El crecimiento de la próstata forma parte del proceso natural de envejecimiento del hombre. Sin embargo, cuando la glándula aumenta demasiado de tamaño puede comprimir la uretra y dificultar la salida de la orina. Es lo que se conoce como hiperplasia benigna de próstata (HBP), una afección frecuente que puede afectar de forma importante a la calidad de vida.
Entre las opciones disponibles para los pacientes que necesitan un tratamiento quirúrgico se encuentra la hidroablación de próstata o Aquablation, una técnica mínimamente invasiva que utiliza un chorro de agua controlado para eliminar de forma precisa el tejido prostático que provoca la obstrucción. Uno de sus objetivos es mejorar los síntomas urinarios tratando la zona que causa la obstrucción y, al mismo tiempo, preservar estructuras relacionadas con la función sexual.
Cuando la próstata dificulta la micción
La próstata es una glándula del aparato reproductor masculino situada debajo de la vejiga y alrededor de una parte de la uretra. Con la edad puede aumentar progresivamente de tamaño. Este crecimiento no significa que exista un cáncer: la hiperplasia benigna de próstata no es un tumor maligno ni aumenta por sí misma el riesgo de desarrollar cáncer de próstata.
El riesgo aparece cuando el aumento de volumen acaba interfiriendo en la salida de la orina. “El problema aparece cuando ese crecimiento empieza a interferir en la micción”, explica el doctor Guillermo Conde, jefe de los Servicios de Urología de los hospitales Quirónsalud Tenerife, Quirónsalud Costa Adeje y Quirónsalud Vida, pertenecientes al Grupo Quirónsalud.
Los síntomas suelen aparecer de forma progresiva. Entre los más frecuentes se encuentran la dificultad para iniciar la micción, un chorro débil o entrecortado, el goteo al finalizar, la sensación de no haber vaciado completamente la vejiga y una mayor frecuencia urinaria.
“Muchas veces el paciente se acostumbra a estos cambios porque se producen de forma gradual”, señala el doctor Conde. Sin embargo, las dificultades para orinar no deberían normalizarse como una consecuencia inevitable de la edad. Una valoración urológica permite determinar si existe una obstrucción y cuál es la estrategia terapéutica más adecuada.
¿Cuándo es necesario tratar la próstata?
El diagnóstico comienza con la historia clínica y la exploración física. El urólogo puede recurrir a diferentes pruebas para conocer el tamaño de la próstata, valorar el funcionamiento del aparato urinario y comprobar si queda orina en la vejiga después de la micción.
Entre las pruebas más habituales se encuentran la ecografía, que permite medir la próstata y valorar el residuo urinario; la flujometría, que analiza la velocidad y las características del chorro de orina, y una analítica que puede incluir la determinación del PSA (antígeno prostático específico).
Con estos datos, el especialista determina la gravedad de los síntomas y el grado de obstrucción. En función de cada paciente, puede recomendarse desde un seguimiento o tratamiento farmacológico hasta una intervención para eliminar el tejido prostático que está dificultando la salida de la orina.
Hidroablación: ¿en qué consiste?
Cuando la medicación no resulta suficiente o las características de la enfermedad hacen recomendable una intervención, existen diferentes técnicas quirúrgicas para tratar la hiperplasia benigna de próstata. Una de ellas es la hidroablación de próstata, también conocida como Aquablation.
La hidroablación se realiza bajo anestesia y el dispositivo se introduce a través de la uretra hasta alcanzar la próstata. Una vez situado, el sistema permite eliminar de manera selectiva el tejido que provoca la obstrucción, manteniendo bajo control las áreas que se desean preservar.
Se trata de una técnica mínimamente invasiva que utiliza un chorro de agua a alta velocidad y controlado de forma robótica para eliminar el tejido prostático que provoca la obstrucción. El procedimiento se realiza a través de la uretra, por lo que no requiere incisiones externas.
Una de las particularidades de la hidroablación es que el tratamiento se planifica de forma individualizada. Antes de realizar la ablación, el especialista utiliza las imágenes obtenidas mediante una ecografía para identificar la anatomía de la próstata y delimitar las zonas que deben tratarse.
“El objetivo es tratar el tejido que está provocando la obstrucción y, al mismo tiempo, preservar las estructuras que queremos proteger”, explica el especialista de Quirónsalud.
De esta forma, el procedimiento permite adaptar la intervención a las características anatómicas de cada paciente, en lugar de aplicar exactamente el mismo patrón de tratamiento a todas las próstatas.
Preservar la función sexual
Uno de los aspectos que más preocupa a algunos pacientes cuando se plantea una cirugía de próstata es su posible impacto sobre la función sexual.
En este contexto, la hidroablación busca combinar el tratamiento eficaz de la obstrucción urinaria con la preservación de las estructuras relacionadas con la función sexual, incluida, cuando las características del paciente lo permiten, la eyaculación.
“Buscamos que el paciente vuelva a orinar con normalidad sin renunciar, en la medida de lo posible, a su función sexual”, resume el doctor Conde.
Esta posibilidad de preservar la función sexual constituye uno de los elementos que pueden hacer especialmente atractiva la hidroablación para determinados pacientes, aunque la indicación debe individualizarse en función del tamaño y la anatomía de la próstata, los síntomas, las características clínicas y las expectativas de cada persona.
Rápida recuperación
Al no requerir incisiones externas, se trata de un procedimiento mínimamente invasivo. La duración de la intervención y la estancia hospitalaria suelen ser reducidas, aunque dependen de las características de cada paciente y de su evolución.
Según explica el doctor Guillermo Conde, “la duración de la intervención y la estancia hospitalaria son generalmente cortas”. En determinados casos, el paciente puede permanecer en el hospital menos de 48 horas.
El objetivo final es mejorar el flujo urinario y reducir los síntomas provocados por la hiperplasia benigna de próstata, procurando que el tratamiento tenga el menor impacto posible sobre otros aspectos de la calidad de vida.
No todas las próstatas se tratan igual
Aunque la hidroablación representa una alternativa quirúrgica mínimamente invasiva para determinados pacientes con hiperplasia benigna de próstata, no existe una única técnica válida para todos los casos.
La elección del tratamiento depende de factores como el tamaño y la anatomía de la próstata, la intensidad de los síntomas, el grado de obstrucción, los tratamientos previos y las prioridades del paciente.
Por este motivo, la valoración por parte de un especialista resulta fundamental para determinar qué opción ofrece el mejor equilibrio entre eficacia, seguridad, recuperación y preservación de la función sexual.
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