Ángel Medina Padrón, por Farruqo.
Ángel Medina Padrón, por Farruqo.

Ángel Medina, el niño de La Isleta que levantó un gigante canario

El presidente de SPAR Gran Canaria empezó vendiendo hielo y camarones para ayudar en casa y terminó liderando una empresa con 200 tiendas y 3.300 trabajadores sin perder el vínculo con el comercio popular que marcó su infancia

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Martín Alonso

Hay generaciones de empresarios que nacieron en escuelas de negocios. Y luego están los que aprendieron economía antes incluso de saber lo que significaba la palabra economía. Los que entendieron el valor del trabajo cuando todavía eran niños. Los que crecieron sabiendo que cada peseta tenía un destino antes siquiera de llegar al bolsillo.

La historia de Ángel Medina Padrón, presidente de SPAR Gran Canaria, pertenece a esa segunda categoría. Mucho antes de dirigir una de las compañías más importantes del Archipiélago, mucho antes de las plataformas logísticas, los balances de cientos de millones o las reuniones empresariales, hubo un niño desinquieto correteando por La Isleta, intentando buscarse la vida en una casa donde había que repartir el pan entre diez hermanos.

Era el tercero de aquella familia humilde con profundas raíces en el barrio portuario de Las Palmas de Gran Canaria. Y como ocurría en tantas casas de aquella época, trabajar no era una opción heroica ni excepcional. Era simplemente lo normal.

Tíos 'cambulloneros'

Con apenas diez años empezó a ayudar a sus tíos, Fernando y Domingo, cambulloneros con un puesto en el Mercado del Puerto. Allí comenzó todo. Entre cajas, mercancías, voces de vendedores y olor a pescado recién descargado. En un ecosistema donde convivían marineros, estibadores, comerciantes y familias enteras que dependían del pequeño comercio para salir adelante.

Aprendió a vender, a comprar, a negociar. Aquella fue su primera escuela empresarial. Pero no la única.

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Ángel Miranda Padrón, al recoger un premio de EY como emprendedor social. / AH

Porque la infancia de Ángel Medina se parece poco a la imagen sofisticada que hoy solemos asociar al concepto de emprendedor. No había inversores, ni startups, ni incubadoras, ni discursos sobre liderazgo. Había necesidad. Y ganas de trabajar.

Juntar unas pesetas

Distribuía hielo cargándolo en un triciclo desde la Fábrica de La Isleta a cambio de las propinas. Los fines de semana ayudaba a su padre —comisionista de productos llegados desde la Península— a cobrar con las cartillas. Por las noches se tiraba desde un pequeño muelle cercano a su casa para coger camarones y ganar unas monedas más. Todo servía. Todo sumaba.

Todo era importante cuando se trataba de juntar unas pesetas.

Y, sin embargo, cuando recuerda aquella etapa no aparece el relato amargo de la dureza extrema, sino la memoria luminosa de una generación criada entre privaciones, esfuerzo y comunidad. El niño que ayudaba en lo que podía también era el mismo que se volvía loco con los bocadillos de huevo frito que le preparaba su madre. Porque las biografías importantes suelen construirse precisamente ahí: en la mezcla entre sacrificio y ternura.

Barrio vivo

La Isleta de aquellos años era un lugar duro, pero extraordinariamente vivo. Un barrio levantado alrededor La Luz donde el dinero, bajo la Ley de Puertos Francos, cambiaba de manos rápido y donde miles de familias aprendieron a sobrevivir gracias al ingenio. El cambullón, el pequeño comercio, la pesca, los barcos y el contacto constante con marineros extranjeros construyeron una cultura muy particular de supervivencia y negocio.

Ángel Medina salió de ahí. Y nunca terminó de irse del todo.

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Ángel Medina Padrón, junto a Antonio Morales (presidente del Cabildo grancanario) y Juan Antonio Peña (alcalde de Telde). / AH

Primer supermercado

Después llegaría la mili, en Aviación. Otra parada habitual en la trayectoria de muchos hombres de su generación. Pero el verdadero punto de inflexión apareció poco después, cuando Manuel García Navarro, empresario y expresidente de la UD Las Palmas, lo reclutó para ponerse al frente de un supermercado en La Puntilla.

Aquello cambió muchas cosas.

Porque mientras Canarias empezaba a transformarse con la llegada masiva del turismo, Ángel Medina entendió que el supermercado no era simplemente un negocio de alimentación. Era otra cosa. Era una nueva manera de consumir. Un cambio de época. Una actividad que empezaba a crecer al mismo ritmo que el sur de Gran Canaria se llenaba de hoteles, apartamentos y visitantes europeos.

