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Gente paseando por la calle Triana, en Las Palmas de Gran Canaria. / ARCHIVO

Compromiso, trabajo y cercanía

Pocos dudan de que vivimos tiempos duros y Canarias no es ajena a esas inclemencias sobrevenidas porque, como diría Pier Paolo Passolini, “lo característico de la vida actual no son solo la inseguridad y la crueldad, sino el desasosiego y la pobreza”. Debemos afrontar nuestros temporales particulares en forma de alertas económicas, sociales, medioambientales, poblacionales, de situación geopolítica... En esa tesitura, el título de esta comunicación adquiere, si cabe, mayor fuerza y más sentido como consigna de una propuesta política.

Obviamente, también podría imputarse a espacios de la vida cotidiana tan dispares como la familia, nuestros espacios colectivos de cabecera, el mundo empresarial, las personas trabajadoras que nos atienden... Pero toca incidir en que debieran ser referencias permanentes en la gestión diaria de las instituciones, especialmente en las más cercanas. Quizás pueda resultar ofensivo para esos responsables públicos que se creen élite a la hora de despachar los intereses del común con insolente suficiencia, pero no es menos cierto que el sentir mayoritario de la ciudadanía demanda más compromiso, más trabajo y una mayor cercanía de los cargos públicos en el desempeño de la política.

Nueva gobernanza

En lo que respecta a Drago Canarias, son pautas de comportamiento que están en la molécula que conforma nuestro ADN desde su fundación y, necesariamente, han de ser los fundamentos de acción política para sus representantes. En esta organización no hay profesionales que se hayan caído del caballo de la frivolidad, de la deslealtad en el compromiso, de la indolencia en el trabajo institucional, y mucho menos, del feo gesto de poner distancia con la gente. No hay Saulos de Tarso descabalgados de su obstinación por defender el interés de los poderosos, ni que estén tratando de disimular el talegazo con un penoso “¿Por qué me persigues?”. No es algo de nuestra incumbencia ni tampoco creemos que les inhabilita para llegar a la santidad que dicen alcanzó san Pablo, porque nunca es tarde si la dicha es buena.

En el estado de excitación que vive el mundo y de alguna forma nuestra sociedad, estaría bien que todos los que habitamos la orilla progresista de este nuestro país, Canarias, vayamos aceptando que nos adentramos en un tiempo radicalmente nuevo en el que las conductas, las propuestas políticas y la vieja gobernanza están quedado obsoletas, y resultarán socialmente ineficaces en muy poco tiempo.

Aún a riesgo de equivocarse, es preciso saber leer en el sonido de los cencerros que hoy marcan el paso y actuar con pragmatismo. Estamos seguros de que la sociedad canaria puede que sea sufrida, pero es más culta, más exigente y entenderá los cambios que llegan y no se dejará engañar por los cantos de sirena o los informes interesados que sólo buscan seguir cabalgando imposibles. Quizás lo haga con retranca, pero estamos convencidos de que, más pronto que tarde, retratará en las urnas a los parásitos de la política y a sus muñidores para que toquen el tole de una vez por todas.

Hubo un tiempo en el que los jóvenes pidieron paso señalando a los políticos como una casta alejada del común, como grupos endogámicos corroídos por la corrupción y el nepotismo y, desde luego, poco proclives a practicar las cualidades que dan título a esta comunicación. Quizás esas guerras político-culturales fueran un espejismo efímero, pero despertaron ilusión y consiguieron que esa dinámica tramposa que hablaba de servicio público a la vez que se imponía la obediencia al establishment, al padrinazgo y a la connivencia con los grandes poderes, calase en una sociedad harta de engaños. Y sí, claro que también hablamos de Canarias.

Pero ese anhelo social dio paso a la decepción y al descrédito. Muchos de aquellos jóvenes políticos mutaron en camarilla, en una suerte de nueva oligarquía que trata de esquivar la presión ciudadana reconvertidos en mentores de encomiendas instrumentales, o esconden su metamorfosis enarbolando banderas de feminismo, de igualdad, de renovación, de obediencia canaria, de racionalidad y control del turismo, de tasas al visitante, en defensa del territorio, en el refuerzo de los servicios públicos...

En todo caso, insistimos, bienvenidos a políticas de nueva gobernanza, a dinámicas de resiliencia que permitan gestionar de otro modo los verdaderos intereses de esta tierra. Como indicaba Jorge Guillen en su poema titulado La muralla, necesitamos de su celebérrimo Tráiganme todos la manos para levantar los programas de avance que precisa la sociedad de hoy.

Drago Canarias nunca escondió que el desempeño de un cargo público no puede entenderse como un empleo que ha de preservarse a toda costa. Ni que este ha de ser un privilegio coyuntural que permite trabajar en beneficio de la comunidad, de impulsar iniciativas que ilusionen y abran la puerta a una gestión que supere el estorbo de tanto pleitismo inútil. Pero siempre desde el compromiso explícito con Canarias, desde un trabajo honrado, transparente, cercano con la gente... Una acción política que cierre la puerta a los venenos que dañan a la sociedad. Y no sólo no lo escondió, sino que fijó esos valores, desde una visión confederal y solidaria desde y hacia todas las islas y municipios, como piedras angulares del quehacer de sus cargos públicos.

Compromiso vs. vieja política

Nunca quisimos resignarnos a que el antídoto del fracaso bipartidista o de la vieja política tuviera que ser más de lo mismo, la llegada al poder de opciones populistas o sostener desde la política la resignación de la ciudadanía. Por eso, el empeño de las portavocías, de la militancia y de los simpatizantes de esta organización ha sido y será denunciar las malas prácticas de la gestión institucional, poniendo sobre la mesa alternativas y propuestas rigurosas, valientes, creíbles, de obediencia canaria y que lleguen a la ciudadanía limpias de engaños e incumplimientos.

Ese es nuestro compromiso.