Apuntes del Foro Canarias 2.0

De la cohesión a la competitividad: cómo el nuevo presupuesto europeo exige a Canarias una estrategia renovada y proactiva

M Dolores R. Mejías, José S. Ruano y Rafael Molina

(Europa ante el fin de la ficción: el nuevo Marco Financiero Plurianual y la encrucijada canaria)

Europa ya no presupuesta como antes porque el mundo ya no funciona como antes. El Marco Financiero Plurianual 2028-2034 no es una mera revisión contable ni un ejercicio tecnocrático de redistribución de partidas: es, sobre todo, un acto político mayor, una declaración implícita de en qué cree hoy la Unión Europea y de qué teme quedarse atrás.En sus cifras, en su arquitectura y, sobre todo, en su método, se adivina una Europa menos ingenua, más defensiva y más consciente de que el viejo orden internacional, basado en normas, previsibilidad y cooperación, se resquebraja.

Durante décadas, el presupuesto comunitario fue la expresión material de una promesa: convergencia, cohesión, compensación de desequilibrios territoriales y sociales. Hoy, sin renunciar formalmente a ese relato, Bruselas introduce otro mucho más crudo y explícito: seguridad, competitividad, resiliencia, autonomía estratégica. El vocabulario ha cambiado porque el mundo se ha vuelto más inseguro.

El nuevo Marco Financiero Plurianual nace en un contexto que Mark Carney describió en Davos con una claridad poco habitual en los foros multilaterales: «sabemos que el antiguo orden no volverá. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia». El nuevo presupuesto europeo parece asumir esa premisa. La cuestión es a qué precio político y territorial.

(Del presupuesto de la cohesión al presupuesto del poder)

La propuesta de la Comisión Europea para el periodo 2028-2034 simplifica radicalmente la arquitectura presupuestaria: de siete grandes rúbricas se pasará a cuatro. Pero la simplificación no es neutra. Bajo ella se esconde un cambio de prioridades.

La primera rúbrica que incluye economía, cohesión, agricultura y territorio, hasta ahora ámbitos prioritarios, se reduce en términos relativos y absolutos. Ahí se concentran los recortes más sensibles: política agrícola comúnfondos de desarrollo regional y, en nuestro caso, los instrumentos específicos que han sostenido durante décadas a regiones con desventajas estructurales como Canarias. Según las cifras manejadas en estos momentos, la política agrícola podría perder más de un 20 % de recursos.

La segunda rúbrica, en cambio, crece de forma notable: competitividad, prosperidad y seguridad. Es aquí donde se produce el verdadero giro estratégico, se pone el acento en una inversión más estratégica. Programas como Horizonte Europa prácticamente se duplican, pasando de unos 90.000 a más de 150.000 millones de euros, al tiempo que se refuerzan los instrumentos ligados a defensa, tecnología crítica, cadenas de suministro, energía, digitalización e innovación.

La tercera rúbrica, Europa Global, redefine la acción exterior de la UE, con especial énfasis en África y el vecindario sur. No es casual. La Unión Europea asume que su estabilidad futura se juega tanto en el Indo-Pacífico como en el Sahel.

La cuarta rúbrica cubrirá los gastos de administración de las instituciones comunitarias y se mantiene prácticamente invariable.

Este giro conecta con el diagnóstico planteado en los últimos informes europeos conocidos, el de Draghi y el de LettaEuropa ya no puede limitarse a ser un gran mercado regulado, necesita convertirse en un actor estratégico, no basta con redistribuir renta, hay que generar poder económico, tecnológico y político.

(El fin de la ingenuidad europea)

Europa, durante años confió en un orden internacional basado en normas que, aunque imperfecto, funcionaba. Hoy ese orden se descompone bajo la presión simultánea de Estados Unidos, China y Rusia. Las normas ya no protegen; a veces incluso se utilizan como arma.

De ahí el énfasis en autonomía estratégica, resiliencia y capacidad propia. De ahí también el tránsito desde un multilateralismo casi litúrgico a una lógica de coaliciones variables, alianzas funcionales y pragmatismo sin complejos, en definitiva, un realismo basado en valores.

El presupuesto europeo se convierte así en un instrumento de política de poder, con menos transferencias inerciales y más inversión dirigida, menos compensación automática y más competencia por proyectos.

