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Un taller mecánico reparando un vehículo / AH

Hasta dos meses de espera para reparar el coche: así es el colapso que sufren los talleres mecánicos en Canarias

La falta de profesionales, el retraso en los repuestos y el aumento de coches antiguos están alargando las citas y dejando vehículos semanas parados en los talleres

Los talleres mecánicos en Canarias están cada vez más colapsados. La mayoría de los establecimientos están dando fecha para incluso dentro de un mes y medio o dos meses, y si la avería requiere una pieza difícil de localizar, el vehículo puede quedarse parado todavía más tiempo.

Así lo explica José Rodríguez Robayna, presidente de Asociación de Talleres Reparadores de Vehículos, Afines y Nuevas Tecnologías de la Provincia de Las Palmas (ATARE), que señala que esta fuerte presión se debe a la falta de profesionales, exceso de demanda, vehículos cada vez más antiguos y problemas para conseguir determinados repuestos.

Reparar coches de más de 10 años

El presidente de ATARE expone que la demanda se ha disparado en los últimos años por la cantidad de conductores que están optando por reparar coches de 10, 15 o incluso 20 años en lugar de comprar uno nuevo debido al precio de los vehículos y la incertidumbre sobre qué tipo de coche comprar. 

Esto ha llevado a que "el 80% de los talleres que tienen una buena clientela está tardando un mes y medio o dos meses en dar cita". Y, además, todo depende también de la reparación quee requiera el coche. 

Falta de repuestos

En casos de mantenimiento básico, como un cambio de aceite o una revisión urgente, algunos talleres intentan buscar hueco para atender antes al usuario. El problema se agrava cuando la avería exige más tiempo, como una culata, una caja de cambios o una reparación que obliga a desmontar el vehículo.

En esos casos, el coche puede estar en el taller dos meses o incluso tres, no solo por la carga de trabajo, sino porque al abrir el vehículo pueden aparecer piezas que no están disponibles, están descatalogadas o ya no se fabrican. “Los talleres están llenos, incluso a veces con poco espacio para poder trabajar, porque tienen los vehículos aparcados por falta de repuesto”, afirma Rodríguez. 

Además, también entran vehículos más modernos con problemas electrónicos, sensores y averías más difíciles de localizar. Ese tipo de fallos, explica Rodríguez, requiere más tiempo de diagnóstico y retrasa la salida del vehículo. “Son pequeños sensores, cosas eléctricas. Y ahí también se retrasa el taller en localizar averías”, señala.

Falta de mano

No obstante, el principal problema es la falta de mano de obra cualificada, que se agrava con el cierre de talleres y la falta de relevo generacional. “Cuando un taller se cierra, es difícil que abra otro nuevo”, advierte Rodríguez. 

A su juicio, las normativas, los costes y la falta de personal hacen que cada vez menos gente quiera asumir el riesgo de montar o continuar un taller. El resultado es una rueda que se retroalimenta: menos talleres, más coches para los que siguen abiertos y más tiempo de espera para los clientes.

Trabajos básicos

A esto se suma que algunos talleres se están limitando a trabajos básicos, como cambios de aceite, filtros o pastillas de freno, porque las reparaciones de más envergadura requieren muchas horas y no siempre resultan rentables.

Según Rodríguez Robayna, cada vez quedan menos profesionales capaces de asumir determinados trabajos especializados, lo que termina estrechando aún más la capacidad real del sector.

El coche eléctrico

Dentro de todo este meollo, aunque la llegada del coche eléctrico obliga a los talleres a adaptarse, requiriendo protocolos de seguridad, herramientas específicas y zonas adaptadas, el presidente de ATARE matiza que no es ahora mismo la causa principal del colapso. 

Según aclara, el eléctrico tiene por ahora poco mantenimiento en comparación con otros vehículos. Más allá de algunas incidencias puntuales con baterías u otros componentes, las intervenciones se reducen a operaciones básicas como el cambio de pastillas de freno. 

Una solución complicada

Ante todo este panorama, Rodríguez Robayna no ve una salida sencilla a corto plazo. La falta de profesionales, la dificultad para conseguir repuestos, la jubilación de muchos propietarios y el cierre de talleres dibujan un escenario complicado para el sector.

Nos gustaría sacar los coches de un día para otro, pero es imposible”, resume el presidente de ATARE. Mientras tanto, los conductores se enfrentan a esperas cada vez más largas para una reparación que antes podía resolverse con más rapidez.