xavier salvador

Opinión

Armas y el mensajero

Periodista, CEO de Atlántico Hoy

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Un periodista de Atlántico Hoy ha dado cuenta en los últimos meses de manera exhaustiva y más completa que nadie de cómo evoluciona la naviera Armas desde que dejó de ser una compañía canaria para convertirse en propiedad de un grupo de fondos apátridas que se hicieron con ella porque sus antiguos dueños locales no pudieron cumplir con las deudas contraídas.

El excelente trabajo realizado por Álvaro Oliver demuestra que el periodismo todavía cumple con la función social para la que está destinado: el control y la fiscalización del poder, sea este político o económico. Otra cosa distinta es la opinión y la sensibilidad que los nuevos propietarios de la compañía --que une las islas entre sí y las comunica con diferentes destinos peninsulares-- tengan sobre la transparencia y las buenas prácticas empresariales.

Acabamos de dar cuenta de cómo Armas ha amenazado a sus empleados con sanciones si detecta cómo se están filtrando informaciones sobre la evolución y operativa de la empresa. El comunicado interno al que hemos podido acceder es categórico y, sobre todo, una muestra inequívoca de que algunos gestores de grandes corporaciones sacaban muy malas notas en las asignaturas humanísticas durante su periodo formativo. Amenazar, amedrentar, capar la opinión y la libre expresión de aquellos que están vinculados a la naviera es una práctica tan totalitaria que rememora lo que sucede en países con regímenes dictatoriales o la ley del silencio que vivían las empresas españolas durante el franquismo.

Harían bien los nuevos propietarios de Armas en informarse sobre los planes de buenas prácticas que desarrollan las empresas más avanzadas del mundo y, de paso, emularlos. Ejercer desde la cúpula de una compañía o desde un accionariado casi anónimo y nada implicado con su mercado actitudes tan próximas a la represión y al caciquismo patronal es una malísima tarjeta de presentación. Quizá hayan engañado al Gobierno de Canarias, quizá hayan tranquilizado a sus proveedores, pero Armas no ha conseguido tener a su lado al capital humano que presta servicio en los buques, oficinas e instalaciones porque con comportamientos como el narrado no son creíbles.

Tiene trabajo el expresidente canario y máximo mandatario del Club Deportivo Tenerife, Paulino Rivero, a la sazón el encargado de las relaciones institucionales de la naviera en su territorio natural, para convencer de que sus nuevos patrones tienen buenas intenciones. Desconozco si Rivero ha incluido a los empleados y sus representantes entre aquellos a los conviene explicar las nuevas directrices de la compañía. Y se nos hace todavía más extraño que un demócrata como él suscriba la caza de brujas interna que la naviera intenta poner en marcha.

Atlántico Hoy se define como un medio de comunicación nativo digital sensible al tejido productivo y business friendly. Pero, sobre todo y en primer lugar, es cercano a aquellas compañías que hacen crecer la riqueza y el territorio con prácticas transparentes y ejerciendo la máxima de que una empresa es una comunidad de intereses entre sus propietarios, sus empleados y sus stakeholders. Comportamientos como el descrito no resultan tolerables a finales del primer cuarto del siglo XXI salvo en repúblicas bananeras. Ni en empresas ni en administraciones o instituciones de cualquier signo.

El periodismo es siempre una búsqueda de la verdad, que en ocasiones encuentra lamentables obstáculos para su ejercicio. Acaba de pasar en Canarias con la decisión de un juez que ha optado por llevar a juicio a Carlos Sosa, un colega de Canarias Ahora que desveló información sobre el juez Santiago Alba que ni ha sido negada o rectificada y que contribuyó a desmadejar una alambicada operación de destrucción política. Con independencia de la orientación ideológica o editorial de cada medio, que por supuesto no estamos obligados a compartir, existen actuaciones intolerables para acallar las voces o amedrentar a los profesionales. Lo de matar al mensajero debería haber pasado a la historia, pero estas cuestiones que nos ocupan demuestran que todavía hay demasiado matarife desocupado…

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