El idilio de Riccardo Beretta con Las Palmas de Gran Canaria va camino de su segundo negocio en poco más de dos años. Tras afianzar su primera tienda de comida italiana para llevar en la calle Cebrián, entre Triana y Arenales, este emprendedor milanés, de 33 años, ultima la apertura de otra Rotisería junto al paseo de Las Canteras y el Puerto.
El nuevo punto de venta repetirá la fórmula que ha triunfado en el centro de la ciudad: pasta fresca hecha en el local, con salsas tradicionales de calidad a precios imbatibles, en dos formatos y con la garantía de que todo sabe rico. Es el paraíso del oficinista, del vecino y del turista que no sabe dónde comer o necesita alimentarse siempre en la misma zona.
También hay estanterías con exquisiteces italianas, conservas, cafés, vinos, embutidos, postres... Esta misma semana han partido un enorme queso pecorino (oveja) de 30 kilos, con denominación de origen protegida, que es esencial para hacer salsas carbonara, cacio e pepe o amatriciana, entre otros platos al estilo romano que salen a diario de los grandes calderos... En minutos tienes tu pasta fresca recién hervida con salsas hechas a fuego lento por 6,50 euros.
Con el nuevo establecimiento, que abrirá a mediados de noviembre en Secretario Padilla, junto a las canchas de baloncesto que dan a Las Canteras, Beretta amplía la capacidad de su obrador y satisface la demanda de sus clientes. Al ser un espacio más amplio, tendrá mesas para servir comidas en el propio local. Esto lo diferencia de La Rotisería Italiana original, que sólo funciona para llevar.
Entre la consultoría y la casualidad
La llegada de Beretta a la isla fue una cuestión de azar. Ingeniero de formación, hace algo más de una década planeó montar en Milán un local de hamburguesas de pescado y boles de poke, pero la falta de fondos lo apartó de la hostelería y lo llevó al sector corporativo, trabajando primero en Carrefour y más tarde en la consultora Accenture.
La pandemia de 2020 cambió su rumbo por completo. Una despedida de soltero suspendida en Tenerife llevó al grupo de amigos a gastar las reservas pagadas en Canarias, donde acabó teletrabajando por casualidad en Gran Canaria.
En las redes sociales encontró una habitación compartida en Las Palmas de Gran Canaria, donde se estableció cautivado por el clima y la vida isleña, alternando viajes con Milán durante casi tres años.
A finales de 2023, la empresa le reclamó volver a Italia para trabajar de forma presencial. Ante esa exigencia, decidió romper con la consultoría y quedarse definitivamente en la capital grancanaria, rescatando la vieja ilusión de montar un negocio propio. Y lo que le gusta, claro, es hacer salsas.
La cocina de la 'nonna'
Al arrancar cerca de León y Castillo, que es una zona de oficinas, su idea original era muy diferente: preparar menús saludables semanales de almuerzos y cenas para trabajadores, combinando pollo, arroces y verduras.
Al mismo tiempo, empezó a poner a prueba las recetas de su casa, como la boloñesa, el pesto, la lasaña y la parmigiana.
La respuesta de los clientes transformó la carta de inmediato. Nadie pedía los platos saludables habituales, pero la demanda de pasta artesanal italiana a precios asequibles creció sin parar.
Al ver que los comensales preferían ese sabor tradicional y difícil de encontrar en formato para llevar, Beretta descartó los menús de oficina y se volcó exclusivamente en la pasta fresca.
Siempre la misma receta
Para asegurar la rentabilidad y la calidad de sus productos, Beretta invirtió en una máquina para elaborar entre 30 y 35 kilos de pasta fresca al día. Con cada tirada genera entre 16 y 18 kilos de masa.
Toda la producción se amasa con huevo líquido pasteurizado, lo que supone un gasto de entre 10.000 y 12.000 huevos al mes. Esta pasteurización es básica para la seguridad en platos como el tiramisú o la carbonara tradicional.
El uso de pasta fresca hace que la comida sea más saludable. A diferencia de la seca, la pasta fresca mantiene mejor sus nutrientes, se cocina con rapidez y ofrece un pico glucémico más bajo, facilitando una digestión ligera, explica este joven emprendedor.
Entre las variedades que salen a diario de su máquina figuran los tonnarelli típicos de Roma, los rigatoni, los gemelli y las clásicas tagliatelle.
La oferta se completa con raviolis de tamaño reducido, diseñados adrede para que los clientes puedan comerlos con total comodidad directamente en el envase de cartón plastificado en el que vende sus preparados.
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