Loading...
¡No da lo mismo! / AH

¡No da lo mismo!

Hace demasiado tiempo que asistimos a un sainete unionista, muy madrileño por cierto, de parte del progresismo en Canarias que, más que ilusionar, contribuye al desconcierto de la gente. Las banderas de bienestar, de justicia social, de renovación, de combatir el abuso, la corrupción, el mal gobierno, el nepotismo... son ideas que todo el mundo puede entender fácilmente, pero querer tapar todo o parte con esa unidad es un intento tan simplista como tratar de ocultar la luna con la mano. Más aún, podríamos decir que teorizar de forma coherente la urgencia y los condicionantes de una alternativa progresista a la actual situación es algo que no sería complicado, si en realidad sólo se pretendiera eso claro está.

Ir al origen de la desunión, del cainismo secular, de la radicalización de posiciones, de las constantes rupturas que llevan a la disgregación, de la patrimonialización de las migajas del poder por quienes lo han alcanzado y no quieren volver a sus respectivos trabajos anteriores quienes los tengan o a buscarlos quienes no los tengan... sería sencillo y hasta muy ilustrativo, pero no es el caso.

Teniendo claro que unirse o coaligarse significa hacer un proceso de reflexión política que alcance un producto que difícilmente pueda dividirse sin perder su razón de ser y, sobre todo, que los distintos elementos que la integren conserven una cierta fraternidad y entendimiento en el tiempo, la pregunta sería: ¿Es esto posible con la reutilización permanente de los mimbres y los compromisos adquiridos que pretenden aportar algunos? Porque pudiera ser que más de uno dé por sentado que, en esa eventual unidad, se salva al soldado Antoñito o la soldada Antoñita para otros cuatro años.

Pero eso no está escrito y, además, chocaría con insalvables interrogantes éticos y estéticos que afectan a trayectorias personales, a un tobogán de vaivenes en el desempeño institucional, e incluso a una elemental coherencia discursiva y organizacional. Y no sólo no está escrito, es que ni siquiera está esbozado.

Elecciones vitales

En todo caso, desde Drago Canarias no pretendemos abrir ahora esa suerte de melones, ni queremos elevar a categoría la integridad de la política en su conjunto, pero tampoco vamos a engañar a nadie porque nunca lo hemos hecho. Estamos a unos meses de celebrar varias elecciones que serán vitales para el futuro de esta tierra y, aunque no sea por ello ni de ahora, siempre hemos hablado de la necesidad de interpelar a la sociedad en su conjunto y no sólo a los sectores que presumiblemente estarían más predispuestos —que siempre serán bienvenidos— a poner el hombro para empujar un cambio de rumbo.

No es preciso insistir aquí en la compleja situación política que vivimos, una inestabilidad que marcará época y que amenaza la esencia democrática, los derechos sociales, las cotas de libertad alcanzadas dentro y fuera de Canarias... Aunque sólo fuese por ello, se impone no renunciar a los principios y convicciones de cada uno para hacer frente a cualquier eventualidad, pero hay mucho más.

Venimos defendiendo, y ahí seguiremos, que en las Islas hay cuestiones que no pueden admitir debate ni demora a la hora de abordar los altos índices de pobreza severa o funcional, repensar la carga poblacional del Archipiélago y todo lo que ella conlleva, una turistificación desbocada que asfixia el futuro, servicios públicos de calidad, la credibilidad de la política y de la propia clase política... Pues bien, si de verdad se busca tocar la tecla electoral que lleve a mejorar todo esto y por ende la vida de los y las canarias, sería bueno empezar ese cambio por uno mismo. Porque no es posible haberse alejado tanto de la gente o andar tan apegados a intereses propios o de partido y, a la vez, pretender ser creíbles a futuro sin pensar en cambiar chóferes y choferesas de la guagua. Y no vale sustituir el envoltorio porque es el contenido y no el paquete lo que ayudaría a dar certezas y, en su caso, sanar y empezar a revertir esos males.

Dicho de otra forma, para abordar un cambio real en los servicios públicos a un punto del colapso, de extender y dar calidad a nuestra educación, a la sanidad, dar esperanza a quienes necesitan una vivienda, una solución razonable a la pérdida de horas de vida en una movilidad imposible, a los problemas de conciliación, a resolver la atención de los mayores, a priorizar la sostenibilidad de un territorio tan frágil como el nuestro... para ponerse en pie frente a los problemas que lastran la confianza de la ciudadanía en las instituciones debe prevalecer el sentido común y plantearse seriamente si los Antoñitos o Antoñitas que nos trajeron hasta aquí pueden servir para llevarnos de vuelta. Así de claro. Y esto no es poner líneas rojas, verdes o amarillas, es la evidencia de que la nueva política, si quiere ser alternativa, ha de entender que hay senderos en los que no debería adentrarse.

Enfrentar modelos interiorizados

En definitiva, si en 2027 quiere ofrecerse una alternativa o un punto de inflexión hacia ella —en especial para la población más desencantada— es preciso enfrentar los modelos interiorizados por quienes contribuyeron a generar los interrogantes vitales y la exclusión social que nos angustia, establecer un análisis riguroso de las prioridades, propuestas de corrección creíbles y viables, ofrecer un espacio político sólido y equipos solventes para que, llegado el caso, garanticen ese camino alternativo.

No cabe más engaño social, no cabe reciclar personas que ya han gestionado la cosa pública en Canarias para acomodarlos en otros cargos, no más plegarse a decisiones tomadas ajenas o de espaldas a Canarias... Y porque no da lo mismo una cosa que la otra, apostamos por un espacio social lo más amplio posible al tiempo que seguiremos pidiendo a la sociedad canaria que “abra bien el ojo y desparrame la vista”, porque no todos son iguales ni todas las políticas producirán los mismos efectos en la gente.

A estas alturas, pocos dudan de que Drago Canarias se está convirtiendo en el referente del soberanismo progresista en Canarias y de Canarias para el conjunto del Estado. Agradecemos todos los apoyos recibidos y los ofrecimientos para el diálogo, pero nuestra voluntad es seguir hablando con claridad de juventud, de capacidades, de nuevos enfoques de gestión, de temporalizar los cambios necesarios, de concretar la renovación de personas... porque no da igual venir a cara descubierta que emboscados en un totum revolutum de siglas. No da igual por principios, porque nuestra sociedad es adulta y porque esa mitad que se abstiene de participar en las elecciones lo hace cargada de razones. Por unos y por otros, nadie debería transigir en algo tan importante como dejar de nuevo al albur de partidos y candidatos el viejo patrón de jurar el cargo para luego partir peras y pasar la página otros cuatro años.

Es más, consideramos que el mero compromiso de ofrecerse como alternativa, para gente de palabra, es algo demasiado serio como para no exigirse y exigir todas las garantías posibles para que una vez cerradas las urnas no pueda volverse al más de lo mismo. En esa claridad y en esa lealtad está y va a estar Drago con Canarias. Ese es nuestro compromiso.

Añadir AtlánticoHoy como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora