Canarias pesca miles de toneladas de atún cada año, pero alrededor del 85% acaba saliendo fuera de las Islas, según investigaciones de la Universidad de La Laguna (ULL) y el diagnóstico del propio sector. Y, mientras el Archipiélago exporta, parte del consumo local se sostiene con pescado congelado importado. Pero, ¿por qué se produce esta paradoja?
David Pavón, portavoz y gerente de la Federación Regional de Cofradías de Pescadores de Canarias, explica a Atlántico Hoy que hay dos razones fundamentales: Canarias no puede consumir todo lo que pesca y, sobre todo, tampoco dispone de una industria capaz de transformarlo.
Miles de toneladas de atún
Un estudio publicado en 2025 en la revista científica Conservation, elaborado con datos del Gobierno de Canarias, contabilizó en 2024 al menos 3.662 toneladas solo entre cuatro de los principales túnidos capturados en las Islas: 1.384,6 toneladas de patudo, 1.285 de bonito, 541 de atún blanco y cerca de 452 de atún rojo. En conjunto generaron unos 10,8 millones de euros en primera venta.
Ya un estudio elaborado dentro del proyecto europeo FoodE hablaba en 2022 de esta paradoja de exportación e importación. Entre el 80% y el 90% de las capturas de seis especies de túnidos de Tenerife se exportaban en bruto, mientras Canarias importaba miles de toneladas de lomos de atún congelados. Apenas entre el 9% y el 17% del pescado fresco y congelado consumido en las Islas tenía origen local, señala la investigación.
Más valor para el pescado
El problema, según apunta Pavón, aparece cuando "una parte del pescado sale sin trasnformar y después regresa a Canarias procesado y a un precio mayor". Con instalaciones adecuadas, sostiene, parte de ese recorrido podría evitarse y el valor añadido quedarse en las Islas.
Y es que, aunque no existe un único precio para hablar del atún canario, ya que depende de la temporada, el mercado y el tipo, desde el sector sí se estima que transformar el pescado podría aumentar su valor entre un 10% y un 40%, dependiendo del producto.
Esta es también una de las conclusiones del nuevo trabajo de José Pascual-Fernández, Jaime Ramón-Bruquetas y Raquel de la Cruz Modino. Los investigadores sostienen que enviar el atún fuera para procesarlo priva a la pesca artesanal canaria de la posibilidad de incorporar ese valor añadido a sus capturas y apuntan a la necesidad de desarrollar nuevas cadenas de comercialización, además de facilitar que las organizaciones pesqueras participen también en el procesamiento y la distribución.

Consumo de pescado
Pavón considera que una parte de la explicación de este alto porcentaje de exportación se debe a cómo ha cambiado el consumidor. Canarias es una de las comunidades donde menos pescado se come; no obstante, para el sector no se debe en sí al precio, sino a la falta de modernización.
"Canarias no ha sido capaz de modernizarse y adaptar suficientemente el pescado local al formato que demandan las nuevas generaciones. Ya no es tan habitual comprar un ejemplar entero, llevarlo a casa, limpiarlo y prepararlo; el consumidor busca lomos, filetes y productos listos para cocinar", indica el gerente de la Federación Regional de Cofradías de Pescadores.
Pescado canario en colegios y hospitales
Hay proyectos que tratan de romper con esa dinámica de sacar afuera el pescado local. En El Hierro, Pavón explica que Pescarestinga lleva años suministrando pescado a comedores escolares, hospitales y residencias, mientras organizaciones como Islatuna han participado junto a la ULL en proyectos para introducir producto pesquero local en la restauración colectiva.
Una de ellas es Ecotúnidos, iniciada de forma piloto en Tenerife en 2018. La iniciativa consiguió introducir especies locales como bonito listado, tuna o peto en comedores escolares después de procesarlas en lomos y adaptarlas a las necesidades de las cocinas. El proyecto ha entrado ahora en una nueva etapa con la intención de extender el modelo a más centros de Canarias y trasladar la experiencia también a Madeira y Cabo Verde.
Una industria pendiente
Para Pavón, el objetivo no debería ser que todo el atún capturado se quede en Canarias, algo que considera imposible porque el mercado isleño no tiene capacidad para consumir toda la producción. La cuestión está en evitar que salga aquella parte que podría procesarse y consumirse aquí, o que acaba regresando transformada.
Por eso reclama que experiencias como las de los comedores no sean “algo tan puntual o tan residual” y pide una mayor implicación pública para desarrollar instalaciones al servicio de los pescadores. La demanda que resume el sector para los próximos años es “que se desarrolle una industria de transformación del producto pesquero en Canarias”. Una forma de conseguir que una parte mayor del valor del pescado que sale del mar canario también se quede en las Islas.
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