Ya no son solo los estafadores de toda la vida los que se aprovechan de la bondad humana. Hobbes decía que el hombre era un lobo para el hombre, y si uno sigue las noticias o escarba un poco en su entorno casi le tenemos que dar la razón al filósofo inglés; pero esos malvados son pocos, aunque hay que reconocer que cada vez son más y que hacen mucho más ruido que el resto. El resto, la mayoría de la población, todavía se mueve por la solidaridad y la bondad, y solo tenemos que verlo cuando llegan catástrofes naturales o los sucesos inesperados. La gente sale a la calle y socorre al ser humano en apuros sin importarle muchas veces jugarse la vida, como sucede tantas veces en el océano con los ahogamientos de tantos y tantos héroes salvadores.
Esa bondad fue el argumento de muchas películas de Manolo Summers en los años setenta. Ponía una cámara oculta y demostraba la paciencia infinita de casi todos los parroquianos cuando había que ayudar a un desvalido o llegar tarde al trabajo o a una cita si urgía esa ayuda inesperada. Así ha sido siempre, y así creo que seguirá siendo por más que nos desviemos muchas veces de nuestra condición mortal y del camino de la fraternidad. Pero la que nos ha cogido el tranquillo ahora es la Inteligencia Artificial en manos de los ciberdelincuentes. Cada día llegan más sofisticados y ya te clonan el móvil en un plis plas y envían mensajes a todas las personas de tu agenda pidiendo dinero de forma personalizada, una hija a un padre, un nieto a una abuela o un vecino a otro vecino, porque la máquina rastrea nuestras querencias y nuestras cercanías y luego prepara un traje a medida para sus pendencias.
Miedo al móvil
Hace quince años, me robaron mi correo electrónico y le enviaron a todos mis contactos un mensaje pidiendo dinero en mi nombre. Decían que estaba varado en Londres, como si fuera una ballena, y me salvó justamente la traducción automática, la sintaxis y la gramática de aquel mensaje que ya es casi del pleistoceno si lo comparamos con lo que pueden hacer ahora las máquinas. Está cayendo cada vez más gente, y ya uno tiene miedo de encender el móvil algunas mañanas.
Dudas de cada mensaje que te envían: tanto de tus amigos, que temes que hayan sido hackeados, como de los desconocidos o los bancos. Y ese caos nos volverá cada día más vulnerables, pero también más temerosos e insolidarios, Nos pueden clonar hasta la voz y la imagen, de ahí la cantidad de bulos que hay por todos lados intentando destruir la reputación de tanta gente. Al final, volveremos a lo presencial, a vernos las caras para salvarnos. No solo tememos un apagón sino también esa confusión diaria en la que nadan, como peces en el agua, los timadores y los trileros que antes veíamos con los dados en las plazas. Se aprovechan a diario de la bondad de mucha gente, y, sobre todo, de mucha gente mayor a la que este mundo de locos los aísla todavía más de lo que ya están desde hace tiempo.
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