José Manuel Baltar, por Farruqo.
José Manuel Baltar, por Farruqo.

José Manuel Baltar: el vikingo gallego que se hizo canario

El exconsejero de Sanidad del Gobierno de Canarias encontró en Gran Canaria su propio asentamiento, como Erik el Rojo en Groenlandia —Eystribyggð—, y convirtió un destino provisional en una vida entera

Martín Alonso

José Manuel Baltar Trabazo (Vigo, 1959) le ha dado por los vikingos. No es una metáfora ni una exageración. Consume series de televisión, novelas, historias que tengan que ver con los pueblos navegantes escandinavos como auténtica devoción. Es literal. Hace dos veranos viajó hasta Narsarsuaq, en Groenlandia, para conocer el lugar donde Erik el Rojo fundó el primer asentamiento vikingo tras ser expulsado de Islandia: Eystribyggð, el llamado Asentamiento Oriental.

El trayecto no era sencillo. Frío, aislamiento, paisaje áspero. Pero Baltar quería pisar ese territorio remoto donde un hombre, forzado a empezar de nuevo, logró construir prosperidad en tierra extraña.

Hay algo en esa historia que dialoga con la suya propia.

Canarias; 1990

Cuando José Manuel Baltar llegó a Canarias en 1990, lo hizo con mentalidad de tránsito. Matemático especializado en Estadística e Investigación Operativa por la Universidad de Santiago de Compostela, venía de ejercer responsabilidades en la gestión sanitaria pública y veía el Archipiélago como una experiencia temporal antes de regresar a la Península. Era, en su esquema vital, una etapa intermedia.

Pero la vida no siempre sigue el diseño previsto.

José Manuel Baltar, durante una comparecencia en una comisión parlamentaria. / RAMÓN DE LA ROCHA-EFE
José Manuel Baltar, durante una comparecencia en una comisión parlamentaria. / RAMÓN DE LA ROCHA-EFE

Cuatro años después se compró una casa en Gran Canaria. Se asentó junto a su mujer, Cristina. Echó raíces casi sin advertirlo. Hoy, más de tres décadas después, reconoce con media sonrisa que se ha convertido en un “abertzale canarión”. No por impostura, sino por pertenencia.

Como Erik el Rojo en Eystribyggð, Baltar encontró en un territorio inicialmente ajeno el lugar donde desarrollar su proyecto vital. Con una diferencia esencial: su llegada no fue un exilio, sino una oportunidad.

Jesuitas de Vigo

Formado en el colegio de los jesuitas de Vigo, compartió aula con futuros protagonistas de la política gallega. Allí fue compañeros de estudios con personas que luego también tendrían relevancia pública: figuras como Anxo Quintana, exvicepresidente de la Xunta, Gerardo Conde Roa, exalcalde popular de Santiago, y Juan Martín Fragueiro, secretario general de Pesca en gobiernos socialistas.

Aquella generación vivió la efervescencia de una España que cambiaba. Baltar eligió los números. La lógica. La estructura detrás del desorden. Su especialización en matemáticas aplicada a la gestión sanitaria le permitió entender los hospitales como sistemas complejos donde cada decisión tiene impacto real en la vida de las personas.

Baltar, en una intervención en el Parlamento de Canarias durante su etapa como consejero de Sanidad del Gobierno regional. / CRISTÓBAL GARCÍA-EFE
Baltar, en una intervención en el Parlamento de Canarias durante su etapa como consejero de Sanidad del Gobierno regional. / CRISTÓBAL GARCÍA-EFE

Cuando aterrizó en las Islas, el sistema sanitario canario estaba en plena transformación, asumiendo competencias propias que el Estado empezaba a ceder. Aquel momento histórico exigía perfiles técnicos capaces de combinar gestión económica, planificación estratégica y visión organizativa. Baltar encontró ahí su terreno natural.

Presumido

Pero reducir su figura a un gestor sería simplificarlo. Hay en él una dimensión personal que explica mejor su recorrido. Presumido —lo admite sin complejos—, siempre ha defendido que la forma de vestir es una muestra de respeto hacia quien tienes delante. En sus primeros años en Canarias llamaron la atención sus trajes de tonos poco habituales: azules intensos, rosas, corbatas con cordón metálico, gafas de colores... Era su manera de presentarse. De marcar carácter. De no diluirse.

