Siempre se ha dicho que el agua es buena ‘pa’las papas’, pero este año en Canarias, se ha convertido en un arma de doble filo para los agricultores. Aunque las intensas lluvias de diciembre y enero han sido un alivio para las reservas de agua, han impedido el desarrollo normal de la siembra de papa.
Así lo advierte Juan Luis Pulido, presidente de la Asociación de Importadores de Papas de Gran Canaria (ADIPA), quien califica la situación actual como “preocupante”, pues el retraso de la cosecha del tubérculo puede conllevar a una mayor dependencia de la papa de fuera, sobre todo de Egipto.
Calendario de cosecha alterado
“Se agradece la lluvia porque probablemente tendremos agua para un par de años. Ha llovido tanto que los acuíferos y los tanques están llenos, y eso es una maravilla”, señala Pulido. Sin embargo, subraya que el calendario agrícola se ha visto alterado.
“En enero ya tendría que haberse plantado y no se ha podido plantar nada. Y con lo que se espera de lluvia, igual tampoco se puede plantar en febrero”, explica. El retraso en la siembra implica que la recolección, que normalmente comienza a partir de mediados de abril, podría desplazarse hasta julio, generando un vacío en el abastecimiento de papa local durante varios meses.
El principal obstáculo, según Pulido, es el estado del terreno. “La tierra, sobre todo la arcillosa, es todo barro. Hay tierras que no se secan ni en un mes aunque haga sol; caen cuatro gotas y los surcos se llenan de agua”, detalla. Esta situación está llevando incluso a que algunos agricultores se planteen no sembrar esta campaña, ante el riesgo de pérdidas.
Más importación y precios a la baja
Ante este escenario, el presidente de ADIPA da por hecho que Canarias seguirá dependiendo de la papa de importación al menos hasta junio. “Ahora mismo está entrando papa de Inglaterra, que cubre febrero y marzo, y ya para el 5 o 6 de febrero esperamos la llegada de papa de Egipto, que será el mercado más fuerte”, afirma.
No obstante, aunque se cobre la demanda, esta mayor presencia de papa exterior tiene un impacto directo en los precios. “El año pasado, por estas fechas, la papa estaba por encima de un euro el kilo. Este año estamos vendiendo entre 0,55 y 0,70 euros”, indica Pulido.
Una caída que, según advierte, hace inviable la producción local: “Cosechar un kilo de papa cuesta ahora mismo entre 75 y 80 céntimos. Vender por debajo de un euro es una ruina para el agricultor”.
Calma y confianza
Desde ASAGA Canarias, su secretario general, Theo Hernando, ofrece una visión más prudente y llama a no anticipar escenarios negativos. “El agua hay que considerarla un bien superpreciado y esto era más que necesario para el campo de Canarias”, señala.
Hernando reconoce que el retraso en la siembra puede provocar que algunos productores reduzcan o pospongan la plantación, en especial en zonas concretas con suelos muy arcillosos, como Valle Guerra o Tejina, en Tenerife.
La ayuda de la lluvia
No obstante, considera que se trata de casos puntuales. “Con estos días en los que ha dejado de llover y la tierra se seca un poco, la gente empezará a arar y sembrar de forma habitual”, apunta.
En este sentido, el representante de ASAGA descarta, por ahora, una caída de la producción y confía en que las lluvias terminen jugando a favor del sector. “Esta agua puede suponer una mayor cosecha y una menor incidencia de la polilla guatemalteca, que prefiere la sequía”, explica.
El papel de la papa de fuera
Hernando recuerda que la dependencia de la importación no responde únicamente a retrasos en la siembra. “En agricultura siempre dependemos de factores externos: tormentas, viento, plagas… En otros años hemos tenido pérdidas medias del 60% en algunas fincas”, señala. En esos casos, añade, “no queda otra que adelantar o aumentar las importaciones”.
Egipto e Israel son los principales competidores en los meses de verano, debido a que comparten latitud y calendario de cultivo con Canarias, mientras que el Reino Unido abastece tradicionalmente el mercado en el último trimestre del año, cuando la papa local ya no cubre toda la demanda.
“Históricamente se han traído papas kineguas de Inglaterra, con costes de producción similares a los nuestros”, explica Hernando, quien advierte de que la papa egipcia, mucho más barata, sí presiona los precios a la baja.
Un año excepcional en 2025
El secretario general de ASAGA destaca que 2025 fue muy positivo para el tubérculo. “El año pasado fue uno de los mejores de cosecha. Hubo tanta papa que se tuvieron que buscar cámaras de frío adicionales, y se logró vender papa local hasta prácticamente mitad de noviembre, algo poco habitual”, recuerda.
Por ello, Hernando confía en que la actual campaña logre compensar el retraso inicial con una buena producción y menos incidencias. “Esperemos tener un año tranquilo y que los agricultores puedan tener un respiro después de varios años muy complicados”, concluye.
