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Una mujer se refresca para combatir el calor / EUROPAPRESS

El calor también pasa factura al corazón: cómo protegerse este verano

Las altas temperaturas no solo provocan cansancio o incomodidad. También pueden poner en aprietos al sistema cardiovascular, especialmente en personas con enfermedades cardíacas previas

Fernando Baquero

El calor intenso supone un desafío para el organismo, pero especialmente para quienes padecen alguna enfermedad cardiovascular. La deshidratación, las alteraciones de la tensión arterial y la retención de líquidos son algunos de los efectos que pueden agravar patologías ya existentes.

"Muchas personas subestiman el impacto que puede tener una ola de calor sobre el corazón. Sin embargo, la deshidratación y las variaciones de la tensión arterial pueden generar complicaciones importantes", advierte el doctor Ángel Clemente,  jefe del servicio de Cardiología en el Hospital Quirónsalud Tenerife.

Según explica el especialista, durante los días de altas temperaturas conviene adaptar los horarios y evitar la exposición al sol en las horas centrales del día. Buscar espacios frescos, permanecer a la sombra y reducir la actividad física cuando más aprieta el calor son medidas sencillas, pero muy eficaces.

Hidratación y sentido común

Uno de los aspectos más importantes es mantener una correcta hidratación. Los especialistas recomiendan beber agua con frecuencia, incluso antes de sentir sed. Los niños, las personas mayores y quienes ya tienen problemas cardiovasculares son especialmente vulnerables a la deshidratación.

"La sensación de sed no siempre aparece cuando el organismo ya necesita líquidos. Por eso es importante adelantarse y mantener una hidratación constante a lo largo del día", señala el doctor Clemente.

También es aconsejable utilizar protección solar, llevar gafas de sol y extremar las precauciones al entrar en el agua. Lo ideal es mojarse poco a poco, empezando por brazos, cuello y nuca, para evitar cambios bruscos de temperatura que puedan afectar al organismo.

La alimentación también cuenta

La dieta puede convertirse en una gran aliada durante el verano. Frutas, verduras y hortalizas de temporada ayudan a mantener una buena hidratación y aportan vitaminas y antioxidantes beneficiosos para el organismo.

Las ensaladas, las cremas frías o las piezas de fruta fresca son opciones ligeras y refrescantes. En cambio, conviene limitar el consumo de alcohol, ya que favorece la pérdida de líquidos. El agua debe seguir siendo la bebida principal, por delante de refrescos, zumos o bebidas con cafeína.

Las enfermedades más sensibles al calor

Entre las patologías cardiovasculares que más se resienten durante el verano destacan la insuficiencia cardíaca y la hipertensión arterial.

Con las altas temperaturas es habitual que aparezca hinchazón en las piernas debido a la dilatación de las venas y a la acumulación de líquidos. Para minimizar este problema, los expertos aconsejan reducir la sal en las comidas, sustituirla por especias y descansar con las piernas elevadas cuando sea posible.

"Reducir el consumo de sal, mantener una alimentación fresca y controlar la tensión arterial son medidas sencillas que ayudan a prevenir problemas durante los episodios de calor intenso", explica el jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Quirónsalud Tenerife.

Además, caminar a primera hora de la mañana o al caer la tarde favorece la circulación y ayuda a mantener hábitos saludables durante todo el año.

¿Qué deben vigilar los cardíacos?

Las personas con insuficiencia cardíaca tienen más dificultades para regular adecuadamente el volumen de líquidos del organismo. El calor puede empeorar esta situación y, en ocasiones, hacer que los síntomas habituales pasen más desapercibidos.

"La llegada de temperaturas extremas puede descompensar a pacientes que habitualmente mantienen estable su enfermedad cardiovascular", apunta el doctor Clemente.

La combinación de vasodilatación y deshidratación puede provocar descensos de tensión arterial, aumentando el riesgo de mareos, debilidad o incluso desmayos. Por eso es importante prestar atención a síntomas como la falta de aire o la aparición de edema en las piernas.

Los especialistas recomiendan controlar el peso cada día. Un aumento repentino, aunque sea pequeño, puede indicar retención de líquidos. También puede ser necesario incrementar ligeramente la ingesta de agua para compensar la sudoración, siempre siguiendo las indicaciones médicas y evitando excesos.

"Los pacientes con insuficiencia cardíaca deben prestar especial atención a síntomas como la falta de aire, la hinchazón de piernas o un aumento inesperado de peso, ya que pueden indicar una descompensación", añade el especialista.

Más controles en los hipertensos

Quienes padecen hipertensión deberían vigilar su tensión arterial con mayor frecuencia durante los episodios de calor intenso. Si aparecen mareos, cansancio inusual o dolores de cabeza, es recomendable realizar una medición y consultar con el médico ante cualquier duda. En algunos casos puede ser necesario ajustar la medicación, por lo que la comunicación con el especialista resulta fundamental.

Por último, los cardiólogos insisten en evitar esfuerzos físicos durante las horas más calurosas del día. En personas con obstrucciones en las arterias coronarias, el calor puede favorecer la aparición de dolor en el pecho.

"El verano no debe ser una excusa para abandonar la actividad física, pero sí para adaptarla. Caminar a primera hora de la mañana o al final de la tarde suele ser la opción más segura", concluye el doctor Clemente. Eso sí, si aparece dolor torácico, sensación de desvanecimiento o un malestar intenso durante el ejercicio, lo recomendable es detener la actividad y buscar atención sanitaria cuanto antes.

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