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Francisco Javier Zamorano Sáenz, por Farruqo.

Francisco Javier Zamorano, la disciplina de permanecer

El empresario tinerfeño, al frente del Grupo CIO y del Bahía del Duque, ha transformado el legado de una de las grandes familias industriales de Canarias con disciplina, discreción y sentido de la responsabilidad

Francisco Javier Zamorano Sáenz tenía apenas 18 años cuando perdió a su padre. A esa edad, cuando la vida todavía parece un territorio interminable y las grandes decisiones pertenecen a los adultos, se encontró con una ausencia que lo acompañaría durante décadas. Luis Zamorano Tais no era solamente su padre. Era también el hombre que había dado continuidad a una de las grandes aventuras empresariales de Tenerife, una historia que había comenzado mucho antes de que su hijo viniera al mundo y que acabaría ocupando buena parte de su existencia.

El apellido Zamorano llevaba décadas escrito en la historia económica de Canarias. En 1902, Luis Zamorano Benítez había puesto en marcha una fábrica de tabaco que, con el paso de los años, se convertiría en el origen de un importante grupo industrial. Su descendiente Luis Zamorano Tais amplió aquel negocio y participó en la creación, en 1949, del Centro Industrial de Tabaqueros Asociados (CITA). Las marcas Rex, Record, XXX y Coronas formaron parte de una época en la que las fábricas de tabaco eran también símbolos de prosperidad y empleo.

Francisco Javier creció dentro de esa tradición, aunque su juventud no estuvo enteramente subordinada al destino que parecía reservarle el apellido. Antes de incorporarse al negocio familiar quiso conocer otros lugares, estudiar y adquirir experiencia. La desaparición de su padre, sin embargo, alteró la perspectiva desde la que contemplaba el futuro. La empresa dejó de ser únicamente una posibilidad profesional para convertirse también en una forma de mantener vivo un legado.

Aprender lejos

Su formación transcurrió en parte fuera de España. Estudió en Estados Unidos y Suiza, donde se especializó en Administración de Empresas y Marketing. Aquellos años le permitieron aproximarse a otras culturas empresariales y conocer una realidad diferente de la que había dado forma a los negocios familiares. Su juventud también tuvo espacio para el motociclismo, una afición que lo llevó a viajar con el equipo Coron​​as Aspar por los circuitos del mundial de motociclismo y a conocer desde dentro el ambiente de la competición.

El regreso a Tenerife no significó instalarse inmediatamente en el despacho principal. Comenzó familiarizándose con distintas actividades del grupo, desde los patrocinios hasta la distribución comercial. También adquirió experiencia profesional en empresas vinculadas al negocio tabaquero. Durante años aprendió el funcionamiento de una organización extensa, acostumbrada a trabajar bajo la autoridad de una generación anterior.

Aquella etapa coincidió con un proceso de adaptación dentro de la propia familia. Existían distintas sensibilidades sobre la gestión y el futuro de la compañía, diferencias habituales cuando una empresa crece y varias generaciones participan en sus decisiones. Finalmente, una reorganización accionarial permitió a Francisco Javier asumir mayores responsabilidades ejecutivas. Sus hermanas respaldaron su proyecto y la empresa inició una nueva etapa.

El presidente de Compañía de las Islas Occidentales, Francisco Javier Zamorano, sosteniendo el Premio Atlántico Hoy a Mejor Iniciativa Empresarial en Turismo. / AH

El apoyo familiar

Zamorano ha reconocido que aquellos años exigieron paciencia y determinación. También ha destacado el papel de su esposa, Concepción, a quien atribuye una influencia importante en sus decisiones personales y profesionales. Durante los momentos de mayor incertidumbre encontró en ella la tranquilidad necesaria para continuar con un proyecto que requería dedicación y sacrificios.

La familia ocupa un lugar central en su manera de entender la empresa. No solamente por la procedencia del patrimonio, sino porque las decisiones empresariales tienen consecuencias que trascienden una generación. La continuidad del apellido, la responsabilidad hacia quienes trabajan en la organización y la necesidad de preservar lo construido aparecen con frecuencia en sus reflexiones públicas.

