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Rayco García y la reconstrucción del CD Tenerife: del ruido al proyecto. / EFE

Rayco García y la reconstrucción del CD Tenerife: del ruido al proyecto

El empresario asumió un club al borde del colapso deportivo, soportó un fuerte desgaste personal y devuelve al Tenerife al fútbol profesional con un proyecto sólido y un rumbo reconocible

Si un joven de 20 años tuviera que explicar qué representa el CD Tenerife en el fútbol español, probablemente hablaría de un equipo de Segunda División. O incluso de Primera RFEF. Difícilmente lo situaría entre los clubes históricos del país porque nunca ha llegado a conocer al Tete que maravilló a España en los años noventa. Para esa generación, el conjunto blanquiazul es un club con una enorme masa social y un pasado del que ha oído hablar, pero no una referencia deportiva que haya podido disfrutar.

Sin embargo, quienes crecimos viendo aquella Liga sabemos que hubo un tiempo en el que el CD Tenerife fue mucho más que un buen equipo. Fue una de las grandes noticias del fútbol español. Mientras el campeonato iniciaba su expansión internacional, el conjunto blanquiazul rompía todos los tópicos asociados al fútbol insular y demostraba que desde una isla también podía construirse un proyecto capaz de competir de tú a tú con cualquiera.

Aquel Tenerife jugaba bonito y bien. Muy bien. Tenía personalidad, una identidad reconocible y futbolistas que aún hoy forman parte de la memoria colectiva del fútbol español. Fernando Redondo convirtió el centro del campo en una obra de arte. Felipe Miñambres aportó equilibrio, inteligencia y liderazgo. Juanele, Dertycia, Jokanovic, Roy Makaay, Antonio Mata, Chano, Ojeda, Chemo del Solar o Latorre dieron forma a una plantilla extraordinaria que hizo disfrutar incluso a quienes no eran aficionados del club.

Semifinalista de la UEFA

Los resultados terminaron convirtiendo aquella sensación en una realidad incontestable. El CD Tenerife disputó dos ediciones de la Copa de la UEFA y alcanzó unas semifinales inolvidables después de eliminar a rivales del prestigio de la Juventus, la Lazio, Schalke 04 o el Auxerre. Y dejó para siempre dos capítulos imborrables en la historia de la Liga al derrotar al Real Madrid en las dos últimas jornadas de dos campeonatos consecutivos, resultados que terminaron proclamando campeón al Barça. Aquellas victorias trascendieron al propio Tenerife y colocaron al club en el centro del fútbol español.

Aficionados del CD Tenerife celebran el ascenso a Segunda División. / EFE

Pero el fútbol tiene una particularidad que no admite excepciones: la historia ayuda a construir la identidad de un club, pero no garantiza su futuro. Con el paso de los años, el Tenerife fue alejándose de aquella realidad hasta instalarse en una peligrosa contradicción. Su pasado seguía creciendo en el recuerdo de los aficionados mientras su presente se hacía cada vez más pequeño. La comparación permanente con los años dorados terminó convirtiéndose, en demasiadas ocasiones, en un lastre. Como si el club estuviera obligado a medirse todos los días con la mejor versión de sí mismo.

Crisis deportiva

Fue en ese contexto cuando Rayco García decidió asumir el control del principal paquete accionarial del CD Tenerife. No heredó una institución estable ni un equipo preparado para pelear por el ascenso. Recibió un club profundamente fracturado, inmerso en una crisis deportiva que desembocaría en el descenso a Primera RFEF y desgastado por años de enfrentamientos internos. La fotografía era cualquier cosa menos atractiva para un empresario que podía haber seguido desarrollando con tranquilidad una actividad diversificada en distintos sectores, desde el turismo hasta otras inversiones deportivas.

Sin embargo, eligió el camino más complicado. Y probablemente la explicación no pueda encontrarse únicamente en una hoja de cálculo. Rayco García también fue aquel niño que cada tarde cogía la guagua para desplazarse hasta Santa Cruz de Tenerife y entrenar en la cantera del club. Su vinculación con el escudo no nació en un consejo de administración, sino muchos años antes, cuando todavía soñaba con llegar al primer equipo. Esa dimensión sentimental ayuda a entender por qué decidió implicarse en un proyecto que, desde el primer día, prometía más desgaste que reconocimiento.

