Nacido en La Isleta, el barrio donde el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria tiene sus raíces más profundas, Roberto Herrera lleva la fiesta en el ADN. Hijo de un padre que guardaba en el maletero del coche una peluca y un vestido para cualquier celebración, Roberto comenzó su vinculación carnavalera desde muy joven, primero como miembro de una murga y luego de una comparsa Los Maracaibos. Pero fue tras los focos, con un micrófono en la mano, donde su nombre se convertiría en uno de los más reconocibles del Archipiélago.
Presentador de televisión en TVE Canarias —con 2.500 programas a sus espaldas—, Roberto ha sido la voz de innumerables galas de drag queens, reinas y actos carnavaleros en Maspalomas, Las Palmas y el resto de las islas. Su estilo cercano, su humor y su profesionalismo lo han convertido en un referente, aunque él prefiere huir de la palabra "famoso" y quedarse con "conocidillo" o "popular".
En esta entrevista, Roberto recuerda con emoción su pregón del Carnaval de Las Palmas, que coincidió con un momento muy complicado de su vida —el fallecimiento de su pareja— y que, según la policía local, congregó a más gente que nunca en la Plaza de Santa Ana. También desvela anécdotas en directo, habla de su "hermana" Antonia San Juan, reivindica el Carnaval como motor económico y lanza un deseo para 2027: volver a presentar la Gala Drag.
[PREGUNTA] Roberto, ¿sigues sintiendo las cosquillas carnavaleras antes de presentar una gala?
[RESPUESTA] A ver, yo no sé si la gente dice "nervios". Yo no son nervios, lo que sí tengo es respeto, por supuesto. Si no sintiese esa emoción, esa ilusión por subirme al escenario —ya sea en Las Palmas, en el Carnaval o cualquier otro evento de los tantos que presento durante el año—, si no sintiera eso, entonces esta profesión ya no me gustaría tanto, no la querría seguir realizando.
A mí me pone... no sé si la palabra es nervioso, pero sí ese momento de cuando ya va a comenzar todo, de que todo salga bien, de que la gente disfrute con mi trabajo y con el de todos los compañeros. Hay como un resquemor, no sé cómo definirlo, pero ilusión siempre, siempre.
¿Qué significó para ti ser pregonero del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria?
Pues fue muy importante, además en una época de mi vida un poco complicada por el fallecimiento de mi pareja justo ese año. Cuando en diciembre se me comunica que querían que fuese el pregonero —en junio me invitaron a cenar y me lo comunicaron—, al principio no lo tenía muy claro, dudaba entre decir sí o no. Pero según se fueron acercando los meses hacia el Carnaval, me lo fui creyendo.
Fue una grandísima responsabilidad. Conté con la ayuda de algunos compañeros, sobre todo de Israel Reyes, porque quería un poco que me orientasen. Yo tenía una idea y él lo que hizo fue darle un poco de color a esa idea. Las críticas fueron buenas e incluso, según la propia organización y la propia policía local, había sido el pregón con más público en la Plaza de Santa Ana.
Cuando me lo comentaron, me llenó de alegría. Al fin y al cabo, lo que pretendí fue hacer un pregón que repasara el Carnaval y sobre todo rendir homenaje a grandes personas del Carnaval.
¿Ha cambiado mucho el Roberto que comenzó a presentar esas galas en Maspalomas al de la actualidad?
Hombre, claro, la edad te hace cambiar. Cuando eres más joven no miras todo lo que dicen, eres un poco más alocado, no eres tan serio. Con la edad lo controlas todo, intentas tener cuidado con lo que vas a decir, con lo que la gente entiende.
Cuando yo empecé no había redes sociales, no había móviles. Ahora con las redes sociales, cualquier cosa —aunque lo digas con simpatía y queriendo darle un poquito de humor— hay gente que lo interpreta muy mal y luego te están dando por todos lados.
Los haters parecen que se aburren, y por una cosa que tú quieres darle un toque de humor o simpatía, hay gente que lo toma por el lado que no es y se lía. Es algo que ahora con la edad uno va aprendiendo.
Roberto, ¿cuál ha sido tu compañero o compañera de escenario ideal o con quien más cómodo te has encontrado encima del escenario?
Mira, yo con todos y con todas he tenido muy buena relación. Yo creo que ellos de mí no tienen ninguna mala opinión. En general con todos, incluso han pasado los años y si nos vemos por ahí o alguna vez nos escribimos con los que tengo más contacto, pues nos saludamos, nos felicitamos.