De su padre conserva una enseñanza que ha repetido en distintas entrevistas: el empresario debe mantener la iniciativa, asumir riesgos y estar dispuesto a reinventarse. Luis Zamorano Tais había desarrollado sus negocios en una Canarias industrial, vinculada a la producción y al comercio. A su hijo le correspondió desenvolverse en una economía que estaba cambiando de piel y en la que el turismo adquiría un protagonismo cada vez mayor.

Cambiar de piel

La gran transformación del grupo encontró su símbolo más reconocible en el Gran Hotel Bahía del Duque. Inaugurado en noviembre de 1993, en Costa Adeje, el establecimiento representaba una apuesta considerable para una familia cuya fortuna procedía fundamentalmente del tabaco. Su arquitectura, inspirada en las construcciones tradicionales canarias, y su concepción del servicio proponían una manera diferente de entender el turismo de alta gama.

El proyecto exigió recursos, experiencia y paciencia. La familia apostó por un establecimiento que no buscaba competir mediante el volumen, sino mediante la calidad de sus instalaciones y la atención al huésped. Con el tiempo, el Bahía del Duque terminó convirtiéndose en uno de los hoteles más emblemáticos de Tenerife y en una referencia del turismo de lujo en el Archipiélago.

Para Francisco Javier, la hotelería ofrecía un territorio distinto del negocio industrial. Un hotel no fabrica productos que después desaparecen en una cadena de distribución. Su actividad depende de las personas, de la capacidad para interpretar sus expectativas y de una atención permanente a los detalles. Esa relación entre el servicio y la experiencia del cliente acabó convirtiéndose en uno de los ejes de su actividad empresarial.

Una nueva época

En 2005, la venta de la participación familiar en CITA marcó el cierre de una etapa. El tabaco, que había dado origen a la fortuna de los Zamorano, dejó de ocupar el centro de sus negocios. El grupo consolidó su nueva identidad bajo el nombre de Compañía de las Islas Occidentales (CIO), concentrando sus intereses en el turismo, los servicios y el patrimonio inmobiliario.

La diversificación siguió formando parte de su estrategia. A la actividad hotelera se sumaron negocios relacionados con lavandería, limpieza, seguridad y otros servicios. También surgieron proyectos de expansión internacional y nuevas iniciativas turísticas, entre ellas Maguenes Resort, en Guía de Isora, concebido con la participación de profesionales como el arquitecto Norman Foster y el golfista Gary Player.

Algunos de aquellos proyectos han necesitado muchos más años de los inicialmente previstos. Zamorano conoce las dificultades administrativas que acompañan a las grandes inversiones y ha expresado públicamente su preocupación por los retrasos que afectan a determinadas iniciativas. Su experiencia le ha enseñado que el tiempo empresarial y el de las administraciones no siempre avanzan a la misma velocidad.

Gran Hotel Bahía del Duque, en Adeje, Tenerife. /Flickr

El valor del tiempo

En diciembre de 2025 confirmó que Grupo CIO había recibido y estudiado una oferta de Lopesan para adquirir el Bahía del Duque. La propuesta no prosperó. Según explicó, la familia nunca había puesto el establecimiento en venta, aunque consideró responsable analizar el interés de un tercero.

La decisión de conservar el hotel tiene una dimensión que supera lo estrictamente económico. Después de más de tres décadas, el Bahía del Duque representa una parte fundamental de la identidad empresarial de los Zamorano. Sus jardines, sus edificios y sus habitaciones forman parte de una historia que la familia ha construido y transformado durante generaciones.

El grupo mantiene su apuesta por la renovación de las instalaciones. En febrero de 2026 anunció un programa de inversiones de 20 millones de euros hasta 2028, destinado principalmente a mejorar el Bahía del Duque y Las Villas. La estrategia responde a una convicción que Zamorano ha defendido en numerosas ocasiones: en el turismo de lujo, la calidad exige una inversión constante.

