Aficionados del Granca en el Arena. / CB GRAN CANARIA
Aficionados del Granca en el Arena. / CB GRAN CANARIA

Penélope, Ítaca y el Granca

Mientras jugadores y dirigentes deciden el destino del club, la afición resiste como la mujer de Ulises: sin poder, pero sin escapatoria

Martín Alonso

Hay algo especialmente doloroso en la situación actual del CB Gran Canaria que no tiene que ver solo con la clasificación.

El equipo está a una victoria del abismo, eliminado de Europa y con un partido clave este domingo ante el Breogán que ya no admite matices. Todo eso es evidente. Todo eso es medible.

Pero hay otra cosa, menos visible, que pesa más.

La sensación de que, pase lo que pase, los que deciden no serán los que se queden.

Porque si el Granca cae, los jugadores se irán. Es su trabajo, su mercado, su carrera. Nada que objetar. También huirán los ejecutivos —el presidente ejecutivo, Sitapha Savané, y el director deportivo, Willy Villar—. Son las inercias de siempre.

El club, en apariencia, continuará. Pero no será lo mismo. Nunca lo es.

Aficionados en la Grada de Animación del Gran Canaria Arena. / CB GRAN CANARIA
Aficionados en la Grada de Animación del Gran Canaria Arena. / CB GRAN CANARIA

Porque hay una parte del Granca que no tiene alternativa. Que no puede cambiar de camiseta, ni negociar su permanencia emocional, ni mirar hacia otro lado si todo se rompe. Esa parte es la que hoy está más expuesta y, paradójicamente, es la que menos capacidad tiene para intervenir.

Ahí es donde esta historia deja de ser deportiva.

'La Odisea'

En La OdiseaPenélope no decide guerras ni traza rutas. No tiene poder sobre los acontecimientos que determinan el futuro de Ítaca. Depende de lo que ocurra lejos, en lugares donde no puede influir.

Y sin embargo, resiste.

Teje de día y desteje de noche. No para ganar, sino para sostener. Para evitar que todo se desmorone mientras otros juegan su partida en escenarios que no controla.

La afición del Granca está hoy exactamente ahí.

No puede cambiar el rumbo del equipo. No puede exigir fichajes ni corregir errores tácticos. No puede intervenir en la gestión ni acelerar decisiones que parecen no llegar nunca. Depende de otros.

Y aun así, sigue.

Aficionados del Granca. / CB GRAN CANARIA
Aficionados del Granca. / CB GRAN CANARIA

Sigue llenando el pabellón, sigue indignándose, sigue creyendo en algo que cada semana se tambalea un poco más. Sigue sosteniendo un escudo que, en demasiados momentos, parece no estar a la altura de quienes lo defienden sin condiciones.

Sentimiento de pertenencia

Esa es la verdadera resistencia. No la del que compite, sino la del que no tiene margen de acción y aun así no se desvincula.

Porque lo más incómodo de todo esto no es el riesgo de descenso.

Es la evidencia de que el Granca no está, en realidad, en manos de quienes más lo sienten.

Y, sin embargo, cuando todo pase —cuando acabe la temporada, cuando se tomen decisiones, cuando algunos se marchen y otros expliquen— solo quedarán los mismos.

Los que no podían irse. Los que nunca pudieron.

Los que, como Penélope en Ítaca, seguirán esperando que alguien entienda que un club no se sostiene desde la pista ni desde un despacho, sino desde un lugar mucho más frágil y mucho más fiel: el de quienes, incluso cuando todo falla, no saben dejar de estar

#VamosGranca. Hoy, mañana y siempre —pero sobre todo este domingo)—.