Ahí empezó a mirar el negocio con otros ojos.

Sur de la isla

En 1975 dio otro paso importante al incorporarse al proyecto empresarial impulsado por Agustín Miranda y Juan Suárez, centrado en la compra y gestión de supermercados en el sur de la isla. Aquella aventura coincidía con el nacimiento de la Gran Canaria turística moderna. Mientras las Dunas de Maspalomas empezaban a llenarse de complejos hoteleros y el turismo alteraba para siempre la economía isleña, también surgía una nueva red comercial destinada a alimentar a una población flotante cada vez mayor.

Ángel Medina estuvo con ellos hasta comienzos de los años ochenta. Y fue entonces cuando decidió independizarse.

Ese momento aparece en casi todas las biografías empresariales relevantes: el instante en el que alguien deja de trabajar para otros y empieza a asumir el vérigo de hacerlo por cuenta propia.

Nuevo proyecto 

En su caso, el salto llegó junto a José Déniz, yerno de Agustín Miranda. Ambos se hicieron cargo de su primer supermercado en el Apartahotel Protucasa. Desde ahí comenzó una aventura empresarial que terminaría desembocando en uno de los grandes grupos de distribución alimentaria de Canarias.

No fue un crecimiento explosivo ni construido desde grandes titulares. Fue otra cosa: un desarrollo lento, constante y profundamente pegado al territorio.

Quizá por eso la historia de SPAR Gran Canaria resulta especialmente singular dentro del panorama económico isleño. Porque, a diferencia de otras grandes cadenas nacionales o multinacionales, SPAR Gran Canaria conserva todavía una identidad profundamente vinculada a la isla y al comercio tradicional.

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Ángel Medina Padrón, en un supermercado SPAR, junto a Óscar Hernández, alcalde de Agüimes. / AH

Crecimiento exponencial

Cuando Ángel Medina asumió la presidencia de la compañía en 1999, la empresa contaba con 39 tiendas. Hoy ronda las 200, supera los 3.300 trabajadores y supera los 400 millones de euros de facturación anual. Las cifras explican el crecimiento, pero no terminan de contar la dimensión real del fenómeno.

Porque SPAR Gran Canaria no solo vende alimentos. También ha logrado construir una imagen asociada al producto local, al agricultor de la isla y a una cierta idea de canariedad económica. En un Archipiélago extremadamente dependiente del exterior para abastecerse, la defensa del kilómetro cero terminó convirtiéndose también en una estrategia empresarial.

Y ahí Medina entendió algo importante antes que muchos otros: que en Canarias el arraigo también puede ser una ventaja competitiva.

Sector primario

Por eso una parte importante de la identidad pública de la compañía gira alrededor del apoyo al sector primario grancanario. La papa, la fruta, la verdura o los productos cultivados en la isla dejaron de ser únicamente mercancía para convertirse también en relato.

En cierto modo, la empresa terminó pareciéndose bastante al niño que había salido de La Isleta: alguien acostumbrado a trabajar pegado a la tierra, a la calle y a la realidad cotidiana de la gente.

Quizá por eso resulta difícil encajar a Ángel Medina dentro del molde clásico del gran empresario distante. Su historia tiene más que ver con la tradición comercial popular de Canarias que con la cultura corporativa moderna. Pertenece a esa generación de empresarios hechos desde abajo, criados entre mercados, almacenes y libretas de cobro.

Transformación de una isla

La misma generación que levantó buena parte de la economía contemporánea de las islas mientras Canarias pasaba de ser un territorio periférico y empobrecido a una de las grandes potencias turísticas de Europa.

Y seguramente ahí reside una de las claves más interesantes de su biografía.

Porque el ascenso de Ángel Medina no se entiende únicamente como una historia individual de éxito. También funciona como una metáfora bastante precisa de la transformación económica de Gran Canaria durante las últimas décadas. Del pequeño comercio familiar a las cadenas modernas. Del barrio portuario al gran consumo. De las cartillas de cobro a las plataformas logísticas.

Centro de SPAR en Gran Canaria./ SPAR
Centro de SPAR en Gran Canaria./ SPAR

Pero sin romper nunca del todo el vínculo con el origen.

Entender un territorio

Hay empresarios que construyen compañías. Otros construyen marcas. Y luego están quienes terminan representando una determinada manera de entender un territorio.

En Gran Canaria, el nombre de Ángel Medina forma parte ya de esa última categoría.