Es bastante habitual que, tras una toma, el bebé regurgite un poco de leche. A veces parece más de lo que realmente es. Mancha la ropa, el babero, incluso a quien lo tiene en brazos y es lógico que genere preocupación. Sin embargo, en la mayoría de los casos se trata de algo completamente normal: el reflujo forma parte del proceso de maduración del sistema digestivo en los primeros meses de vida.
“Es una situación muy frecuente que vemos a diario en consulta y que, por lo general, no implica ningún problema de salud si el bebé está bien en conjunto”, explica Elgin Radtke, pediatra del Hospital Quirónsalud Costa Adeje. Y añade algo que suele tranquilizar bastante a las familias: “Aunque visualmente impresione, la cantidad que regurgitan suele ser menor de lo que parece”.
Qué está pasando exactamente
El reflujo gastroesofágico ocurre cuando el contenido del estómago vuelve hacia el esófago, algo que en adultos no pasa con facilidad pero que en los bebés es bastante común. La explicación es sencilla. El esfínter esofágico inferior, que es una pequeña ‘válvula’ que impide que la comida suba, todavía es inmaduro y no cierra del todo bien.
Por eso, después de comer, parte de la leche puede salir sin esfuerzo y sin causar dolor. “Es un proceso fisiológico. Con el crecimiento, ese mecanismo madura y el reflujo desaparece de forma natural”, señala la doctora Radtke. De hecho, insiste en que “no hay que intentar eliminarlo por completo, porque forma parte del desarrollo normal del bebé”.
En este contexto, hay algunos signos que pueden llamar la atención pero que suelen entrar dentro de lo esperado: la regurgitación tras las tomas, pequeños vómitos sin esfuerzo, el hipo frecuente, cierta irritabilidad después de comer o incluso ese gesto de arquear la espalda. Todo esto puede ocurrir y, aun así, ser normal.
La clave está en el conjunto: si el bebé se alimenta bien, está activo y gana peso de forma adecuada, no suele haber motivo de preocupación. “Más que fijarnos en un síntoma aislado, miramos al bebé en global: cómo come, cómo duerme, cómo crece”, explica la pediatra.
Pequeños gestos que ayudan
Aun siendo algo normal, hay formas sencillas de hacer que el bebé esté más cómodo y reducir estos episodios. No se trata de hacer grandes cambios, sino de pequeños ajustes en el día a día: mantenerlo incorporado durante unos 20 o 30 minutos después de la toma, evitar acostarlo justo después de comer, ofrecer tomas más pequeñas y frecuentes en lugar de muy abundantes, y ayudarle a eructar con calma. Son medidas simples, pero suelen funcionar.
“A veces pequeños cambios en la rutina marcan una gran diferencia”, comenta la doctora Radtke. También recuerda algo importante: “Cada bebé es distinto, así que conviene probar y ver qué le sienta mejor en cada caso”.
Aún así, conviene estar atentos a ciertas señales que ya no entran dentro de lo habitual. Si aparecen vómitos persistentes o muy abundantes, rechazo del alimento, una ganancia de peso escasa, llanto intenso que sugiera dolor, presencia de sangre en el vómito o incluso dificultad para respirar, es importante consultar con el especialista. “Ahí sí necesitamos valorar si hay algo más detrás y actuar en consecuencia”, advierte.
“Ante la duda, es mejor consultar que quedarse con la inquietud en casa”, recalca antes de concluir que “los padres necesitan información clara y tranquilidad, entender que esto es normal ayuda mucho a vivir esta etapa con más confianza y menos miedo”.
Cómo reducir los gases y el reflujo en los lactantes durante la alimentación
“Parte del reflujo en lactantes se debe al acúmulo de gases tras las tomas”, explica Dafne Miranda Santana, enfermera de endoscopia digestiva en Hospital Quironsalud Costa Adeje, y estudiante de máster de enfermería de práctica avanzada en cuidados de enfermería a niños y adolescentes. Para prevenirlo y favorecer una alimentación más cómoda y eficaz, la especialista señala que es importante “asegurar un buen agarre al pezón, sellando bien los labios, con la barbilla y la nariz pegadas al pecho y la cabeza en ligera hiperextensión”.
Además, destaca la importancia de que tanto la madre como el bebé estén cómodos durante la toma, “eligiendo la posición que resulte más confortable para ambos”, así como alimentar a demanda, “sin esperar al llanto o a la irritabilidad del lactante”.
Tras las tomas, Miranda Santana recomienda ayudar al bebé a expulsar los gases mediante distintas posiciones: “Puede colocarse incorporado y realizar suaves palmaditas interescapulares y ascendentes, o mantenerlo semisentado o sentado, sujetando bien el cuello, la barbilla y la espalda para conservar una postura erguida”.
La especialista recuerda también que “la enfermera de pediatría puede asesorar a las familias ante cualquier duda relacionada con los cuidados del lactante”, además de poner en valor el apoyo de las comisiones de lactancia.