La vida discreta

Francisco Javier Zamorano no pertenece a esa categoría de empresarios que convierten su notoriedad en una segunda profesión. Su presencia pública suele estar vinculada a acontecimientos empresariales, encuentros sectoriales o intervenciones relacionadas con la economía canaria. Ha participado en distintas organizaciones patronales, pero mantiene una actitud reservada respecto a su vida privada.

Esa discreción convive con una disciplina personal que ayuda a completar su retrato. Es un practicante constante del ejercicio de fuerza en el gimnasio, una actividad a la que dedica tiempo con rigor y regularidad. El entrenamiento forma parte de sus hábitos, al margen de las obligaciones que impone la dirección de un grupo empresarial.

En el gimnasio no sirven los apellidos ni las trayectorias profesionales. Cada ejercicio exige su propio esfuerzo. La fuerza se trabaja, se conserva y se pierde cuando se abandona. No hace falta convertir esa afición en una metáfora de toda su existencia, aunque resulta difícil ignorar la constancia que requiere una costumbre mantenida con semejante disciplina.

Lucas Fernández, presidente del Grupo Plató del Atlántico; Francisco Javier Zamorano, presidente de Compañía de las Islas Occidentales, y su pareja; y Nemesio Pérez, coordinador científico de Involcan, durante la entrega los Premios a las Mejores Iniciativas Empresariales. / AH

El futuro familiar

A sus 64 años, Zamorano continúa vinculado a la dirección del grupo y a la preparación de su futuro. En 2025 explicó que miembros de una nueva generación familiar comenzaban a incorporarse a la organización. La sucesión, por tanto, ha dejado de ser una cuestión lejana para convertirse en un proceso que exige planificación y aprendizaje.

Conoce bien las dificultades de ese tránsito. Pertenecer a una familia empresaria no garantiza la capacidad para dirigir una compañía. La autoridad necesita construirse y cada generación debe encontrar su propia manera de interpretar el negocio. Él mismo tuvo que recorrer ese camino, familiarizarse con las distintas actividades del grupo y ganarse la confianza de quienes llevaban años trabajando en él.

La continuidad de CIO dependerá, como ocurrió en el pasado, de su capacidad para adaptarse a circunstancias nuevas. El turismo afronta desafíos relacionados con la sostenibilidad, la vivienda, la formación de los trabajadores y la transformación de las expectativas de los visitantes. Zamorano ha señalado algunos de esos problemas en sus intervenciones públicas, consciente de que la calidad de un destino depende también de las condiciones de vida de quienes lo hacen funcionar.

La herencia invisible

La vida de Francisco Javier Zamorano ha transcurrido entre dos formas muy distintas de entender la economía. Conoció la Canarias industrial que había permitido prosperar a su familia y participó después en la consolidación de un modelo turístico que transformó el sur de Tenerife. Entre ambos mundos quedan décadas de decisiones, inversiones, aprendizajes y cambios de rumbo.

También queda la figura de su padre, desaparecido cuando Francisco Javier apenas había comenzado a descubrir el mundo adulto. Luis Zamorano Tais no pudo acompañarlo durante la mayor parte de su trayectoria profesional, pero su influencia ha permanecido en las decisiones del hijo. La memoria familiar constituye una herencia menos visible que las propiedades o las participaciones empresariales, aunque no necesariamente menos importante.

Ahora le corresponde contemplar la llegada de quienes deberán continuar esa historia. El muchacho que estudió lejos de Tenerife, el ejecutivo que aprendió a desenvolverse entre los distintos negocios del grupo y el empresario que contribuyó a consolidar el Bahía del Duque forman parte de una misma biografía. Una vida dedicada a encontrar su propio lugar dentro de una obra que comenzó mucho antes de su nacimiento.

Porque permanecer no consiste simplemente en quedarse. A veces exige cambiar casi todo para que lo esencial pueda continuar.

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