Esa combinación de rigor técnico y personalidad visible le acompañó durante toda su trayectoria en el ámbito sanitario, tanto en el sector público como en el privado, donde desempeñó durante dos décadas la dirección general de Hospital San Roque, etapa en la que la entidad consolidó su crecimiento como grupo hospitalario de referencia en las Islas.

En la Navidad de 2016, en un contexto político complejo y con las listas de espera quirúrgicas disparadas, recibió la llamada de Fernando Clavijo —tras romper un pacto de Gobierno con el PSOE entre otras razones por la gestión del Servicio Canario de la Salud— para asumir la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias. No fue una decisión buscada. De hecho, su primera reacción fue de resistencia. Sabía que el salto a la política institucional implicaba exposición, desgaste —su nombre, al proceder de la sanidad privada, fue señalado desde la filas socialistas como el zorro elegido para cuidar a las gallinas— y una lógica distinta a la puramente técnica.

Aceptó.

Etapa enriquecedora

Hoy valora aquellos años como una de las etapas más enriquecedoras de su vida profesional. No solo por la gestión, sino por la perspectiva territorial que adquirió. Aprendió a mirar Canarias más allá de las capitales. A entender la realidad de las islas no capitalinas como parte esencial del sistema. A soportar la dureza del Parlamento y el debate público.

Y, sobre todo, descubrió en sí mismo una capacidad política que no había explorado.

José Manuel Baltar se incorpora a la agencia 22GRADOS / 22GRADOS
José Manuel Baltar, tras su incorporación a la agencia 22GRADOS. / 22GRADOS

En ese tránsito, Baltar no perdió su identidad técnica. Siguió pensando en términos de datos, planificación y resultados. Pero incorporó la dimensión humana y territorial de la decisión pública. Esa mezcla es, probablemente, una de las claves de su perfil. Las listas de espera, tanto las quirúrgicas como las de especialidades, empezaron a reducirse. Un hito para Canarias, siempre en el vagón de cola en estas competencias.

Cerrada su etapa institucional en 2023, su actividad no se detuvo. Regresó a San Roque. Hoy ejerce como senior advisor en 22GRADOS, aportando visión estratégica y análisis a proyectos empresariales. Desde otro plano, sin foco mediático constante, pero con la misma inquietud intelectual.

Novelas de Gómez-Jurado

Porque si algo define a José Manuel Baltar Trabazo es la curiosidad. Lee novela histórica y policíaca. Devoró la trilogía de Juan Gómez-Jurado sobre Antonia Scott —Reina Roja, Loba Negra y Rey Blanco—. Y ahora dedica horas a series ambientadas en la era vikinga. No es un entretenimiento superficial. Es una forma de explorar cómo las sociedades afrontan crisis, liderazgo y cambio.

En su historia personal no hay destierro ni violencia, pero sí adaptación. No hubo expulsión, pero sí decisión de quedarse. Canarias no fue un refugio obligado, sino un lugar elegido.

Treinta y seis años después de aquel aterrizaje provisional, Baltar no habla como un visitante. Habla como alguien que ha construido su vida aquí. Que ha participado en la evolución del sistema sanitario del Archipiélago. Que ha vivido el debate político desde dentro. Que ha hecho de Gran Canaria su hogar.

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Baltar, testigo de la firma del acuerdo entre el Gobierno de Canarias y la Fundación Amancio Ortega para la compra de equipamiento tecnológico para el tratamiento del cáncer. / EP

Quizá por eso viajó hasta Groenlandia para conocer Eystribyggð, el asentamiento que simboliza empezar de nuevo en tierra inhóspita. Para recordar que, a veces, lo que comienza como tránsito se convierte en destino.

En la saga personal de José Manuel Baltar, no hay drakkars ni espadas. Hay hospitales, planificación, decisiones complejas y compromiso profesional. Hay una historia que empezó en Vigo y que encontró en Canarias su lugar definitivo.

Como Erik el Rojo, levantó su asentamiento en territorio lejano. Con una diferencia esencial: no fue el hielo quien lo retuvo, sino el sol, el alisio y la convicción íntima de que ya no era un gallego en Canarias, sino un canario más.