Víctor Yanes

Opinión

Llenos de vida

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Yo quiero ser John Fante. Su identidad es la mía, por obra y gracia de un efecto mágico producido por la lectura de su narrativa. Yo soy él sin serlo y una explosión de lucidez me convierte en el hombre más feliz del mundo. Maravilloso artificio es la realidad literaria. Llenos de vida (Panorama narrativas, Anagrama, 2008) me pertenece.Dejé de ser Víctor Yanes para ser Fante o parte de su alter ego, Arturo Bandini, ya que uno nunca es nadie ante un horizonte tan pletórico al que ir. 

Me disuelvo en John Fante. Fante siempre dota de una irresistible ternura a todos sus difíciles personajes, y lo hace a través de una ecuación admirable de perfecta compresión, sin el habitual juicio sumarísimo de la generalidad biempensante. Cada línea que escribe me devuelve a mí, muy lejos de la vulgaridad absoluta de mi propio estrés. Asumí hace tiempo que soy un hombre obediente que aceptó todas reglas y mecanismos de un sistema atroz. 

Ante la lectura de John Fante, no me importa perderme a mí mismo y desaparecer para siempre. Salí a la calle cuando terminé de leer Llenos de vida y sentí que yo era John Fante, con mis ojos húmedos y frescos viendo todo con una claridad cortante e imagino que irrepetible. La presencia literaria de Fante en mi vida es la estrepitosa construcción de un nuevo Dios. 

John Fante es un americano descendiente de humildes campesinos italianos, un escritor que trabajó como guionista para Hollywood, siendo considerado uno de los máximos exponentes del realismo sucio. El realismo sucio, no es sucio, es bello. Brilla en su concisión y en su belleza accesible para todos, porque aborda la existencia de la realidad de una vida corriente, en un universo en el que se pelean fieramente las resurrecciones domesticas del día a día. El protagonista de esta novela, podría ser una plausible aproximación autobiográfica a la personalidad de su autor. 

En Llenos de vida, John Fante es un escritor que trabaja como guionista en la mayor industria del cine mundial: Hollywood. Vive en una residencia espaciosa de clase media americana, en Los Ángeles de principios de los años 50, y está esperando su primer hijo. Casado por lo civil con Joyce, una mujer extraña y cambiante, quizá trastornada por su viaje al corazón del catolicismo, al que se abraza y del que le atrae poderosamente la oscuridad de su doctrina. Joyce se transforma en un témpano frío que transpira fundamentalismo religioso, pero a la vez, esta adhesión mística por la religión católica, le produce un intenso júbilo. 

John Fante es un liberal progresista, un hombre de una heroica lealtad, un gran amante dotado de una sensibilidad preparada para soportar a su amada Joyce. Fante parece estar en medio siempre de un bravo océano de voces que le presionan, pero Fante resiste. Su padre, Nick Fante es un gracioso hombre estrafalario, un temperamento lleno de luz y de ocaso, fiel reproductor de la terquedad representada en su obsesión porque su nieto sea un niño, el primer varón recién nacido de la familia. Los progenitores de John Fante son la ansiedad, el vacío por llenar tras la Segunda Guerra Mundial, los prejuicios y las ridículas supersticiones. En Llenos de vida, está presente una sociedad americana que empieza a fabricar su propio sueño, el American way. En ese sueño, conviven la religión, la institución de la familia, la ética del trabajo y Fante con destacada maestría, presenta todos los elementos y situaciones que nos hacen entender un estilo de vida americana que, con el paso de las décadas, colonizó culturalmente la forma de ser y de vivir de millones de habitantes del planeta.