El Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) en Santa Cruz de Tenerife se está desvirtuando. Así lo asegura Miriam Henríquez, portavoz de Unión de Técnicas Sociosanitarias en Canarias, desde donde alertan de un giro preocupante, ya que la atención personal está quedando relegada frente a tareas de limpieza que, en muchos casos, no responden a las necesidades reales de los usuarios.
“Se está promocionando el servicio como si fuera limpieza”, resume Enríquez, en declaraciones a Atlántico Hoy. Una práctica que, según explica, llega desde el momento en que se concede la prestación. A las personas usuarias, afirma, se les ofrece directamente la posibilidad de que acudan a su domicilio a limpiar, lo que acaba condicionando el uso del servicio desde el inicio.
Atención al usuario
El resultado es un cambio de enfoque, según las trabajadoras. Destacan desde la plataforma que donde debería primar el fomento de la autonomía personal -aseo, alimentación, seguimiento de medicación o acompañamiento-, se imponen tareas domésticas de mayor carga. “Estamos dejando atrás la atención personal”, advierte Henríquez.
Explica la entrevistada que la consecuencia se percibe en la organización del tiempo y detalla que hay casos en los que se concentran hasta tres horas de servicio en un solo día para limpieza, mientras el resto de la semana la persona permanece sola. “No estamos atendiendo la necesidad real del usuario”, insiste.
Las quieren para limpiar
A esta distorsión se suma, según la portavoz, una deficiente valoración inicial de los casos. Muchas personas solicitan ayuda para tareas básicas como el baño o la comida, pero cuando las auxiliares llegan al domicilio se encuentran con una realidad distinta: esas necesidades ya están cubiertas por el entorno familiar o por los propios usuarios. “Lo único que quieren es que estemos limpiando”, señala.
Mientras tanto, quienes sí requieren atención intensiva apenas disponen de tiempo suficiente. “Hay usuarios con una hora para todo, esto es, darles de comer, bañarlos… es hacer milagros”, lamenta.
Seguridad laboral
Pero la situación va más allá de la organización del servicio y entra, según denuncian, en el terreno de la seguridad laboral. Enríquez describe intervenciones en viviendas con condiciones precarias, como termos averiados que obligan a calentar agua en calderos y transportarla hasta el baño o el dormitorio de la persona usuaria. “Se está poniendo en riesgo la salud de las trabajadoras”, subraya.
También relata episodios con instalaciones peligrosas, como cocinas en mal estado con fugas de gas, que no han sido resueltas pese a los avisos. En uno de estos casos, asegura, la solución fue sustituir a la auxiliar que había advertido del riesgo. “No se arregla el problema, se cambia a la trabajadora que se queja”, denuncia.
Comunicación de incidencias
Según explica, todas estas incidencias se comunican siguiendo el procedimiento establecido: de las auxiliares a la empresa y de ahí al Ayuntamiento de Santa Cruz, responsable del servicio. Sin embargo, “no se hace nada”, afirma. “No sabemos dónde se quedan esos partes”.
Desde el comité de prevención, en el que participa, ya se están trasladando recomendaciones para que las trabajadoras no asuman tareas que comprometan su seguridad. Una medida que, reconoce, abre un dilema diario en los domicilios ya que les obliga a replantearse hasta dónde intervenir sin poner en riesgo la propia salud.
El trasfondo, concluye Henríquez, es un sistema que está respondiendo más a la demanda que a una valoración profesional rigurosa, con consecuencias tanto para las personas dependientes como para quienes las atienden.