José J. Rivero

Opinión

El ave fenix hay que construirlo, no sale solo...

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Cada semana nos ponemos como objetivo en este blog plantear diferentes claves que potencien nuestro bienestar, mostrándote así alternativas y herramientas que te ayuden a potenciar un modelo de vida basado en la consecución de una felicidad sostenible, esa felicidad que va más allá, que trasciende.Cada vez estoy más convencido en que sin el pico y la pala de nuestro proceso de transformación personal no podremos reconstruirnos, sin duda el ave fenix no sale sola, aunque eso nadie me lo dijo la primera vez que me hablaron de la resiliencia o de mi lucha personal por salir reforzado y por afrontar la vida.Hoy hablaremos de dos formas de afrontar la vida, de concebir el bienestar, puesto que influirán en la valoración que hagamos de nuestra vida en cada momento. El primer estilo de vida que nos plantearemos responde a la pregunta “¿qué tomaré del mundo para ser feliz?”. Efectivamente estamos hablando de un modelo de bienestar basado en el hedonismo. Donde la felicidad se  asemeja a cualquier aspecto vital que vaya vinculado a la consecución de placer o ganancia inmediata-Ello nos situara ante la vida con una visión del mundo dividida en dos mitades, es decir, aquellas situaciones que me aportan valor y aquellas que le restan, por lo tanto, lo bueno y lo malo.En la actualidad la gran mayoría de los modelos educativos, sociales, profesionales y aunque parezca mentira familiares están amparados en esta inmediatez ganancial que nos dirige irremediablemente a un bienestar que no depende en exclusiva de nosotros, acudiendo en muchas ocasiones hacia un modelo de vida que se sustenta en la buena o la mala suerte que nos brinda la vida, pongamos por ejemplo la situación de incertidumbre actual, que sin duda reduce la parte hedónica de nuestra proyección personal.Sin duda esa vida placentera parece apetecible pero tiene sus desventajas ya que implica vivir en una montaña rusa de vivencias y experiencia, con el chof semanal de la bajada a la terrenalidad cuando acaban las vivencias hedónicas.Llegados a este punto, cabría preguntarnos: ¿qué puedo mejorar yo en mi vida que me ayude a conseguir un bienestar más estable, sobre todo en los tiempos que corren? Nos referimos concretamente a la felicidad eudaimónica, a una vida con significado.Desde esta visión, la vida y por ende su sentido y felicidad se cimentan y fortalecen desde el desarrollo y crecimiento personal que aporta sentido a nuestra vida en función de que nos sentimos parte de algo mayor, un modelo basado en valores o en la puesta en marcha de nuestras dimensiones morales que dotan de sentido cada acción que realizamos.Entendiendo que mi búsqueda no debe ir dirigida hacia la obtención de una valor final de mi felicidad, sino que debo entenderla como parte de mi propio recorrido vital, dotándome de las herramientas que me ayuden a gestionar adecuadamente aquellas situaciones que pudieran ocasionarme displacer, tristeza e incluso sufrimiento.Por ello debemos tener cuidado con aquellos vendedores de la felicidad exprés, que plantean que la felicidad se apoya únicamente en la inmediatez del Sé Feliz… y en el fondo existe una carencia personal, de sentido, de vivencialidad. Ello implica iniciar un viaje, sin destino final, solo viaja e implicate.