Sitapha Savané, en el centro, rodeado por Willy Villar y Jaka Lakovic. / QUIQUE CURBELO-EFE
Sitapha Savané, en el centro, rodeado por Willy Villar y Jaka Lakovic. / QUIQUE CURBELO-EFE

Savané: ‘¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!’ no tiene un final feliz

El presidente del Club Baloncesto Gran Canaria afronta su momento más incómodo, con un equipo sin rumbo en el tramo decisivo y dudas crecientes sobre su gestión deportiva y liderazgo

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Martín Alonso

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En 2010 la plantilla del Club Baloncesto Gran Canaria, en un ambiente de hartazgo por retrasos continuados en el pago de nóminas y promesas incumplidas, se plantó. "No pay, no play", proclamó Marcus Norris antes de una sesión de entrenamiento programada para un viernes. El resto del equipo asumió como propia aquella declaración de intenciones.

Ese marrón en forma de huelga se lo comió Agustín Medina nada más llegar a la presidencia del Granca, cargo al que había accedido unas semanas antes tras la dimisión de Lisandro Hernández después de 20 años al mando del club.

Tapar agujeros

El Granca, por aquel entonces, ya era propiedad del Cabildo, pero la aportación financiera de la corporación insular a las cuentas de la entidad claretiana servía, básicamente, para tapar agujeros —impagos a jugadores, deudas con proveedores, evitar causas de disolución, etc—.

Ese desmadre económico se corrigió luego. Primero al establecer una línea de crédito —con el aval del propietario—. Y luego, con Lucas Bravo de Laguna como consejero de Deportes del Cabildo, al fijar una cantidad fija de cuatro millones de euros —aprobada en Pleno— bajo el epígrafe de Ayuda a la Gestión del Granca.

Líder en el vestuario

Así que en 2010, a la espera de que la maquinaria burocrática del Cabildo ingresara en la cuenta del Granca el dinero correspondiente para poder pagar a la plantilla, Agustín Medina exploró diferentes soluciones para apagar con cierta celeridad el incendio que tenía en el vestuario.

El Granca cierra la temporada 2024-2025 en números rojos: casi 200.000 euros de déficit. En la imagen, Sitapha Savané, presidente del club. / ÁNGEL MEDINA G.-EFE
Sitapha Savané, presidente del Club Baloncesto Gran Canaria. / ÁNGEL MEDINA G.-EFE

En ese momento, sin que el propio Medina lo viera venir, Sitapha Savané —como uno de los líderes de aquel vestuario— dio un paso al frente y se ofreció a adelantar el dinero para que sus compañeros cobraran. No hizo falta, pero ese día demostró que un capitán vale más por su compromiso con la causa que por cualquier récord que fije sobre parqué. ¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!

Gatopardismo

Hoy, en 2026, el Granca sigue igual. Es verdad que Savané ahora ejerce como presidente, que en sus vitrinas —esas que tiene escondidas al fondo del Arena— hay dos trofeos de campeón de la Supercopa ACB y de la Eurocup y que ahora juega en un pabellón mucho más moderno y mucho más cómodo que el Centro Insular.

En apariencia todo parece haber cambiado, pero en esencia, en espíritu, es el mismo Granca de siempre. Ese que sigue sin romper el cascarón, que parasita como un zombi gracias al dinero de Papá Cabildo. En el que el objetivo profesional no es llegar para servir; el fin es llegar para mantenerse y vivir cómodamente con los sueldos garantizados. Donde hay más jefes que indios para que impere el gatopardismo: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie".

Dependencia pública

En 2026, el Granca aún depende del dinero público: más de la mitad de sus ingresos anuales proceden de administraciones públicas. 34 años después de su conversión en Sociedad Anónima Deportiva es una empresa estructuralmente deficitaria o no viable económicamente en condiciones de mercado porque su propietario, cada temporada, asegura buena parte de los ingresos. Y tras tres décadas consecutivas en la ACB no es un producto atractivo: aún regala entradas para tapar asientos vacíos en el Arena.

