Ariel Ortega: el arte de furular y el café de Canarias

El empresario ha llevado a la compañía, fundada en 1935 por su abuelo —un armador de Guanarteme que explotaba barcos de pesca—, a estar entre las 20 más importantes de España dentro de su sector

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Ariel Ortega por Farruqo.
Ariel Ortega por Farruqo.

A veces, sólo en contadas ocasiones, uno encuentra por casualidad respuestas —las suyas, las particulares, las intransferibles— a preguntas que soliviantan desde hace miles de años a la naturaleza humana. Qué es la patria puede ser uno de esos grandes interrogantes. He ahí la cuestión. ¿Qué es la patria? La patria, como un día le explicaron a Martín (Hache), es un invento, algo que puede ser muchas cosas. Puede ser, incluso, hasta un bar o una cafetería donde uno, cada mañana, se cuele en busca de una parroquia de semejantes con la que digerir el lunes la última jornada de fútbol, discutir los miércoles sobre alguna chorrada viral o política y soñar los viernes con los planes del fin de semana. Si da con un lugar así, ya tendrá recorrido un buen trecho. Y si al paisanaje, encima, se le suma el bocadillo de pata perfecto, un zumo de naranjas con ciertos toques ácidos y un café tostado bien rico, habrá encontrado la arcadia feliz: afecto y condumio, ¡qué más se puede pedir!

Canarias, a lo largo de esos ocho brochazos que colorean en horizontal —de este a oeste— el océano, tiene unos cuantos reductos así, bares o cafeterías que cada mañana convierten el territorio que encierran sus cuatro paredes en una patria llena de residentes con orgullo de pertenencia. No es un asunto menor esa cuestión, sobre todo por el tamaño del nicho de negocio. Ese detalle no pasó desapercibido, hace cinco décadas, para Francisco y José Ortega que, tras heredar una pequeña tostadora en Guanarteme y un pequeño montón de deudas, descifraron el valor de esas comunidades llamadas bares o cafeterías para llenar las Islas de Café Ortega. La seducción, con todo, no fue un simple ejercicio comercial. La empresa, a base de mucho esfuerzo, conquistó papilas gustativas por la calidad de su materia —procedente de Brasil, Vietnam, Colombia, Honduras, Costa Rica y otras regiones cafeteras—, pero también porque supo ser un símbolo dentro de esas patrias particulares para convertirse en una de las compañías más fuertes del sector dentro del Archipiélago. 

Sobres de azúcar y léxico canario

Ayudó en ese proceso un pequeño gesto que, tal vez con los años, se estudie en algún MBA de marketing: llenar el mercado de pequeños sobres de azúcar en los que, por una cara, se puede ver el logo de la empresa y en el reverso aparece una palabra utilizada en el léxico canario junto a una pequeña explicación de su significado. ¿Quién no se ha dejado caer por algún bar o cafetería de las Islas, durante una mañana de fatiga en busca de avituallamiento, y se ha topado con esos azucarillos? Expresiones como magua, batata, carajera, coneja, empetado, fleje, jilorio, pambufo, rebenque, chascada, enchumbarse, chola, chopa, desalado, farruco, totorota o zarandajo aparecen en series con 60 pequeñas envolturas de papel diferentes que, a su manera, hacen patria y convierten a Ortega en el café de Canarias. 

Ariel Ortega, en los almacenes de Café Ortega. A la izquierda, uno de los vehículos de reparto de la compañía. / AH
Ariel Ortega, en los almacenes de Café Ortega. A la izquierda, uno de los vehículos de reparto de la compañía. / AH

Uno de esos vocablos sellados en los sobres cargados de azúcar es furular, que significa funcionar, un verbo que no es ajeno a Ariel Ortega, actual director de Café Ortega y miembro de la tercera generación de la familia que está al frente de la compañía. Bajo su gestión, la empresa ha dado un salto cualitativo y cuantitativo considerable pero sin perder esencia. El sello artesanal se mantiene en una firma que ocupa posiciones de vanguardia a nivel industrial: con varias naves en el Polígono de Las Torres, la corporación produce el café para sus cuatro marcas: Ortega —bajo la que comercializa los nuevos productos ecológicos que tienen como origen los granos de café que recibe de Honduras—, Tamarco, Guaire y Maninidra. Con algunos de esos productos es líder en el mercado —café 250 gramos mezcla— y en hostería —Serie Oro en Grano—. El crecimiento de la entidad no se mide sólo por la capacidad para sacar a la venta su producción propia. Café Ortega también produce en su fábrica las marcas blancas de varias enseñas de la distribución y al sector de la hostelería.

La posibilidad de funcionar como marca blanca de otras compañías dibuja en el mapa la última señal de una línea que a lo largo del tiempo, durante casi 90 años, ha unido diferentes puntos con varios hitos de la familia Ortega. La primera huella de todas la fijó en 1935 el abuelo de Ariel, José Ortega Bolaños, un armador de Guanarteme que explotaba un negocio con varios barcos de pesca —por eso aparece un velero en la marca de la compañía—. Por casualidades del destino, un día se le planteó la oportunidad de importar café de Sudamérica y, ante la opción de sumar un nuevo comercio —también administraba una imprenta—, fundó una empresa que ahora, camino de su primer centenario, juega en otra división: de producir con un pequeño tostador en Guanarteme, ahora Café Ortega figura entre las 20 firmas más importantes de su sector —venta a al por mayor de café, té, cacao y especias— en España y genera casi un centenar de empleos —40 directos, 50 indirectos—.

UD Las Palmas, Granca y Guaguas

Para Ariel Ortega, formado en Manchester —donde se licenció en Administración y Dirección de Empresas— y Madrid —donde realizó el Máster—, Café Ortega fue un asunto que se hereda en la sangre, casi al mismo nivel que su su fidelidad y entrega por tres de los principales representativos del deporte de la Isla: la Unión Deportiva Las Palmas, el Club Baloncesto Gran Canaria y el Club Voleibol Guaguas, a los que sigue y a los que apoya más allá del simple de ejercicio de animar desde su asiento en la grada. 

Durante su etapa como estudiante en Madrid peregrinó por diferentes estadios de mala muerte detrás de los pasos de una UD Las Palmas que, por aquel entonces, buscaba salir de Segunda B —hito que logró en 1996 con su padre Francisco y su tío Rafael León en la directiva del club amarillo—. En 2019, el propio Ariel fue el elegido por una parte del gobierno del Cabildo —liderada por Luis Ibarra— para presidir el Granca, operación que no se concretó por tiranteces políticas que finiquitaron el sueño de un abonado fiel que sigue los partidos del equipo amarillo desde la primera fila del Arena. Frustrada esa opción, el año pasado, reclutado por Juan Ruiz, asumió la vicepresidencia de un Guaguas que, como en los años 90, manda en el voleibol español. 

Todo furula en los dominios de Ariel Ortega.