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Juanra Marrero, ante el final de una vida en el Granca: el club le busca una salida tras más de 30 años. / ACB PHOTO

Juanra Marrero, ante el final de una vida en el Granca: el club le busca una salida tras más de 30 años

La nueva etapa que encabeza José Miguel Álamo no cuenta con el actual director ejecutivo, antiguo jugador amarillo y miembro del equipo que logró el ascenso de 1995, que ha desarrollado prácticamente toda su vida profesional dentro del club

El Club Baloncesto Gran Canaria prepara uno de esos movimientos que trascienden cualquier cambio en un organigrama. La nueva etapa de la entidad no cuenta con Juanra Marrero Prats, actual director ejecutivo y uno de los hombres que mejor representa la continuidad del club durante las últimas tres décadas. El Granca busca una salida para quien primero defendió su camiseta sobre la cancha y, después de retirarse, hizo del club su lugar de trabajo durante más de 30 años.

La decisión forma parte de la reorganización que acompaña la llegada de José Miguel Álamo a la presidencia después del descenso a Primera FEB. El Cabildo, propietario de la Sociedad Anónima Deportiva (SAD), ha marcado entre sus prioridades la construcción de una estructura profesional para afrontar una etapa que tiene como primer objetivo recuperar la categoría perdida. Dentro de ese proceso, Marrero no entra en los planes de la nueva dirección y las partes deberán resolver ahora su desvinculación.

No se trata, sin embargo, de una salida cualquiera. Pocos nombres permiten recorrer tanta historia del Gran Canaria sin cambiar de protagonista. Marrero estuvo dentro cuando el club todavía peleaba por encontrar su sitio entre la élite, estuvo en la plantilla que devolvió al equipo a la ACB en 1995 y siguió dentro cuando el Granca se asentó en la máxima categoría, salió a Europa, abandonó el Centro Insular de Deportes, conquistó la EuroCup y llegó a disputar la Euroliga. Cambiaron presidentes, entrenadores, directores deportivos, pabellones y generaciones de jugadores. Él permaneció.

De los Jesuitas al profesionalismo

Su relación con el baloncesto comenzó mucho antes de entrar en los despachos. Juanra Marrero nació en Las Palmas de Gran Canaria el 2 de febrero de 1963 y empezó a jugar en el Colegio San Ignacio de Loyola, los Jesuitas de Gran Canaria. Desde allí inició un camino que acabaría llevándolo a la cantera del Real Madrid y posteriormente al baloncesto profesional.

Alero de 1,92 metros, desarrolló una carrera de 15 años como jugador profesional. Su currículum incluye además ocho internacionalidades con la selección española absoluta y 25 con la selección júnior.

Una parte importante de su trayectoria transcurrió en Madrid. Jugó en el Atlético de Madrid y tuvo un papel destacado en el Collado Villalba, donde una temporada fue el mejor anotador nacional en la ACB. En la temporada 1988-89, una de las mejores de su carrera en la ACB, promedió 13,7 puntos y más de 33 minutos por encuentro. Su techo anotador en la competición quedó fijado en los 37 puntos que consiguió frente al Girona el 14 de enero de 1989.

Los números que conserva la ACB de su trayectoria en la máxima categoría recogen 184 partidos, 8,3 puntos y 26 minutos de media. Son cifras que cuentan solo una parte de una carrera desarrollada también en otras categorías y que terminaría cerrándose precisamente en su isla.

Regreso a casa

Marrero jugó en el Gran Canaria entre 1990 y 1993. Después de un paréntesis en el Caleta Fuste de Fuerteventura regresó para la temporada 1994-95, una campaña que terminó convirtiéndose en una frontera histórica para la entidad. Aquel equipo consiguió en Gijón el ascenso que abrió el periodo de 31 temporadas consecutivas del Granca en la máxima categoría.

La plantilla dirigida en su tramo decisivo por Manolo Hussein —con Rafa Calvo de técnico ayudante— tenía un marcado componente isleño. Allí estaban, entre otros, Berni Hernández, Emilio Boada, Pepón Artiles, Ángel Santana, Jonathan Ojeda, Alexis Lombilla y el propio Marrero. El Gran Canaria acabó proclamándose campeón después de superar al anfitrión, el Gijón, por 84-86.

