Un feriante veterano del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, que asegura pertenecer a la tercera generación de su familia dedicada a esta actividad, denuncia que los puestos “tradicionales de toda la vida” han sido desplazados a una zona “muerta” del recinto carnavalero, lejos del gran flujo de público.
El feriante ha pujado por uno de los puestos de la subasta y, a pesar de conseguirlo, ha protestado a viva voz en el recinto donde se celebraba el acto. “Lo tradicional del carnaval lo han metido en la mierda… donde no va nadie”, protesta, subrayando que “el 90% queda vacío”.
Tercera generación de feriantes
El feriante lamenta la falta de interlocución con el Ayuntamiento pese a los años de trabajo en las fiestas. “Intentamos ir al Ayuntamiento y dicen que no. No hemos podido tener una reunión en más de 20 años. Somos la tercera generación y nunca nos han abierto la puerta para podernos reunir”, afirma, reivindicando a su sector como “la generación del carnaval”.
Según su testimonio, los responsables municipales habrían ido relegando los kioscos más tradicionales a espacios secundarios, mientras el modelo de fiesta y de consumo cambiaba en torno a los grandes escenarios y barras. A su juicio, ese desplazamiento pone en riesgo un modo de vida que suma “más de 40 años” de presencia continua en el Carnaval chicharrero.
Queja y promesa de escucha
Patricia Castillo, gerente del Organismo Autónomo de Fiestas, aseguró tomar nota de las quejas del feriante y le invitó a acudir al área de Fiestas para trasladarlas formalmente. “No dude, por favor, en pasar por Fiestas.
Le insisto en que pregunte por mí, que las puertas de Fiestas siempre las tiene abiertas”, responde, ofreciéndose a comentar “cualquier cosa que tenga”, apuntó Castillo.
Tradición y futuro
Lo ocurrido en el salón donde se celebró la subasta de los kioscos del carnaval refleja, en parte, la tensión entre la evolución del modelo de las fiestas carnavaleras y la pervivencia de sus puestos más tradicionales, que reclaman mejor ubicación y voz propia en la organización.
En cualquier caso, mientras el Ayuntamiento defiende su disposición a escuchar, parte del sector turronero se siente orillado tanto en el mapa físico de las fiestas como en los espacios de decisión.
