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Panorámica del Parlamento de Canarias durante la primera jornada de un debate de la nacionalidad canaria. / RAMÓN DE LA ROCHA-EFE

Aguas revueltas

La expresión “las aguas bajan revueltas” o “las aguas andan revueltas” busca reflejar situaciones en las que domina el desorden, la inestabilidad, la controversia, la confusión... En definitiva, la coyuntura ideal para que en ellas se abra paso el engaño, el bulo o el aprovechamiento de quienes buscan pescar o sacar ganancia de esa incertidumbre o ausencia de claridad.

Aun reconociendo que el mar de fondo de la política estatal e internacional enturbia las ya de por sí procelosas aguas políticas de Canarias, y que contribuye a desencuentros mediáticos, a una agitación ciudadana muy castigada por la difícil situación económica, a desconectarse más y más de una clase política en la que cada vez cree menos... Admitiendo todo eso, hay otras razones que nos llevan a pensar que algunas cuestiones propias embarran los caminos de salida. Y para qué nos vamos a engañar, incluso a las personas más comprometidas les resulta difícil entender que quienes debieran trasladar certezas contribuyen a generar ese estrés emocional que desazona y sigue alejando a muchos de la política. Lamentable, pero es así.

De modo que, estableciendo que las relaciones políticas en Canarias, en el Estado y en el mundo generan inquietud y angustia no me extenderé en una cosa que cualquiera puede apreciar en la radio, en los periódicos o la televisión. Solo diré que, si no lo es, se acerca demasiado a un fin de un ciclo basado en normas y acuerdos que obligaban a todos (Pacta sunt servanda) y al comienzo de otra época regida por el derecho de la fuerza o del más fuerte que nos alcanzará a todos.

En cualquier caso, las organizaciones políticas de Canarias y los propios políticos individualmente harían bien en no dejarse arrastrar por ese torbellino a que nos aboca la alta política, y trasladasen a la ciudadanía que son momentos para abordar grandes cambios en este país. Momentos para tomar partido, para dar la cara y asumir que toca elegir a gente capaz y de plena confianza para gestionar nuestro porvenir y el de un territorio sensible, para darle la vuelta como a un calcetín a la atención de nuestros mayores, para priorizar los servicios públicos que tanto se precisan en contextos de dificultad…

Alternativa creíble

Y añadiría más, no da igual que gestionen esas cosas unos que otros, porque unos responden exclusivamente a la sociedad canaria y otros han de buscar plácets externos. En cristiano, unos bregan y dan la cara por Canarias desde partidos con estructura orgánica que empieza y termina aquí y la de otros es más difusa y requiere el permiso de personas que nada tienen que ver con nuestra realidad.

Hemos sostenido que, también en Canarias, hay dos fuerzas que apuestan todo al azul para alcanzar el control social desde las instituciones, pero que ese miedo no es suficiente para generar ilusión y ofrecer una alternativa que sea creíble. Es preciso bajar la pelota al suelo y hacer un activismo cercano, poner el hombro a los movimientos vecinales, pelear un apoyo decidido a la juventud en las empresas y en el sector público, denunciar los amancebamientos en otras camas de quienes ondean con efusión banderas de unidad y de progreso... Y es preciso hacerlo, aunque tengan comprado el árbitro y escondan la llave del campo; este partido hay que jugarlo desde Canarias y para Canarias, aunque sea en las aceras o en cualquier solar del barrio.

Entendemos que en la izquierda estatal cobre más fuerza la excitación por alcanzar acuerdos, porque ellos vienen alimentados por una jalea real que pudieran perder. Da igual, desde Drago Canarias hemos dicho por activa y por pasiva que, a diferencia de ellos, nos mueve el compromiso de renovación, de promover pasos a un lado, de comprometer ofrecimientos temporalizados, de buscar datos y estudios fiables de la empatía y del peso social de cada quién…

Y no, no nos causa ninguna prevención que puedan activar operadores de cualquier condición para, como una suerte de nuevo sermón de la montaña de la izquierda, llamar imperativamente al casorio. Tampoco algo que ha pasado y es previsible que pase aún más, la infiltración interna y la difamación de personas mandatadas por otros partidos para tratar de virar nuestras decisiones colectivas e intentar manchar nuestro nombre colectivo. Todo ello en un intento desesperado para evitar que una nueva generación haga política en Canarias, sabemos quién es quién y actuaremos colectivamente de forma contundente.

Sumisión a Madrid

Y claro que a todos nos gustaría pensar en una unidad de acción que ilusionara y rompiese ese malditismo de un progresismo canario sumiso a Madrid o a Barcelona, maximalista o atomizada. Claro que nos gustaría creer firmemente que los burros no vuelan en política, que nadie se mueve por intereses personales, que nadie se pliega a intereses espurios, que nadie ha hecho la vista gorda a la corrupción o el nepotismo con los suyos, que la coacción o el radicalismo no vuelve infructuosos a muchos colectivos…

Pero la realidad es la que es y cuando existe la necesidad de ofrecer certezas a la gente cobra más sentido el dicho de “vísteme despacio, que tengo prisa”. La prioridad tendría que ser cultivar confianza y lealtad, hacer que esas aguas que bajan tumultuosas estratifiquen el aluvión de trayectorias dudosas, de personalismos, de candidatos eternos... que las aguas se tornen claras y tengamos la seguridad de poder ofrecer una bebida saludable y no un brebaje tóxico que enferme, más aún, las expectativas de mucha gente.

Se pinte como se pinte, esta organización siempre ha sido consecuente, algo que otros tendrían difícil poder acreditar. En Drago Canarias hacemos nuestro el consejo del maestro Pepe Múgica de que “la política es la lucha por la felicidad colectiva”, y nuestra alternativa ética de esa lucha y de esa “felicidad” se concreta, básicamente, en mejorar las condiciones de vida de nuestra gente, en una agenda social lo más amplia posible, en cuidar el territorio en el que tendremos que vivir, en ensanchar sin límites la soberanía de este país canario.

Pero que nadie piense que Drago Canarias está en una retórica angelical o en posiciones imposibles de abordar. Sabemos muy bien de qué va esto, por eso nos hemos dotado de una estructura sólida y confederal que fomenta una cultura organizacional, bien posicionada en redes, conectado a las verdades de la juventud y de la cultura... con equipos dispuestos a entrar en las instituciones sin ánimo de romper jarrones o quemar moquetas, al contrario, con personas formadas que llegarán con la aspiración de convertirse en la mejor garantía para cambiar el fondo y la forma de hacer política en Canarias.

¿A cualquier precio?

Dicho con absoluta claridad, sabemos que nadie puede acometer una transformación de país en solitario, pero también que no se deben andar ciertos caminos a cualquier precio. Encima de cualquier mesa va a estar siempre lo que hemos venido diciendo y cuando haya que hablar se hablará de todo ello sobre bases fiables del trabajo hecho, de la idoneidad de las propuestas y de los candidatos, de expectativas electorales del momento y no de realidades pretéritas o, sencillamente, no se hablará.

Esta organización no quiere ser la piedra en el zapato de nadie, pretende ser legítimamente la horma de un calzado nuevo que permita caminar con más comodidad y mejor provecho para la sociedad desde el gobierno de las instituciones. Y en eso están las personas que vienen a impulsar el espacio de Drago Canarias.

Ese es nuestro compromiso.