Causa cerrada

Ese desgaste llegó incluso antes de que el balón empezara a ofrecer respuestas. Su desembarco en el club coincidió con un episodio judicial especialmente duro. Fue detenido y señalado públicamente por unas acusaciones de enorme gravedad que dañaron su imagen y alimentaron un intenso juicio paralelo. El desenlace fue muy diferente al relato inicial. La Justicia terminó exonerándolo por completo, cerrando una causa que había proyectado una sombra evidente sobre su honorabilidad. La absolución no borra el coste personal de aquel proceso, pero sí obliga a analizar su figura desde los hechos y no desde las sospechas que durante meses monopolizaron el debate público.

Paulino Rivero, en el centro de la imagen, durante la junta de accionistas en la que Rayco García tomó el control de CD Tenerife. / MIGUEL BARRETO-EFE

Mientras tanto, el Tenerife consumaba un descenso que muchos consideraban el inicio de una travesía incierta. La Primera RFEF se ha convertido en una categoría especialmente cruel para los clubes históricos. Ahí permanecen equipos con un enorme peso en el fútbol español incapaces de encontrar el camino de regreso. Descender no garantiza volver. Al contrario. En demasiadas ocasiones supone el comienzo de un largo periodo de frustración.

Tener un plan

García entendió rápidamente que no bastaba con cambiar nombres. Era necesario construir una estructura. Apostó por Felipe Miñambres para presidir el club, una decisión que combinaba experiencia en la gestión y un profundo conocimiento de la identidad blanquiazul. Mantuvo la confianza en Álvaro Cervera para dirigir el banquillo y dotó a la plantilla de los perfiles adecuados para competir en una categoría que exige mucho más oficio que brillo. No hubo grandes promesas. Hubo planificación.

El resultado fue un Tenerife reconocible desde el primer momento. Un equipo competitivo, sólido y preparado para dominar una categoría especialmente exigente. El ascenso llegó apenas un año después del descenso y lo hizo con la sensación de que no era fruto de una reacción impulsiva, sino de una hoja de ruta diseñada para devolver al club al fútbol profesional sin perder de vista el medio y el largo plazo.

Rayco García, exonerado: la Audiencia archivó la causa contra el accionista del CD Tenerife. / AH

Pero reducir el balance de este primer año únicamente al ascenso sería quedarse a medio camino. El mayor logro de Rayco García probablemente no aparezca en la clasificación. Lo verdaderamente relevante ha sido devolver estabilidad a una institución que llevaba demasiado tiempo instalada en el conflicto. El CD Tenerife ha dejado de ser noticia por sus guerras internas para volver a ocupar titulares por cuestiones deportivas. Parece una obviedad, pero durante años dejó de serlo.

Nuevo punto de partida

Eso no significa que el club haya resuelto todos sus problemas. Ni que el camino vaya a ser sencillo. El regreso a Segunda División representa un nuevo punto de partida, no una meta definitiva. La exigencia aumentará y también lo harán las expectativas de una afición que, por historia y dimensión social, siempre aspira a mirar hacia arriba. El verdadero examen comienza ahora.

Porque el objetivo nunca debería ser reconstruir el Tenerife de los años noventa. Ese equipo pertenece a una época irrepetible del fútbol español. La tarea consiste en construir otro Tenerife capaz de generar sus propios recuerdos, de ofrecer nuevas referencias a quienes no vivieron aquellas tardes de Redondo, Miñambres, Juanele o Makaay. En definitiva, de conseguir que dentro de veinte años un joven aficionado no necesite recurrir a historias que le contaron sus padres para explicar la importancia del club.

Ese es, probablemente, el principal mérito de Rayco García hasta ahora. No haber devuelto al CD Tenerife a su pasado, sino haber demostrado que el pasado, por brillante que sea, nunca basta para construir el futuro.