Una auxiliar del servicio de ayuda a domicilio de Santa Cruz de Tenerife denuncia el hartazgo que siente ante la forma en la que la ciudadanía concibe este recurso asistencial. Montse González, profesional del sector, se enfrenta cada día a una realidad que califica de desoladora: el abandono de las personas mayores por parte de sus familiares y el desdén hacia las auxiliares, a quienes, según señala, se les trata como si fueran personal de limpieza.
Este servicio está concebido para facilitar la autonomía y la permanencia de las personas dependientes en sus hogares. Para ello, los auxiliares acuden a las viviendas y ayudan en las actividades básicas de la vida diaria que los usuarios no pueden realizar por sí mismos. Sin embargo, el escenario que muchas veces encuentran dista mucho de ese objetivo, marcado especialmente por situaciones de soledad y abandono.
Una realidad invisibilizada
“Tengo un caso en el que la hija pide el servicio y no es capaz de pasar por casa de su padre. Se desvinculan de todo”, denuncia la auxiliar, quien busca abrir un debate social sobre cómo se percibe este recurso. “Nosotros somos una ayuda, no somos dioses”, insiste. En este sentido, critica que en ocasiones los familiares no se responsabilizan ni siquiera de aspectos básicos como la alimentación de los mayores, delegando toda la carga en los profesionales.
“Somos una ayuda para colaborar en las actividades de la vida diaria, no para resolverles la vida ni para limpiar casas de arriba abajo, y menos cuando hay familiares”, reclama. Detrás de su testimonio subyace una denuncia clara del abandono familiar, una situación que asegura vivir de forma habitual, como en el caso de un usuario que, tras perder a su mujer, apenas recibe visitas de sus hijos.
Críticas al uso del servicio
A esta situación se suma que, según González, “muy pocos familiares respetan el trabajo” de los auxiliares. En su experiencia, muchos les encargan tareas de limpieza doméstica en lugar de centrarse en el acompañamiento y cuidado del usuario, que es el verdadero objetivo del servicio. Aunque la limpieza forma parte de sus funciones, insiste en que las limpiezas generales deberían limitarse a casos de exclusión social o ausencia total de apoyo familiar.
“Prácticamente no ejercemos lo que hemos estudiado. Si levantas a una persona, la bañas, haces la cama y luego cocinas o limpias, no estás trabajando ni su parte emocional ni cognitiva”, denuncia. Por ello, plantea la necesidad de reorganizar el servicio, separando las tareas de limpieza de la atención sociosanitaria para que los profesionales puedan centrarse en las necesidades reales de los usuarios.
Falta de tiempo y reconocimiento
El tiempo que los profesionales pueden dedicar a cada usuario es limitado, lo que agrava la situación. Por ello, la auxiliar reclama un cambio de mentalidad tanto en las familias como en las empresas adjudicatarias y los ayuntamientos, responsables de gestionar estos servicios. Su petición es clara: dejar de ver a estos trabajadores como simples limpiadores y reconocerlos como profesionales cualificados en el cuidado de personas dependientes, con conocimientos en áreas como la alimentación o la estimulación psicomotriz.

