La imagen parece sacada de otro tiempo. La luz apenas alcanza para iluminar a dos hombres que se golpean en mitad de una calle estrecha, encajonada entre viejas fachadas. Las sombras engullen el resto de la escena hasta el punto de que cuesta creer que la fotografía pertenezca a la Las Palmas de Gran Canaria de 2026. Podría recordar a una pintura de Caravaggio, por ese juego entre la oscuridad y la luz. Incluso a uno de los lienzos más sombríos de Goya, donde la violencia aparece como una escena cotidiana. Pero no es arte. Es la calle Celta, en el barrio de San José. Y lo que muestra la imagen es una pelea ocurrida hace apenas unos días en uno de los barrios con mayor identidad de la capital grancanaria.
La fotografía resume el estado de ánimo que desde hace meses se extiende entre muchos vecinos de San José. No es únicamente la sucesión de incidentes violentos. Es la sensación de que el barrio ha comenzado a recorrer un camino de deterioro que nadie parece dispuesto a frenar.
Apuñalamiento
El episodio más grave se produjo el pasado jueves, cuando un hombre fue apuñalado a plena luz del día en las inmediaciones del Chano Cruz, un suceso que volvió a sacudir a San José y que disparó nuevamente las conversaciones entre residentes sobre la creciente inseguridad que perciben en sus calles.
Sin embargo, quienes viven allí insisten en que ese apuñalamiento no constituye un hecho aislado. Lo presentan como la consecuencia más visible de un problema que lleva tiempo creciendo. Las peleas son cada vez más frecuentes, determinados inmuebles okupados generan conflictos continuos y los vecinos denuncian la presencia de puntos de trapicheo de droga que han alterado la convivencia en distintas zonas del barrio.

Degradación
Nadie quiere que San José quede reducido a un titular de sucesos. Todo lo contrario. Quienes han vivido siempre allí son los primeros en reivindicar la historia, el carácter y el orgullo de un barrio que consideran uno de los grandes símbolos populares de Las Palmas de Gran Canaria. Precisamente por eso les preocupa contemplar cómo la degradación gana terreno sin que llegue una respuesta contundente de las administraciones.
San José no es un barrio cualquiera. Levantado sobre la ladera que domina la bahía, forma parte de la memoria colectiva de la ciudad. Sus calles empinadas, sus escalinatas, sus viviendas tradicionales y su fuerte identidad vecinal han convertido durante décadas al barrio en uno de los lugares con mayor personalidad de la capital. Generaciones enteras han construido allí una forma de vida marcada por la convivencia y por un sentimiento de pertenencia que todavía permanece muy arraigado.
Ese fuerte tejido social es precisamente el que hoy hace sonar las alarmas.
Miedo
Los vecinos describen un deterioro que va mucho más allá de los hechos delictivos. Hablan de miedo. De personas mayores que evitan determinadas calles al caer la tarde. De familias que modifican sus recorridos habituales. De peleas que ya no sorprenden como antes. De una convivencia que se resiente poco a poco mientras aumenta la sensación de impunidad.
También lamentan que algunos inmuebles okupados se hayan convertido "en focos permanentes de conflictos", con entradas y salidas constantes de personas, discusiones y episodios de violencia que terminan afectando a todo el entorno. A ello suman la presencia de pequeños puntos de venta de droga que, según denuncian, llevan tiempo generando problemas sin que la situación termine de resolverse.
Actuación integral
La preocupación no nace únicamente de lo que ocurre, sino de la percepción de que las respuestas llegan tarde o resultan insuficientes. Los residentes aseguran que llevan tiempo trasladando sus quejas y consideran que el barrio necesita una actuación integral que vaya mucho más allá de intervenciones puntuales tras cada incidente grave.
Porque la inseguridad, sostienen, "no se combate únicamente con más presencia policial". Reclaman también medidas contra las okupaciones conflictivas cuando existan actividades delictivas asociadas, una actuación firme frente "al tráfico de drogas, mayor vigilancia preventiva, recuperación de espacios públicos degradados y políticas sociales" que permitan abordar los problemas de exclusión que, en muchos casos, se encuentran detrás de estas situaciones.
La combinación de abandono urbano, conflictividad y falta de intervención sostenida termina alimentando un círculo del que resulta cada vez más difícil salir. Cuanto mayor es la sensación de inseguridad, más se deteriora la vida cotidiana del barrio; y cuanto más se deteriora esa convivencia, más difícil resulta recuperar la normalidad.

Sin estigmatizar
Los vecinos rechazan, además, cualquier intento de estigmatizar San José. Recuerdan que la inmensa mayoría de quienes viven allí llevan décadas cuidando el barrio, participando en la vida vecinal y defendiendo un patrimonio humano que forma parte de la historia de Las Palmas de Gran Canaria. No quieren que unos pocos acaben definiendo la imagen de todo un barrio.
Lo que sí reclaman es que las administraciones dejen de actuar únicamente cuando un suceso alcanza notoriedad pública.
Porque la fotografía de la calle Celta que ilustra este texto no refleja solo una pelea. Refleja la preocupación de un barrio que siente cómo la violencia comienza a ocupar espacios que antes pertenecían a la convivencia. Refleja el cansancio de unos vecinos que se resisten a aceptar que la inseguridad forme parte de su día a día. Y refleja, sobre todo, la necesidad de que San José vuelva a ser conocido por su historia, por su identidad y por la fortaleza de su comunidad, y no por las escenas que hoy alimentan la inquietud de quienes siguen llamándolo hogar.

