parte de su ADN. Igual que la idea de conectar educación y empresa, retener talento en Canarias y mirar hacia África, Europa y América. Artiles llevaba años defendiendo que las Islas necesitaban formar mejor a sus empresarios y generar sus propias oportunidades. En una entrevista concedida en 2012 resumió su manera de entender una sociedad con una frase sencilla: «Un pueblo es el resultado de la iniciativa de su gente».
La educación, desde esa perspectiva, nunca fue únicamente una acumulación de conocimientos. También era carácter. Y esa era una tarea que había que acometer desde edades más tempranas. Por eso en el 2010 Artiles aceptó asumir la presidencia de Centros Educativos Canarios y de sus colegios Garoé y Guaydil —hoy en día colegio Atlantic School— en cuyas tareas de gobierno había colaborado desde el año 2000.
El próximo curso se cumple el cincuenta aniversario de esa iniciativa social que en la vida de Artiles completa un ciclo de su entrega a formar personas responsables desde infantil hasta la universidad, y más allá en la formación permanente de profesionales para Canarias.
El siguiente golpe
El maratón terminó dejando paso al golf. No fue, en realidad, una transición completamente casual. Una información de la Federación Canaria de Golf recuerda cómo un grupo de corredores entrenaba por los alrededores del Real Club de Golf de Las Palmas cuando Artiles terminó introduciendo a algunos de ellos en ese deporte a comienzos de siglo.
Ahora intenta jugar una o dos veces por semana.
El escenario ha cambiado. Ya no hay una vela que ajustar cuando cambia el viento ni una línea azul pintada sobre el asfalto que indique por dónde continúa el maratón. Hay una bola inmóvil, un palo, unos cuantos metros de césped y un golpe que siempre puede ejecutarse mejor.
También ha competido. En 2011 ganó junto a su hija Sara un torneo benéfico disputado en Bandama. Entonces jugaba con hándicap 9. Padre e hija entregaron una tarjeta de 43 puntos. Años después su nombre continúa apareciendo en competiciones del Real Club de Golf de Las Palmas.
Pero quizá el resultado sea lo de menos. Porque vuelve a aparecer el mismo adversario.
Sin escondite
Jacinto Artiles ha pasado buena parte de su vida eligiendo deportes en los que resulta imposible esconderse. En un Finn, cada decisión pertenece al patrón. En un maratón, nadie puede correr por ti cuando las piernas empiezan a protestar. En el golf, el siguiente golpe siempre vuelve a depender de quien sostiene el palo.
Y en medio de esos tres deportes construyó una trayectoria dedicada a la educación que también parece avanzar de desafío en desafío. ESCOEX fue una meta hasta que apareció Bravo Murillo. Bravo Murillo dejó de ser el horizonte cuando empezó a tomar forma la posibilidad de crear una universidad. Y la universidad tampoco parece concebida como una estación final, sino como una herramienta para una ambición todavía mayor: colocar a Canarias en el centro de ese espacio que Artiles lleva tantos años llamando Atlántico Medio.
Tal vez por eso la reflexión de Ashton Eaton encaje tan bien. El rival rara vez está enfrente. A veces está en el cronómetro. Otras, en una tarjeta de golf. Puede aparecer en una boya que todavía queda lejos o en una idea que parece demasiado grande cuando alguien la formula por primera vez.
Casi siempre, sin embargo, termina estando en el mismo sitio. En uno mismo.
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