Estupor. Tras leer la carta de varias entidades del sector artístico que reclaman al Cabildo de Gran Canaria que renueve con un concurso público la dirección del CAAM, grande es mi estupor. Y mi regocijo. Historiador del arte y crítico en Las Palmas desde principios de los noventa, no recuerdo una iniciativa semejante con tamaña adhesión de organizaciones insulares y estatales. De aquí estas líneas.
Si el tejido artístico español es de por sí frágil, el canario lo es en grado superlativo, lo que propicia que se cometan impunemente todo tipo de prácticas abusivas. Por ello mi asombro, y mi satisfacción, ante este excepcional posicionamiento público, firme e inequívoco de tantas entidades, entre ellas la mayoría de las que representan al sector en el Archipiélago, que se han atrevido a proclamar sin ambages: “nuestro deseo es que el CAAM sea una institución transparente, plural y prestigiosa, alineada con los principios éticos y profesionales que rigen la gestión cultural contemporánea”.
La misiva está suscrita por entidades de ámbito canario como Artemisia (Mujeres+Arte), Asociación Islas Canarias de Artistas Visuales (AICAV), Asociación Atlas Gran Canaria, Asociación El Sótano Analógico, Círculo de Bellas Artes de Tenerife, Espacio El Palmeral, Espacio Lapanera, Fundación Francis Naranjo y galería Saro León. A ellas se suman, además, dos asociaciones nacionales, Mujeres en las Artes Visuales (MAV) y Unión de Artistas Contemporáneos de España (Unión AC).
Me desconcierta, por lo demás, la ausencia entre las firmas del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC), tan legítimamente beligerante cuando se trata de asuntos que afectan a TEA (Tenerife Espacio de las Artes), y ausente aquí, como siempre que se cuestiona al CAAM, de un documento redactado en términos correctos que se ajustaperfectamente a sus principios fundacionales. Me pregunto si el IAC funciona igual en el resto de territorios del Estado.
Yo también quiero un concurso público para renovar la dirección del CAAM en el que, ojalá, se elija a alguien capaz de cerrar con rigor el ciclo de diez años que, por vencimiento de contrato, concluye en los próximos días de febrero.
Bases abiertas
Pero quiero, además, que en este concurso —si es que se convoca— prime el interés ciudadano, algo que no siempre ha sucedido en el CAAM. Un proceso con bases abiertas que no exija a los aspirantes información cuyo acceso es restringido.

Quiero un concurso del que salga elegido alguien que ofrezca expectativas razonables de idoneidad, capaz de hacer del CAAM una institución respetada, que transmiteconsistencia intelectual y capacidad de riesgo, donde la inclusión no funciona como anestesia.
Pero, una vez resuelto el asunto de la dirección, quiero, también, un consejo de administración del CAAM que cumple con su tarea de fiscalización periódica de la persona elegida. Un consejo, por tanto, que no permite maniobras como que la primera muestra programada por la dirección recién electa es de un artista que ha formado parte del jurado que la eligió.
Quiero un consejo que vele para que la dirección no genere redes clientelares, ni se aproveche de la extrema vulnerabilidad del sector artístico local para ejercer presiones intolerables sobre el mismo.
Quiero un consejo que tenga siempre muy presente que el CAAM tiene un código ético (https://caam.sedelectronica.es/preview-document/fc696000-8b38-4559-ac35-6d00ec951d3a/) que fue redactado para que se cumpliese.
Cuando es exigente, el arte contemporáneo funciona como vehículo captador de las tensiones del presente a través de lo sensible y estimulante del discernimiento crítico. Pero si lo que se persigue no es la reflexión sino el entretenimiento y la cretinización, hay para ello opciones mucho más eficaces que montar en el museo de arte contemporáneo exposiciones que invitan al público a jugar al boliche o a deslizarse en un sancheski.
Defensa del arte contemporáneo
Cada vez hay más sectores sociales que desconfían del arte contemporáneo en su conjunto, y no los integran solo gentes escasamente instruidas (recuerden El complot del arte de Baudrillard). Los museos de arte contemporáneo no pueden convertirse en fábricas de argumentos para quienes están convencidos de que son un timo descomunal. No debemos permitirlo.
Cada vez hay más sectores sociales, y esto es infinitamente más grave, que desconfían de la democracia: una democracia cada vez más anémica, consumida por fuerzas globales sin moral, pero también por organizaciones políticas que, a cualquier consideración sobre el bienestar ciudadano, anteponen siempre la consecución y conservación del poder. Las organizaciones que se dicen democráticas no pueden ser proveedoras de combustible para el avance del fascismo. Debemos impedírselo.
Quiero un concurso para renovar la dirección del CAAM. Quiero un Cabildo que se comporte de manera ejemplar.
