Más allá de las creencias, que el Papa visite Canarias nos hará vivir uno de esos acontecimientos históricos que se convierten en parteaguas porque todo el mundo sabrá dentro de unos años dónde estaba y qué hacía estos días de junio que se avecinan. Iba a venir el Papa Francisco, pero, tras su fallecimiento, León XIV ha mantenido el compromiso de venir a las islas. Si esa visita sirve para poner el foco en el drama de la inmigración que se vive en el Atlántico, y si eso implica solidaridad de todo el planeta ante una realidad que muchos prefieren dejar a la intemperie, o dejarla en unas islas con problemas muy graves de pobreza y de desempleo, daré por bienvenida la visita.
En estos tiempos, además, tanto el Papa actual, como Francisco, han alzado la voz ante las guerras y, sobre todo, ante la prepotencia y la chulería de los nuevos mandatarios mundiales. Ya luego están los costes y los fastos, y esa tendencia tan nuestra a tirar la casa por la ventana, cuando nadie lo ha pedido, o a tapar las necesidades diarias que justamente son las que querría ver el Papa.
En Vegueta, por ejemplo, que es donde pernoctará en Gran Canaria, llevan semanas adecentando lo que durante años han dejado que se afeara o se llenara de cochambre. Sí me hace gracia que se esté actuando justo hasta donde llegarán los ojos del Papa. El tramo que va del Teatro a Santa Ana lo están dejando como los chorros del oro, que hasta han asfaltado y pintado unos pasos de peatones que casi no se veían por el desgaste. Pero lo han dejado ahí, a la altura del antiguo Puente de Piedra, de ahí para arriba seguirá todo como antes de que el Papa anunciara su visita a una ciudad que, por más que lo quieran esconder, ha sufrido un abandono tremendo en los últimos años. Ya no digamos lo que sucede con los barrios cercanos y con muchos de los lejanos. Estos días he notado que hasta hay menos personas pidiendo por las calles. En fin, que en eso seremos siempre como los del Bienvenido Míster Marshall, lo que pasa es que en lugar de vestirnos de faralaes nos gastamos un pastizal para entregar las llaves de la ciudad, como si el Papa viniera para eso, y no viene para eso, ni falta que le hace. Yo hubiera aprovechado ese esfuerzo inversor para ayudar a los más necesitados y para dotar de servicios a barrios a los que nadie escucha.
UD Las Palmas
Pero un par de días antes de que llegue el Papa, la Unión Deportiva jugará ante el Málaga el primer partido de los play off, con todo lo que supone eso para los futboleros. Creo que es una lotería en la que no salimos favoritos, pero a lo mejor justo por eso nos podemos encontrar con la pedrea del ascenso. En esos partidos cuenta más el manejo de las emociones que los controles del balón, aunque está claro que si el equipo se muestra igual de timorato que en la temporada cada vez que marca un gol, nos terminarán eliminando. Espero que, por una vez, y ahora que es un todo o nada, el entrenador sea valiente y salga a ganar los encuentros pase lo que pase. También esta semana ha muerto Leivinha, uno de mis ídolos de infancia, recuerdo verlo en el Insular y no perder detalle de cada control y cada jugada, y verlo en la tele como un rara avis cada vez que jugaba el Atlético de Madrid. De él es la frase en la que contaba que le pasaba un balón a un compañero y que casi siempre le devolvían un melón. Si hubiera jugado en aquella Unión Deportiva de Wolff, Germán o Pepe Juan no le hubiera pasado eso.
Y ya para despedir estos días previos a la visita del Papa, me gustaría nombrar a Marjane Satrapi. Murió de tristeza, por amor. Ante eso, sobran todas las palabras. Fue la autora de esa obra de arte titulada Persépolis. En todas las notas escriben que murió de pena después de haber perdido el amor de su vida. Donde quiera que esté sí me gustaría agradecerle su vida y su obra, justamente llena de amor, de emoción y de humanidad. Nos leeremos después de que haya pasado el Papa por las islas, Viviremos, de lejos o de cerca, desde la admiración o desde la crítica, unos días históricos en Canarias.