Pero sí es cierto que con quien yo me llevé una gratísima sorpresa y me he convertido en —como ella me dice— en su hermano, es Antonia San Juan. Fue todo un descubrimiento por mi parte. Yo no la conocía como actriz, no había tenido el placer de tenerla cerca.
Fueron dos o tres días preparando la gala de cuando el escenario eran las letras de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, una gala dedicada a la televisión, y fue maravilloso, fue una experiencia. Pero en general con todos y con todas las que he compartido escenario creo que tengo buen contacto.
¿Qué anécdotas o momentos imborrables se te han quedado de esas infinidad de galas de drags y de reina que has presentado?
Uf, anécdotas, han habido muchísimas. Yo recuerdo una muy divertida con Rosy de Palma. Ella, la pobre, no tuvo tiempo de ensayar porque hubo un accidente grande en la ciudad, se cambió la fecha de la gala para dos o tres días después. Vino sin ensayar, yo ya había ensayado un poco, la pobre estaba así como un poquito despistada y tenía yo que estar atento a lo que yo tenía que hacer y a lo que hacía ella.
Otra anécdota: que de repente el pinganillo deje de sonar y te quieran decir algo y no lo estés escuchando. O por ejemplo, el primer año que presenté una gala, veo que hay algo que no está bien escrito en el acta del jurado.
Antes de que me pongan y me equivoque, dije: "Primero que venga aquí el señor secretario del jurado". Tuvo que subir al escenario, le pedí que me lo explicara. El acta estaba muy mal redactada, con nombres escritos que no eran.
Días después el propio presidente del jurado salió en la prensa diciendo que yo no me había equivocado, que hice bien en llamar al secretario para aclarar ese error que podría haber sido todavía más grande.
¿Qué significa para ti ser una de las voces más reconocibles de nuestros carnavales?
Hombre, yo no sé si soy una de las voces más reconocidas, pero sí me gusta mucho lo que hago. Yo amo esta profesión. En Carnaval no paro, apenas duermo en mi casa, pero lo hago con una felicidad y con muchas ganas de ir a todos los sitios que me llaman y que me invitan.
Es un honor que la gente me reconozca y que la gente aplauda mi trabajo. Estoy encantado, feliz. No me gusta la palabra "famoso", "conocidillo" puede ser, popular, por el trabajo que tengo a diario en televisión.
Hoy cumplí el programa 2.500, imagínate, 15 años a diario. La gente es cariñosa conmigo. Ir a un supermercado, a un centro comercial, estar por la calle y que te paren, te saluden, te pidan una foto, eso es una recompensa a tu profesión.
Si el Carnaval te concediera un deseo para el 2027, ¿cuál pedirías?
Bueno, pues volver a presentar la Gala Drag. Me gusta mucho hacerla. Sé que depende mucho de la dirección artística, de los gustos, pero uno siempre va pensando cuando la hace: "ya es la última, ya no me van a llamar más, porque cada vez soy más mayor". Pero vamos, yo siempre, si me conceden ese deseo, lo haría encantado.

¿Cómo imaginas el Carnaval 2027 después del 50 aniversario de este año 2026?
A ver, si te refieres al de Las Palmas de Gran Canaria, espero que volvamos a tener conciencia de que el Carnaval es industria, felicidad, economía y trabajo para muchísima gente.
Yo sé que hay gente que luego se siente mal porque el ruido, tal, pero es que son tres semanas al año. En San Fermín no veo a la gente quejarse, ni en las Fallas de Valencia. Siempre hay que buscarle las cuatro patas al gato al Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.
Ojalá algún día se pueda celebrar un Carnaval sin que se queje la gente, sin que se intente boicotear, sin que haya intereses. Porque a veces pienso que hay intereses ocultos detrás de esas denuncias, intereses que lo que pretenden es que esta ciudad sea una ciudad dormitorio.
Creo que tanto nosotros, los medios de comunicación, como la sociedad en general, los grupos, no deberíamos permitirlo. La ciudad tiene que seguir viva.
El Carnaval es un signo de identidad, como lo es el de Santa Cruz de Tenerife. Ahí siempre aplaudo a sus vecinos por todo lo que han conseguido y por lo que siguen consiguiendo. Cuando siempre se habla de que es el mejor carnaval del mundo, pues por algo será.