El Cabildo ejecuta la reclamación previa contra Dreamland por el impago del patrocinio del Granca. / CABILDO DE GRAN CANARIA
Pedro Justo, Aridany Romero, Sitapha Savané, Antonio Morales, Jaka Lakovic y Willy Villar. / CABILDO DE GRAN CANARIA

La pregunta que deberíamos plantearnos es cómo hemos llegado hasta aquí. Lo fácil, y más en un mal año como este en lo deportivo, sería apuntar a Sitapha Savané como presidente. Pero eso es un ejercicio injusto, aunque no le exime de una parte de responsabilidad. En estos 16 años, por su mismo puesto, también han desfilado Medina, Joaquín Costa, Miguelo Betancor y Enrique Moreno —el primero con sueldo—.

La respuesta a esa cuestión la tiene el Cabildo como propietario. Sin embargo, ¿alguien, entre toda la clase política de la Isla, entre todos los consejeros que han presidido el Instituto Insular de Deportes (IID), se ha hecho la pregunta correcta? Nadie se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato.

Dos salidas

Al Granca, esta temporada, se le ven las costuras porque no gana partidos. Pero el problema siempre ha estado ahí, tapado por las victorias: no cuenta con estructura suficiente para generar 11 millones de euros al año. Y no, una nómina de altos cargos como la que dirige el proyecto actual, compuesta por un presidente ejecutivo, un adjunto a la presidencia, un director general y un director de marketing y comercial, no es la solución para el Granca, es un chollo para los elegidos.

El Cabildo sólo tiene dos salidas: dotar al club de músculo para contar con una estructura capaz de convertir a la entidad en una compañía autónoma —es más productivo tener a 10 personas capaces que a cuatro jefes bien alimentados a base de salarios, con lo que eso conlleva de inversión— o vender la Sociedad Anónima Deportiva a gestores privados. Todo lo demás será prolongar un modelo que no tiene sentido ahora y que en un par de años será como un dinosaurio que ve como en el firmamento se acerca el asteroide.

A peor en todo

Savané, en verano de 2022, fue el elegido por el Cabildo para liderar ese cambio. Su respuesta como presidente ha sido una decepción. En lo profesional y en lo personal. No ha estado a la altura. La renuncia a la Euroliga tras ganar la Eurocup —con una plantilla que ya estaba confeccionada cuando asumiñó el mando— lanzó un mensaje de conformismo que ha marcado la trayectoria del club durante los últimos años.

Cuando no hay exigencia, aparece la mediocridad. Y la vulgaridad, como un virus, se expande por todo el club. El patrocinador reclutado por el Cabildo a través de un proyecto de interés insular ha salido rana y la solución, para poder pagar nóminas, ha sido reclamar al propietario un crédito de medio millón de euros. 16 años y un MBA Internacional después, el Granca sigue como en 2010.

¿Es Savané el peor presidente en la historia del Granca, como asegura Paco García Caridad? No lo creo, pero el Granca ha ido a peor en todo con él en la presidencia: gana menos partidos y corre riesgo de descender de la ACB a Primera FEB por primera vez en 30 años; regala una cantidad ingente de entradas y el ambiente en el Arena es prebélico porque nunca se había alcanzado un grado de desafección tan grande entre los seguidores; fue jugador y leyenda del club y las señales que llegan desde dentro del vestuario y las oficinas no dicen nada bueno de su gestión. 

Bochorno en Badalona

Nunca había imaginado que llegaría a escribir algo así. Como tampoco sospeché que un día vería al presidente del Granca ubicado detrás del banquillo del equipo para asomar las narices durante un tiempo muerto. Eso ocurrió el pasado domingo, en el Olímpico de Badalona, en el partido contra el Joventut. Jesús Gil estaría orgulloso de tan aventajado aprendiz

Sitapha Savané, detrás del banquillo del Granca en Badalona. / DAZN
Sitapha Savané, detrás del banquillo del Granca en Badalona. / DAZN

¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!, el poema escrito por Walt Whitman no cuenta una historia con final feliz para su protagonista. A veces hay que saber aceptar las limitaciones propias y hacerse a un lado. Por lo menos para que quede un buen recuerdo de aquel jugador y líder que fue.