¿Qué mueve hoy a Canarias: la ideología o la identidad?

La política canaria de 2026 se redefine: ¿estamos ante un nuevo eje que prioriza lo local sobre lo estatal y lo identitario sobre lo ideológico?

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Martín Alonso

Durante años la política canaria fue relativamente sencilla de interpretar. A un lado estaban los partidos estatales y sus extensiones insulares. Al otro, el nacionalismo canario. Cada espacio tenía sus fronteras, sus discursos y sus votantes. Pero algo está cambiando.

La discusión que desde hace meses atraviesa a los partidos situados a la izquierda del PSOE no es únicamente una pelea por las siglas, los liderazgos o la confección de una futura candidatura electoral. Tampoco es un simple conflicto de egos, aunque de eso también haya algo. Lo que estamos viendo es una discusión mucho más profunda: una batalla por definir qué lenguaje político conecta mejor con la Canarias de 2026.

Por un lado aparecen quienes intentan construir un frente común de la izquierda ideológica. Nueva Canarias, Podemos, Sumar, Izquierda Unida y otros espacios exploran fórmulas de colaboración para las próximas elecciones. El razonamiento parece lógico. La fragmentación castiga electoralmente y la unión multiplica opciones de representación. La fórmula ya se ha ensayado antes, con mayor o menor fortuna, tanto en Canarias como en el resto de España.

Por otro lado emerge una corriente diferente. No necesariamente más conservadora ni más progresista. Simplemente distinta. Una corriente que pone el acento en la identidad antes que en la ideología. Ahí se sitúa Drago Canarias. También, desde coordenadas diferentes, Primero Canarias. Y, por supuesto, Coalición Canaria lleva décadas moviéndose en ese terreno.

La polémica de las últimas semanas, con la raíz en redes sociales, tiene mucho que ver con eso.

Alberto Rodríguez y Primero Canarias

La participación de Alberto Rodríguez en una charla organizada en la sede de Roque Aguayro provocó una tormenta que probablemente dice más sobre los nervios existentes en determinados sectores de la izquierda que sobre el propio acto. Roque Aguayro forma parte de Primero Canarias, una organización que previsiblemente buscará acuerdos electorales con Coalición Canaria en distintos ámbitos institucionales de Gran Canaria. Para algunos, la mera fotografía resultó poco menos que una herejía política.

Sin embargo, conviene detenerse un momento y preguntarse qué es exactamente lo que escandaliza. ¿Que un dirigente de izquierdas participe en un debate organizado por personas que no piensan exactamente igual que él? ¿O que una parte de la izquierda canaria empiece a asumir que el eje político tradicional puede estar desplazándose?

Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria, durante un pleno de la corporación insular.
Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria, durante un pleno de la corporación insular.

Porque el verdadero problema para quienes impulsan un frente de izquierdas no es que Alberto Rodríguez se siente a hablar con Roque Aguayro. El problema es que existe una posibilidad real de que una parte creciente de la sociedad canaria esté empezando a sentirse más interpelada por discursos relacionados con la identidad, el territorio y la soberanía de decisión que por las viejas categorías ideológicas importadas desde Madrid. No es casualidad.

Las grandes movilizaciones sociales de los últimos años no han girado alrededor de la reforma fiscal, la lucha de clases o los debates parlamentarios de la política estatal. Han girado alrededor de cuestiones profundamente vinculadas a la condición insular. La masificación turística. La dificultad para acceder a una vivienda. La presión demográfica. La transformación acelerada del paisaje. La sensación de pérdida de control sobre el propio territorio.

El lema Canarias tiene un límite no nació en un comité de partido. Surgió de una inquietud social que atraviesa generaciones, profesiones e ideologías. Del mismo modo que la reivindicación cultural de una nueva generación de creadores canarios —desde la literatura de Andrea Abreu o Lana Corujo hasta fenómenos musicales y culturales que reivindican códigos propios como Quevedo— refleja una búsqueda de identidad colectiva que trasciende las siglas.

Aviso de Antonio Morales

Hay algo que se mueve en Canarias. Y probablemente todavía no sabemos exactamente qué es. Por eso resulta interesante recordar el artículo que publicó hace unos meses Antonio Morales. Un texto que muchos interpretaron como una reflexión interna sobre el futuro del nacionalismo progresista y que marcó líneas rojas a Primero Canarias —días después de incorporar a Ciuca al proyecto—. Morales venía a recordar algo esencial: las políticas públicas tienen ideología. Y tiene razón.

La política fiscal tiene ideología. La política de vivienda tiene ideología. La política sanitaria tiene ideología. La política educativa tiene ideología. Pensar lo contrario sería una ingenuidad. Pero también sería ingenuo ignorar que la identidad se ha convertido en una variable política de primer orden. La pregunta relevante no es si la ideología importa o si la identidad importa. Importan ambas.

La cuestión es cuál de las dos está entendiendo mejor el momento histórico que vive Canarias. Y ahí aparece la decisión de Drago Canarias de mantenerse al margen de una hipotética coalición de izquierdas. Es una decisión legítima. Tan legítima como que otras organizaciones la critiquen.

Noemí Santana, líder de Podemos Canarias / EFE
Noemí Santana, líder de Podemos Canarias / EFE

Resulta comprensible que desde determinados sectores se reproche a Drago una oposición insuficiente a Coalición Canaria. También es lógico que exista competencia y tensión entre organizaciones que aspiran a conquistar espacios electorales similares. La política nunca ha sido un deporte de caballeros. Pero también parece razonable entender por qué Drago no quiere integrarse en una alianza donde, desde fuera, da la impresión de que la prioridad principal consiste en sumar estructuras políticas ya existentes.

¿Canarias o interés personal?

Porque la pregunta que probablemente se hacen en Drago es sencilla: ¿se está construyendo una herramienta para transformar Canarias o para garantizar la supervivencia política de quienes ya están en política? No es una pregunta menor. Y tampoco tiene una respuesta sencilla.

Lo verdaderamente interesante es que, por primera vez en mucho tiempo, el debate político en Canarias parece escapar parcialmente de los marcos tradicionales de la política española. Mientras unos siguen ordenando el tablero entre izquierda y derecha, otros intentan ordenarlo entre obediencia estatal y obediencia canaria.

Quizá ambas visiones acaben siendo compatibles. Quizá terminen convergiendo. O quizá estemos asistiendo al nacimiento de un nuevo eje político que marcará la próxima década. Lo que parece evidente es que el ruido de estos días no trata realmente sobre Alberto Rodríguez, Roque Aguayro o una charla concreta. Trata sobre algo mucho más profundo. Trata sobre quién está interpretando mejor el estado de ánimo de Canarias.

Y esa es una discusión que apenas acaba de empezar.