Juanra Marrero, bajó (tercero por la izquierda), en su última temporada como jugador profesional. / CB GRAN CANARIA

Juanra, sin embargo, tuvo que vivir el desenlace desde fuera de la cancha. Una hernia discal le impidió participar en aquella fase definitiva. Fue el último capítulo de su carrera como jugador. Se retiró en 1995, pero no abandonó el Gran Canaria.

Ese detalle explica buena parte de lo que representa su salida actual. Marrero prácticamente cambió el vestuario por los despachos.

Una vida dentro

Desde entonces ocupó diferentes responsabilidades hasta convertirse en una de las figuras más estables de la estructura del club. Pasó por funciones vinculadas a prensa, comunicación, marketing y relaciones externas, trabajó como adjunto a la gerencia, ejerció como gerente y fue asumiendo progresivamente responsabilidades en la administración y funcionamiento diario de la entidad.

Su recorrido atravesó diferentes modelos de gestión. Trabajó junto a Berdi Pérez y posteriormente ocupó responsabilidades durante otras etapas de la dirección del club. Cuando Berdi dejó el Gran Canaria en 2007 para incorporarse al Unicaja, Marrero asumió una parcela amplia que incluía áreas como prensa, marketing, administración y personal.

En 2010, con una nueva reorganización de la entidad y Himar Ojeda como director general, Marrero pasó a ejercer como adjunto a la dirección general. Más adelante fue director de operaciones, responsabilidad desde la que continuó acumulando peso en el funcionamiento cotidiano del club.

El siguiente cambio importante llegó en octubre de 2017. El Consejo de Administración aprobó la creación del puesto de director ejecutivo y eligió a Marrero para ocuparlo. Para entonces habían transcurrido 22 años desde que había dejado de jugar y, salvo aquella transición inicial desde la cancha, toda su carrera profesional posterior estaba vinculada al mismo escudo.

El hombre de la estructura

Su trabajo fue adquiriendo además una dimensión que trascendía las oficinas del Arena. Ha sido representante de la entidad en las asambleas de EuroCup y EuroLeague, en la Comisión Delegada y las asambleas de la ACB y en la Asamblea General de la Federación Española de Baloncesto. También figura vinculado a los órganos de las federaciones Canaria y de Gran Canaria.

Es una muestra de la posición que ha ocupado durante los últimos años: menos visible para el aficionado que un presidente, un entrenador o un director deportivo, pero situado en una zona esencial del funcionamiento institucional del club.

Sitapha Savané, Aridany Romero y Juanra Marrero, durante una visita del consejero de Deportes del Cabildo al Arena. / MIGUEL HENRÍQUEZ-CBGRANCANARIA.NET

Su nombre atravesó así presidencias y proyectos diferentes. El Gran Canaria que encontró Marrero como jugador poco tiene que ver con el que ahora se dispone a abandonar. En medio quedaron la consolidación definitiva en la ACB, las primeras aventuras europeas, el crecimiento presupuestario, el traslado desde el Centro Insular de Deportes al Gran Canaria Arena, la participación en la Euroliga y el título de la EuroCup de 2023.

También estuvo dentro durante el golpe deportivo que cerró aquel ciclo: el descenso a Primera FEB después de 31 temporadas consecutivas en la élite.

Una nueva etapa

Ese descenso desencadenó una transformación profunda. Sitapha Savané presentó su dimisión apenas unos días después de consumarse la pérdida de categoría —aunque sigiioó en el club hasta el 23 de septiembre— y el consejero de Deportes del Cabildo, Aridany Romero, anunció entonces que asumiría temporalmente la gestión mientras se buscaba presidente. Después llegó la elección de José Miguel Álamo para ponerse al frente del club.

La remodelación ya había alcanzado antes al área deportiva. Willy Villar dejó la dirección deportiva y el club incorporó a Francesc Solana, procedente del MoraBanc Andorra, con un contrato de dos temporadas. En el banquillo, Bruno Savignani recibió el encargo de dirigir el proyecto que debe intentar devolver al equipo a la Liga Endesa.

Ahora el cambio alcanza también a uno de los nombres históricos de la estructura administrativa. Juanra Marrero, por eso su historia, resulta difícil de separar de la propia evolución del club. Conoció un Granca que todavía no podía dar por sentada su presencia entre los mejores y ayudó desde diferentes posiciones a construir el que terminó convirtiéndose en uno de los proyectos más estables del baloncesto español.

Primero llevó su camiseta. Después trabajó durante décadas detrás de ella. El club ha decidido que ese camino llegue ahora a su final.

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