Sin embargo, el nuevo MFP también supone un cambio significativo para la propia construcción europea. Uno de los elementos más controvertidos del nuevo Marco Financiero Plurianual 2028-2034 es la renacionalización parcial de la gestión de los fondos, algo así como pasar de políticas comunes a “sobres nacionales”.

En la primera rúbrica, sobre todo, la propuesta de la Comisión Europea pasa por asignar grandes sobres financieros a los Estados miembros, para que sean estos quienes decidan la distribución interna según planes nacionales que, a su vez, deberán ajustarse a las grandes líneas estratégicas. Esto supone un giro relevante respecto a la lógica tradicional de la UE, basada la gestión de políticas comunes (PAC, cohesión, I+D, programas gestionados directamente por la Comisión), con criterios europeos homogéneos con la posibilidad de establecer una relación directa entre Bruselas y los territorios o, en su caso, los beneficiarios de los nuevos programas.

Es un modelo que nace de la experiencia del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (Next Generation EU)objetivos europeos, ejecución estatal, condicionalidad y supervisión desde Bruselas con un fuerte protagonismo de los gobiernos centrales.

El debate que se vive en Europa no trata sólo de cuánto dinero habrá, sino de quién decide. La propuesta de la Comisión Europea de asignar grandes sobres financieros a los Estados miembros para su reparto interno supone un giro silencioso pero profundo en la arquitectura europea.

Este enfoque ha encendido las alarmas en el Parlamento Europeo. La crítica no es marginal ni ideológica: es transversal. Para una amplia mayoría de eurodiputados, esta fórmula supone una renacionalización encubierta del presupuesto europeo, con tres riesgos evidentes.Primero, debilita el carácter supranacional de la UE y refuerza la lógica intergubernamental, más poder para los Estados, menos para las instituciones comunes. Segundo, rompe la igualdad territorial, al depender la asignación real de fondos del peso político interno de cada región. Y tercero, vacía de contenido la cohesión como política europea directa, transformándola en una política delegada a las capitales.Dicho de otro modo: Europa deja de relacionarse directamente con los territorios y pasa a hacerlo casi exclusivamente a través de los Estados, lo que supone un cambio de enorme calado. Para el Parlamento Europeo esta lógica renacionaliza la política presupuestaria y debilita la cohesión como política comúnEuropa corre el riesgo de dejar de ser un actor directo en los territorios para convertirse en una ventanilla de financiación gestionada por las capitales.

Desde Bruselas se defiende este modelo apelando al realismo. La presión geopolítica es enorme, la guerra de Ucrania, el contexto geopolítico mundial, la defensa, la transición energética, etc. En este contexto, la unanimidad de los 27exige concesiones y el precedente del Next Generation funcionó razonablemente bien en términos de rapidez y control.Es una solución pragmática en tiempos de tensión geopolítica, pero filosóficamente inquietante: “menos Europa donde siempre fue más necesaria”.

(Canarias: de la excepción protegida a la región que debe demostrar su valor)

Para Canarias, este debate no es abstracto, es existencial.Durante décadas, la condición de región ultraperiféricapermitió construir una relación singular con Europa, basada en el reconocimiento jurídico de desventajas estructurales permanenteslejanía, insularidad, fragmentación territorial, dependencia exterior. El artículo 349 del Tratado de Lisboa cristalizó esa singularidad y la convirtió en una auténtica “percha jurídica”.

Programas como el POSEI no eran privilegios, sino instrumentos de cohesión. Y su valor no residía sólo en la cuantía económica, sino en la existencia de una línea presupuestaria propia, que permitía negociar directamente con la Comisión Europea, adaptar políticas y reflejar la realidad canaria mediante políticas que funcionaron, basta comparar la Canarias de 1986 con la actual para entender el impacto europeo en infraestructuras, servicios públicos y bienestar.

El nuevo enfoque pone ese modelo en cuestión. Si los fondos se integran en sobres nacionalesCanarias depende mucho más de la voluntad política de Madrid. La ultraperiferia corre el riesgo de diluirse en el reparto interno y de perder visibilidad europea.El problema no es que Europa deje de reconocer esa realidad, el problema es si se considera como criterio central de asignación presupuestaria a nivel nacional.

Eso explica la preocupación legítima que hoy se percibe en el archipiélagoCanarias corre el riesgo de quedar atrapada entre el discurso genérico de la cohesión y una competencia feroz por fondos entre comunidades autónomas.

