Todo lo que se detiene tiende a empozarse, sobre todo si no se limpia o se airea: cuando te das cuenta se perpetúa como el limo en la superficie de una mareta; pero sucede con todo, porque ya sabemos que la naturaleza es el espejo de lo que somos, por más que creamos que estamos inventando seres inteligentes. Solo sobrevivimos, como los lagartos, como los gorilas o como esos pájaros que vuelan sobre nuestras cabezas, me imagino que asombrados de nuestros desastres. Si uno se asoma a los medios de comunicación estos días solo encuentra ese limo que lo enturbia todo y que convierte en lodo lo que ya intuíamos que no era transparente.
Siguen las guerras en todos los puntos cardinales, la corrupción política se expande por todas partes, y todo es confusión, ruido, mentira repetida, contradicciones interesadas, un caos que encima se acrecienta por la lentitud de una justicia que llega siempre tarde y que contribuye a amplificar esa confusión y ese turbión de titulares que no tiene nada que ver con la limpieza que uno desearía encontrar en una democracia. Todos estamos estupefactos, y el caso Zapatero ha sido la puntilla a todo lo que llevamos viendo desde hace muchos años, con esa profesionalización de la política en donde las mentiras, el latrocinio y las corrupciones se asientan, y cuando no se asientan se repiten.
No se trata de romper la baraja sino de volver a comenzar el juego y juzgar y condenar a los que han hecho trampa, y por supuesto no dejarlos jugar nunca más, por traicionar sus juramentos y nuestra confianza y por todo el daño que le están haciendo a la democracia ahora que hay más buitres que nunca dispuestos a pegarle dentelladas desde los populismos, los caudillismos y también desde partidos que no buscan el consenso, ni el sostenimiento de unos valores de convivencia que están ahora mismo como ese limo del estanque.
Mentir, atacar...
El nuevo mundo que tenemos no nos ayuda tampoco a quitar ese limo y a tratar de renovar las aguas. Se miente por todas partes, se ataca al que opina de política, sea del lado que sea, siempre están preparados todos esos chacales a sueldo, muchos de ellos anónimos informáticos, para evitar que levantemos cabeza y que, como decimos cuando los partidos de fútbol se vuelven locos, echemos los balones al suelo y volvamos a crear nuevas jugadas desde el entendimiento. Como periodista, he vivido muchos finales del mundo como el de estos días en la vida política, pero al mismo tiempo sí me atrevo a decir que nunca he estado tan noqueado y desinformado, o con tanta poca luz para ese mañana que siempre sabemos que acaba colocando todo en su sitio, aunque nos parezca mentira cuando estamos nadando en lodo con los ojos llenos de barro.
Confío en la regenaración democrática, pero para que eso suceda casi tenemos que confiar en un milagro. Entre todos le han hecho un daño terrible a la democracia, entre tantos que ya no sabemos por dónde empezar a nombrarlos y a contarlos. Nos queda seguir aprendiendo para ver si logramos que no sigan apareciendo, aprendiendo, protegiéndonos y comprometiéndonos si queremos cobrar una pensión, ser atendidos dignamente en la sanidad pública o circular por carreteras sin muchos baches. Muchas de las carreteras por las que circulamos en estos momentos se parecen a estos tránsitos diarios que abren socavones a la democracia.
