Loading...
Pedro Alfonso, por Farruqo.

Pedro Alfonso o el arte de tomarse tiempo

Presidente de CEOE Tenerife, discípulo político-económico de José Carlos Francisco y negociador formado en la arquitectura del REF, ha construido su influencia desde la discreción, la paciencia y una forma tranquila de ejercer el poder empresarial

Decía Winston Churchill que un buen puro obligaba a hacer algo cada vez menos frecuente en política y en la vida: detenerse. Encenderlo, observar cómo prende lentamente y aceptar que ciertas decisiones no admiten prisa. Churchill convirtió ese gesto en un método de pensamiento. No era una extravagancia aristocrática, sino una manera de gobernar el tiempo.

Pedro Alfonso Martín se le ha visto en los últimos años adoptar ese mismo ritual —sin teatralidad, casi siempre al final de una sobremesa— como quien descubre una cadencia que encaja con su carácter. El presidente de la CEOE Tenerife no fuma para llamar la atención, sino para prolongar la conversación. Y esa imagen explica mejor que cualquier currículo su trayectoria pública: un dirigente que ha construido influencia sin ruido, avanzando despacio en escenarios donde lo decisivo ocurre lejos del foco.

José Carlos Francisco

Nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1960, Alfonso pertenece a una generación que llegó a la vida profesional cuando Canarias comenzaba a redefinir su papel económico dentro de Europa. Formado en Ciencias Empresariales en la Universidad de La Laguna y especializado posteriormente en gestión y dirección empresarial, su carrera no responde al molde del empresario fundador ni al del político clásico. Su espacio siempre estuvo en un territorio intermedio: el de quienes traducen economía en decisiones institucionales.

La figura clave para entender ese recorrido es José Carlos Francisco, compañero de estudios y referencia constante en su biografía profesional. Bajo su influencia, Alfonso dio el salto decisivo a la administración pública al incorporarse al Gobierno de Canarias presidido por Manuel Hermoso como director general de Promoción Económica. Aquella etapa coincidió con uno de los momentos más determinantes para la economía del Archipiélago: la negociación con Europa del armazón que consolidaría el Régimen Económico y Fiscal moderno.

José Carlos Francisco y Pedro Alfonso./ ARCHIVO

En aquel proceso —técnico, complejo y poco visible— se defendían instrumentos que hoy forman parte del paisaje económico canario: las ayudas al plátano, el AIEM, la futura Zona Especial Canaria o los programas POSEICAN. Más que protagonismo político, Alfonso adquirió entonces una forma de trabajo basada en la negociación paciente, en la lectura minuciosa de los márgenes normativos y en la búsqueda de equilibrios entre intereses empresariales, administraciones y Bruselas.

CEOE de Tenerife

Tras su salida del Ejecutivo autonómico, pasó a presidir la Mutua de Accidentes de Tenerife (2011) y encontró su lugar natural en la CEOE Tenerife, donde asumió la secretaría general en 1998. Permanecería más de dos décadas en ese puesto, convirtiéndose en una pieza estructural del empresariado tinerfeño. Mientras cambiaban gobiernos, crisis económicas y ciclos políticos, Alfonso permanecía como figura de continuidad institucional: el hombre que conocía los antecedentes de cada acuerdo y las líneas rojas de cada sector.

Esa larga etapa consolidó su perfil como negociador más que portavoz, alguien acostumbrado a trabajar en la trastienda donde se construyen consensos antes de que existan titulares. Participó en procesos de concertación social, debates sobre fiscalidad, empleo y competitividad, y en la interlocución permanente entre empresas y administraciones.

Su trayectoria se amplió con responsabilidades como la vicepresidencia de la Zona Especial Canaria, cargo que reforzó su experiencia en la captación de inversión y en el funcionamiento práctico de los incentivos fiscales diseñados para regiones ultraperiféricas. Tras casi cuatro años en la ZEC, regresó a la patronal en enero de 2021, en plena salida de la crisis del COVID, cuando el tejido empresarial necesitaba interlocutores experimentados capaces de interpretar ayudas, restricciones y planes de recuperación.

El presidente de CEOE-Tenerife, Pedro Alfonso, compareció este lunes en la comisión sobre la revisión del Régimen Económico y Fiscal de Canarias (REF) que se celebra en el Parlamento de Canarias./ ESTEFANÍA BRIGANTY

Elección polémica

La presidencia de CEOE Tenerife llegó en 2022 en un proceso que no estuvo exento de controversia. Diversas organizaciones empresariales y una candidatura rival denunciaron falta de transparencia e irregularidades en el procedimiento electoral, cuestionando la imparcialidad del proceso. Posteriormente, una resolución judicial declaró nulos determinados acuerdos previos relacionados con la organización de esas elecciones, al considerar discutible la fórmula utilizada para designar la figura encargada de supervisarlas. El episodio abrió un debate interno sobre el funcionamiento de la patronal y dejó una sombra inicial sobre el mandato, aunque Alfonso consolidó su posición al frente de la organización en los meses posteriores.

Más allá de ese capítulo, su estilo de liderazgo se ha definido por la continuidad y la moderación. Defiende una patronal visible pero institucional, centrada en competitividad, simplificación administrativa y seguridad jurídica como condiciones para el crecimiento económico.

Fuera del despacho, Alfonso cultiva una faceta menos visible, casi doméstica, donde desaparece el negociador y aparece el anfitrión. Es aficionado a la gastronomía en un sentido amplio y pausado: disfruta de las mesas largas en restaurantes donde la conversación importa tanto como el plato, pero también encuentra refugio tras los fogones de casa, ejerciendo de cocinillas con la misma paciencia metódica que aplica a las negociaciones. Cocinar, dicen quienes lo conocen, le sirve para lo mismo que un habano bien encendido: bajar el ritmo, ordenar ideas y dejar que las conversaciones encuentren su propio tempo. En esas sobremesas emerge su humor socarrón, una ironía suave, casi lateral, que suele aparecer justo cuando el ambiente amenaza con volverse excesivamente solemne.

Pedro Alfonso, presidente de la CEOE Tenerife / CEDIDA

Cocinillas

Padre de cuatro hijos —dos ya adultos y unos mellizos adolescentes—, su vida personal ha avanzado siempre en paralelo a una trayectoria pública deliberadamente discreta, ajena al exhibicionismo que a menudo acompaña al poder empresarial. Esa dimensión familiar ha moldeado una forma de estar que quienes trabajan con él reconocen enseguida: preferencia por los encuentros breves y las conversaciones largas, por escuchar antes de fijar posición y por tomar decisiones cuando el ruido ya ha pasado. En un entorno acostumbrado a la urgencia permanente, Alfonso parece moverse con una lógica distinta, más cercana a la continuidad que al impacto inmediato.

Porque, en el fondo, Pedro Alfonso pertenece a una categoría cada vez menos frecuente en la vida pública canaria: la de los dirigentes que no necesitan acelerar el relato para ejercer influencia. Su trayectoria no se construye sobre momentos de ruptura, sino sobre acumulación de confianza institucional.

Como el puro que Churchill encendía antes de tomar decisiones difíciles, su carrera parece guiada por una convicción sencilla: hay procesos que solo funcionan cuando se respetan los tiempos. Y en la economía canaria, donde casi todo depende de negociar equilibrios complejos, esa paciencia ha terminado siendo su principal forma de poder.