El Ejército de Tierra ultima la incorporación del sistema antidron Aracne, una tecnología llamada a reforzar la defensa frente a una de las amenazas más complejas del campo de batalla actual: los sistemas aéreos no tripulados (UAS). Dentro de este despliegue, Canarias figura entre las zonas estratégicas que recibirán estos sistemas, junto a enclaves como Ceuta, Melilla o Cartagena.
El Mando de Artillería Antiaérea (MAAA) comenzará a recibir las primeras unidades previsiblemente a lo largo del mes de abril, en un programa que supone un salto en la protección de tropas e infraestructuras críticas nacionales. El plan contempla inicialmente diez sistemas para el Ejército de Tierra —cinco fijos y cinco móviles—, a los que se suman unidades adicionales para la Armada y el Ejército del Aire y del Espacio.
La inversión global, aprobada por el Consejo de Ministros, asciende a 30,24 millones de euros para un total de 14 sistemas, incluyendo también simuladores destinados a la formación del personal. Este refuerzo responde a la creciente preocupación por drones de pequeño tamaño, vuelo lento y baja altitud —los denominados LSS (Low-Slow-Small)—, especialmente difíciles de detectar y neutralizar.
Defensa antidrón
Aunque la primera unidad se desplegará en Madrid, en el Regimiento de Artillería Antiaérea 71 como centro de referencia, el plan contempla una distribución progresiva hacia territorios estratégicos. En ese esquema, Canarias adquiere relevancia por su posición geoestratégica en el Atlántico y su papel como plataforma avanzada de proyección militar.
El despliegue en el archipiélago no solo responde a criterios tácticos, sino también a limitaciones operativas actuales: la capacidad antidron del Ejército está concentrada en una única batería, lo que obliga a dispersar los sistemas para cubrir varios escenarios simultáneamente.
Guerra híbrida
El sistema Aracne, desarrollado por la industria española —con Indra y EM&E Group (Escribano) al frente—, representa una evolución de los prototipos Cervus. Su diseño se basa en una arquitectura abierta y modular, lo que permite integrar nuevos sensores y capacidades sin quedar obsoleto en pocos años.
Su principal fortaleza radica en un sistema avanzado de mando y control que fusiona datos en tiempo real procedentes de múltiples sensores —radares, sistemas electroópticos y acústicos— para detectar amenazas, especialmente drones micro y mini.
Respuesta dual
Además, incorpora una respuesta dual frente a estas amenazas que permite inhibir señales de radiofrecuencia y GPS —neutralizando drones comerciales o controlados a distancia— e introduce soluciones cinéticas como cañones o lanzagranadas automáticos, especialmente eficaces frente a drones más avanzados o resistentes a la guerra electrónica.

Este enfoque responde a las lecciones aprendidas en conflictos recientes, donde los drones han evolucionado rápidamente, obligando a los ejércitos a adaptar sus sistemas de defensa en tiempo real.
Presión geopolítica
El sistema, según indica Infodefensa, ya ha sido probado en ejercicios como Atlas 25 en Huelva, donde demostró su capacidad de integrar información en tiempo real en entornos complejos. Además, tecnologías similares ya protegen a contingentes españoles desplegados en misiones de la OTAN en Europa del Este.
Este contexto refuerza la importancia del despliegue en Canarias, en un momento en que la Unión Europea estudia levantar un “muro antidrones” de más de 3.000 kilómetros en su frontera oriental. La incorporación de Aracne sitúa a España en una posición avanzada dentro de este nuevo escenario, donde la defensa del espacio aéreo de baja cota se ha convertido en una prioridad estratégica.
En ese tablero, el Archipiélago deja de ser un territorio periférico para consolidarse como pieza clave en la arquitectura de defensa nacional, ahora también frente a la amenaza silenciosa y creciente de los drones.
