Mark Carney, primer ministro de Canadá, habló sin paños calientes sobre la fractura del orden internacional y sus consecuencias. Aunque no fuera precisamente en un Foro Social, animó a desterrar el miedo, a unirse contra el abuso y la arbitrariedad de las grandes potencias y lo hizo sin rodeos ni ambigüedades, con absoluta claridad. En un discurso importante afirmó: “No estamos en una transición sino ante una ruptura, y que no se puede vivir dentro de una mentira”.
Obviamente, el señor Carney no se refería a Canarias sino al uso perverso de la economía, de las cadenas de suministros que manejan los hilos de los recursos, de los aranceles, de la potencia financiera o del uso de la fuerza como palancas de control y dominación de las sociedades libres.
Aunque no se refería a nuestro país, sin mucha dificultad, Canarias podría verse concernida en ese emplazamiento para enfrentar —en lo que le toca— las políticas de expolio que agreden a nuestra población y al futuro de los países más vulnerables. Es real, no es remoto, se quiera reconocer o no, Canarias también está o pudiera estar en el ojo de alguno de los torbellinos que provocan los intereses geoestratégicos que hoy se imponen en el llamado primer mundo. Incluso hay voces aquí que ya lo explicitan sin ambages.
El avance de las comunicaciones y la tecnología, la urgencia por controlar nuevas y viejas materias primas, la necesidad de posicionarse en un contexto geopolítico de comercio sin reglas, la ofensiva militarista cada vez más a cara descubierta... hace que estas Islas hayan dejado de ser las siete u ocho cagadas de mosca en el “napa” que expresó Pepe Monagas, aquel personaje creado en los años cuarenta por Pancho Guerra. Todo ha cambiado mucho y también la necesidad de tejer, entre todos, una red de seguridades que nos proteja frente a eventuales necesidades.
Dejadez gubernamental
Entonces, Canarias tenía apenas un millón de personas y era un territorio, esencialmente, autosuficiente; hoy, cuenta con 2,3 millones de habitantes de derecho y centenares de miles de población flotante, con una dependencia económica casi absoluta del exterior. España era una dictadura centralista y aislada, hoy forma parte de la Unión Europea y dentro del Estado cuenta con una realidad plurinacional, que en algunos casos dispone de un amplio grado competencial como Euskadi, y en otros, como Canarias, con poco. Resultado de décadas de dejadez gubernamental en las Islas y de desprecio por parte del PP y el PSOE.
En ese contexto de ruptura, de ninguneo a la legalidad e incluso de cuestionamiento de los propios organismos internacionales, en esa sensación de inestabilidad permanente que ya no se esconde, decimos que Canarias necesita más capacidad de autogobierno, más peso en el concierto de los territorios del Estado, mayor presencia y decisión en las políticas que nos afecten, más diplomacia y acción exterior propia. Y no, no se trata de exigir una interlocución o corresponsabilidad gratuita, es algo que deviene de la realidad objetiva de ser una realidad nacional propia y con la tercera densidad más alta del Estado, sólo después de la Comunidad de Madrid y Euskadi.
“El país que no pueda alimentarse, abastecerse mínimamente… tiene pocas opciones” advertía M. Carney ante las figuras más poderosas del planeta. En esa línea argumental, y con todas las salvedades que se quieran, decimos que Canarias necesita fortalecer sus capacidades, activar un modelo energético propio y sostenible, diversificar la economía, explorar la confederalidad económica atendiendo a la diversidad de los territorios y que, además, necesita creérselo para poner en valor esa riqueza estratégica incuestionable.
A la vez, desde Drago Canarias planteamos la urgencia de resolver con mirada larga los cuellos de botella electorales, empresariales, laborales, energéticos, de movilidad, sanitarios, sociales, identitarios, educativos... que dificultan el avance hacia un funcionamiento más eficiente de cada uno de ellos. Llamamos, en este sentido, a repensar la tentación de uniformar los patrones de gestión frente a otra orientación que fomente y conecte con las singularidades de las islas y los municipios.
La sostenibilidad de los modelos productivos ya no puede ser una opción, ni admite mucha demora. Urge incrementar el parque público de vivienda cerrando todas las vías de enajenación, impulsar mecanismo compensatorios eficaces que mejoren los servicios públicos se viva donde se viva, potenciar el transporte público, implementar políticas de apoyo a la juventud, incentivar la reconversión hotelera frente a los establecimientos de nueva planta, ordenar el derecho a la residencia y todo sin esperar a que las réplicas de cualquier crisis lleguen a Canarias y dejen aún más desprotegida a nuestra gente.
Buscar soberanías
En definitiva, que el mundo se mueve buscando soberanías, como siempre hemos dicho sin limitación alguna. Quedarse añorando lo otorgado, alentar la resignación, potenciar cualquier monocultivo que pueda convertirse en un punto débil, no enfrentar el desentendimiento de lo que ocurra en la política... son las señales de un camino que nos lleva directamente “a ese país con pocas opciones” que resonaba en los Alpes suizos.
Por el contrario, tomar la bandera del consumo consecuente de los recursos propios, exigir servicios públicos de calidad y para todos, corresponsabilizar a la ciudadanía y a la juventud en particular con el futuro de esta tierra, poner freno a los modelos fallidos y las viejas políticas expansivas de un tiempo que no va a volver... ha de ser la vía. No hacerlo, hará que olvidemos aquella idea terrible que pronunció John K. Galbraith: “Quien no piensa en su porvenir, no lo tendrá”.
En los próximos meses y ya al calor de las próximas elecciones canarias que tendrán lugar en poco más de un año, nuestra ciudadanía va a ver resucitados a varios partidos políticos y a aspirantes a un puesto de representación pública que siempre llegan puntuales a la cita, cada cuatro años claro está. Gentes que contarán votos del pasado y que con artimañas intentarán condicionar la opinión pública. Gentes que trabajan mucho más por su interés personal que por la defensa de Canarias.
Los vendedores de crecepelo ya son conocidos por nuestra gente, que saben que Drago Canarias no ha parado de trabajar estos tres años desde el altruismo, que se patea los barrios a los que ningún partido va, que no vendemos Canarias por un plato de sopa, que hacemos real la participación y expresión de la juventud a través de sus propios posicionamientos en artículos sin mordaza ni tutela, que tiene en su ADN la confederalidad canaria… En definitiva, que allí donde esté habrá garantía de regeneración y trabajo.