(Canarias como frontera avanzada, no como periferia pasiva)

La pregunta clave ya no es cuánto pierde Canarias, sino qué papel puede jugar en la nueva Europa que se está diseñando. Y aquí el escenario puede no ser tan pesimista como en Canarias se transmite: el nuevo marco abre oportunidades reales si se sabe leer y actuar en consecuencia.

Desde este punto de vista Canarias no está mal situada para los nuevos ejes europeos, al contrario.En investigación e innovación, el refuerzo significativo de Horizonte Europa coincide con sectores donde el archipiélago tiene ventajas comparativasenergías renovables, hidrógeno verde, oceanografía, astrofísica, observación terrestre, aeroespacial, inteligencia artificial aplicada a territorios aislados. El océano que rodea a Canarias, tradicionalmente visto como límite, puede convertirse en laboratorio estratégico europeo.En la dimensión África-EuropaCanarias es un nodo naturalBruselas busca ahora presencia, influencia y cooperación en África occidentalCanarias no puede competir con París o Berlín, pero sí puede actuar como plataforma logística, académica, sanitaria y empresarial. La geografíavuelve a ser política.En el ámbito digital, la distancia física pierde relevancia. La economía del dato, los servicios digitales y la industria creativa no penalizan la ultraperiferia. La penalizan, eso sí, la falta de estrategia y de escala.Incluso en seguridad y resiliencia, ámbitos tradicionalmente ajenos al discurso regional, Canarias puede encontrar encaje: control marítimo, vigilancia ambiental, protección de infraestructuras críticas, gestión de flujos migratorios desde una lógica europea y no meramente fronteriza.

Nada de esto será automático. El nuevo Marco Financiero Plurianual introduce una lógica más exigente: menos renta garantizada, más proyecto competitivo. Eso obliga a un cambio cultural en la relación de Canarias con Europa.

Durante años, la batalla se libró desde Canarias en el terreno jurídico: defender el artículo 349, blindar el REF, asegurar líneas específicas. Esa batalla sigue siendo imprescindible. Pero ya no es suficiente.Ahora hace falta, además, una narrativa de contribución. No sólo “somos diferentes”, sino “somos útiles”. No sólo “necesitamos compensación”, sino “podemos aportar soluciones”.

Europa ya no financia únicamente territorios; financia misiones. Y Canarias debe decidir si quiere ser beneficiaria pasiva o actor estratégico periférico, una categoría aparentemente contradictoria, pero cada vez más relevante.

Mark Carney citó en Davos una idea que resuena especialmente en regiones como Canarias: «el poder de los menos poderosos comienza con la honestidad». Una honestidad que pasa por reconocer que el mundo ha cambiado y admitir que algunos instrumentos del pasado ya no volverán.

El nuevo Marco Financiero Plurianual no es una amenaza inevitable ni una garantía de progreso. Es un campo de batalla político, todavía en negociación, donde España, Francia y Portugal pueden y deben defender a las regiones ultraperiféricas. Pero también es una invitación incómoda y muy necesaria: la de repensar el lugar de Canarias en Europa.

Si el viejo orden no vuelve, la pregunta no es cómo conservarlo, sino qué construir en su lugarCanarias, por su posición geográfica, su experiencia histórica y su capital humano, puede formar parte de esa construcción. No como excepción melancólica, sino como frontera avanzada de la nueva Europa.

Canarias no puede afrontar este nuevo marco con la mirada anclada en el pasado ni con la expectativa de que las inercias presupuestarias la protejan indefinidamente. Defender nuestros derechos y las especificidades de la ultraperiferiaseguirá siendo una obligación política irrenunciable, pero no suficiente. El escenario que se abre exige anticipación, estrategia y ambición, esto significa diseñar proyectos tractores alineados con las prioridades europeas, generar alianzas, ganar escala y competir con solvencia técnica en un entorno donde los recursos se asignarán cada vez más por impacto y coherencia estratégica. Si Europa va a financiar proyectos y/o acciones y no territoriosCanarias debe presentarse no sólo como región con singularidades, sino como "plataforma" de soluciones. Pensar diferente no es renunciar a lo que somos; es asumir que el futuro no se garantiza reclamándolo, sino preparándolo.