En El Toscal todavía huele a esparto y a barrio. En una calle donde las obras, las vallas y los rumores de gentrificación parecen comerse todo, sobreviven algunas tiendas, pequeños locales en metros, pero enormes en memoria. Entre estos una tienda de alpargatas que se niega a convertirse en recuerdo.
“Tenía muy buena acogida y la sigue teniendo”, comenta a Atlántico Hoy el actual propietario, Severo Díaz, que habla de la tienda casi como quien habla de un familiar que ha logrado sacar de un apuro.
Víctima del confinamiento
La historia podría haberse quedado en una de tantas persianas bajadas “por la pandemia”. La tienda nació en 2005 con otro nombre y durante años fue una referencia silenciosa para quienes buscaban calzado de toda la vida.
En marzo de 2020, cuando medio planeta echó el cierre pensando que serían solo unas semanas, esta zapatería también bajó la reja… y no volvió a subirla.
Fue rescatada
Durante más de dos años, quienes pasaban por allí asumieron que era una de esas bajas definitivas que había dejado la crisis sanitaria provocada por la covid 19, lo que se traducía en un local vacío, historias con nombre propio y una ficha más en el listado de comercios que dejaron de existir.
Pero en 2023 alguien decidió “rescatarla”. Severo Díaz, sin mucho conocimiento del sector, por entonces, decidió reabrirla no como algo distinto, ni la llenó de logos nuevos, "mantuve el mismo tipo de zapatos, los mismos colores en las paredes, casi el mismo alma", dice
La alpargata manda
Entrar en el local es entrar en un catálogo vivo de calzado tradicional. No hay carteles que avisen de “Nueva colección primavera-verano”, ni maniquíes de revista. Aquí las temporadas no mandan: mandan las alpargatas.
Comenta el dueño de la tienda que en las estanterías se repiten, año tras año, los mismos modelos: alpargatas con cuña y sin cuña, con o sin cinta al tobillo, pisacacas, cangrejeras, flamencas o gitanillas, merceditas, lonas, botas de agua y bailarinas, componiendo un paisaje de calzado que parece resistirse al paso del tiempo. "Y es lo que la clientela busca", matiza
La moda de siempre
Son zapatos que cualquiera podría identificar en una foto antigua de familia o en un recuerdo de infancia de cualquier verano. No juegan a ser “vintage” porque nunca dejaron de estar; simplemente se han quedado desde siempre.
Presume Díaz cuando explica la nacionalidad española de las alpargatas, sobre todo de la península, aunque también destaca que un importante porcentaje son el fruto del trabajo artesanal que se hace en Canarias.
Demanda juvenil
Podría pensarse que la alpargata es cosa de otra generación, pero algo ha empezado a cambiar. El propio Severo lo ha visto desde detrás del mostrador: jóvenes de 16, 17, 18 o 19 años llegan a la tienda buscando un calzado cómodo para la playa, para salir, para el día a día., “y se decantan por la alpargata”.
Ese redescubrimiento tiene algo de justicia poética: un producto que parecía condenado a otros tiempos y a las fotos en blanco y negro, ahora aparece en los pies de chicas y chicos que lo incorporan a su forma de vestir sin demasiados complejos y con suela de esparto.
Carnaval de lona y suela barata
En Santa Cruz, hablar de zapatos en febrero es pensar en las noches y días carnavaleros. Y en este pequeño comercio del Toscal el calendario también se marca por las fechas de las fiestas y no de las tan conocidas rebajas.
Entre las ofertas de estos días destacan las lonas que, por pocos euros, se convierten en un zapato “para usar y tirar”y que nadie tenga miedo a manchar de purpurina, barro, cerveza u otros líquidos que invaden las calles del cuadrilátero festivo. Es un guiño al bolsillo y, al mismo tiempo, una forma de que el Carnaval no se desconecte de ese comercio de barrio no sujeto a grandes campañas.
Un barrio en obras
Mientras tanto, fuera, El Toscal vive otro tipo de transformación. Las obras han “tocado” la zona, como dice el zapatero, y la calle arrastra las consecuencias de zanjas, vallas y desvíos.
Pronto la calle Santiago será sometida a cambios para su peatonalización, "qué vendrá muy bien", apostilla Díaz. La situación no es exclusiva de esta vía: otras zonas, como la céntrica calle La Rosa, han sufrido un efecto similar con las reformas urbanas y los cambios que se debaten bajo la palabra gentrificación. En medio de esa discusión sobre qué barrios queremos, este comercio aparece como ejemplo de lo que se podría perder cuando los locales de toda la vida van desapareciendo.
Esparto contra gigantes
El otro frente está lejos de las molestias por las obras y cerca de las cajas registradoras de los grandes centros comerciales. Severo lo dice sin rodeos: es muy difícil competir con las grandes superficies que venden productos baratos traídos de Asia.
Mientras ellos juegan con economías de escala, aquí se defiende una alpargata clásica, del país, con la promesa de un zapato duradero y con historia. No es un alegato nostálgico, sino la constatación de que el pequeño comercio compite con desventaja en un tablero que premia el precio por encima de todo.
Adaptada al comercio electrónico
Sin embargo, la tienda sigue ganando pequeñas batallas. Clientes de Fuerteventura, Lanzarote, Gran Canaria y otras islas hacen pedidos para grupos, a través de la web y redes sociales
“Muchos compran por la web y reciben sus alpargatas por correo”, indica Severo, lo que lleva a imaginar ese trocito de El Toscal viajando en una caja de cartón.
Lo que se juega en una alpargata
Cuando Severo calcula el stock, habla de “miles” de pares: entre 5.000 y 6.000 zapatos de todos los modelos, apilados en un local que podría contarse en pocos pasos. Pero lo que hay detrás de cada caja sobrepasa el número.
En ese pequeño negocio se concentran varias tensiones de la ciudad: la obra que no acaba, el centro comercial que arrastra clientela, el barrio que se pregunta qué quiere ser y el comercio tradicional que intenta mantenerse en pie sin convertirse en postal.
Como esta pequeña tienda santacrucera todavía pueden encontrarse muchas más en diferentes calles de distintos barrios, convertidas en muestras silenciosas de que todavía hay quien apuesta por reabrir donde otros ya habían escrito la palabra “cerrado”
